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Haciendo amigos en borneo malasia
HACIENDO AMIGOS
Salgo a dar una vuelta por la aldea. Me -esulta difícil entablar conversación, Dorque aquí nadie habla inglés. Todos me observan, y los niños me persiguen, me piden fotos y más fotos: la diversión consiste en verlas al instante, una anciana me mira con cara hosca. Las mujeres más viejas parecen ser las más reacias a las visitas. En una especie de callejón, un joven le corta el pelo a otro. De pronto, un hombre balbucea en inglés e intenta hablarme; Argentina, porque de allí son Messi y Maradona. Nos retratamos juntos y felices y quedamos en vernos a la noche, durante el agasajo que están preparando. Los Iban fueron guerreros muy temidos. Para certificar la victoria en alguna batalla, debían volver con las cabezas de sus adversarios. Cuando de una cuestión territorial se trataba, el cráneo enemigo probaba que aquel territorio ya no le pertenecía. Al trofeo de guerra se le sacaba la piel, se ahumaba, y luego se colgaba en la puerta del hogar o en un cuarto donde se realizaban los rituales. Los tatuajes están relacionados con esa tradición guerrera. Los diseños representan animales e indican un rango; el dragón se corresponde con la más alta jerarquía. También quedaban grabadas en la piel las experiencias que recogían los jóvenes en sus viajes iníciáticos. Por la noche, Jampang, el jefe de la aldea, se presenta y ofrece tuak, un vino de arroz hecho en casa. Hace más de dos años que ningún extranjero los visita. La noche avanza entre sorbos de tuak, danzas y cuentos milenarios. La diversión nocturna no se extiende demasiado: por la mañana, los espera el trabajo duro en los campos de arroz, caucho y pimienta. Al otro lado del pasillo, un grupo de jóvenes pasa el tiempo con un juego de mesa casero. Hay billetes en juego y un par de celulares en el piso. Respiro aliviado, el tiempo de los cazadores de cabezas ha quedado atrás.
