Archivos de piedras preciosas

Piedras artísticas


Algunos pintores llegaron a utilizarlas como fondo sobre el que dibujar sus personajes.
Su fuerza provenía no tanto de los asombrosos parecidos que las piedras dibujaban como del origen que se les atribuía. Donde hoy vemos la mano del azar, los antiguos contemplaban las influencias de los planetas, que eran capaces de impresionar en el mundo mineral imágenes con las que tenían afinidad. En el siglo XVII, el jesuita Athanasius Kircher recogió ejemplos en su Mundus Subterraneus.
Como ocurre con todas las joyas, siempre hay alguna historia terrible ligada a ellas. Las localizaciones de paesine fueron tradicionalmente guardadas en secreto. Una muestra de ello es la historia de Rossino, el hijo de un artesano que sabía dónde se encontraba un yacimiento especialmente bueno. Cada día el niño salía en bicicleta, y volvía con uno o dos ejemplares. Un día no retornó, y apareció muerto junto a la bolsa donde llevaba sus hallazgos. Como aún cuentan en Florencia: “la bella paesina fue su Calvario”.
Hoy ya no seducen a príncipes: con ellas se suelen hacer ceniceros y estilográficas.

Etiquetas: ,

La historia de las piedras


A primera vista parece un paisaje de las llanuras norteamericanas, o tal vez de la zona más árida de la meseta castellana. ¿O las masas rocosas son edificios? Lo que tomamos por montañas podrían ser construcciones ciclópeas de una época arcaica: contemplándolas con atención se distinguen los pináculos mordidos por la erosión, las mesetas pétreas que legiones de esclavos apilaron hilera tras hilera. Y sin embargo, nadie pintó estas imágenes; ningún artista las concibió…

Hace 50 millones de años, en el tiempo que hoy conocemos como Eoceno, las rocas calcáreas más superficiales de la actual Toscana se vieron sometidas a la lenta infiltración de las aguas. Los flujos las impregnaron con soluciones de óxido de hierro y manganeso que, al evaporarse, dejaban huellas minerales rojizas o verdosas. El nombre más usual del resultado es pietra paesina (en plural, pietre paesine), es decir, “piedra de paisaje“. También se la llama a veces “piedra florentina”, por la ciudad de donde provienen más a menudo. Aunque príncipes y poderosos la coleccionaron en siglos pasados, hoy prácticamente ha quedado olvidada. Con una excepción: en el número 28 de la Rué Jacob de París, Claude Boullé mantiene desde hace años una pequeña galería dedicada a estas joyas.
No todos los mármoles, por supuesto, albergan imágenes, y de ser así las velan cuidadosamente: es necesario partir lapiedra en láminas y pulirla luego, para que el contenido aflore en todo su esplendor. Boullé acude con frecuencia a las canteras para seleccionar las mejores candidatas. Pero no sólo hay piedras italianas: mármoles españoles, como los de Macael, a veces también ofrecen sorpresas.
Parece que el aprecio por estas rarezas se originó en la antigua China, de donde pasó a Japón. En la actualidad persisten allí dos modalidades artísticas: en el suiseki se seleccionan rocas de formas evocadoras o caprichosas, que luego son exhibidas en una peana; mientras que en el bisela se cortan y se pulen para mostrar sus dibujos internos: ¡exactamente igual que laspaesinel
En Occidente penetraron durante el Renacimiento. Los lapidarios (que dibujaban utilizando un mosaico de piedras, de la misma manera que otros creaban con taraceados de madera) encontraron muy útiles las paesine para fingir figuras de montañas o paisajes. Sus obras sedujeron por igual a los Medici y a Luis II de Baviera, el rey caprichoso.

Etiquetas: ,

Piedras preciosas


Parecen pintadas por la mano humana, pero son simples caprichos de la química. Las piedras paesine (en italiano, “paisajes “), han cautivado a nobles y artistas desde hace siglos.

Etiquetas: ,