Archivos de estilo mudéjar

La estética mudéjar


Los procesos de conquista, unidos al estatuto mudejar, permitieron la ocupación de ciudades islámicas de proporciones y calidad constructiva muy superiores a las limitadas villas del norte peninsular. Además, los cristianos arabizados aseguraron de forma ininterrumpida el funcionamiento de estas poblaciones (aunque estuvieran recluidos en las morerías).
Esta evolución urbana se inscribe dentro de la óptica comprensiva que denominamos mudejar: sólo así se explica el sincretismo de funcionamientos y habitabilidad que no responde en exclusiva a los parámetros de una ciudad cristiana y que, por supuesto, se aleja de las normas de convivencia islámica. Son lugares donde las arquitecturas románica o gótica eran formas exóticas, aunque el hecho de que estas hayan perdurado más sobre el caserío histórico impidan comprender correctamente la trama urbana hoy en día.
Por lo demás, la división por barrios diferencia a las distintas etnias y culturas que allí confluyen y prestan su individualidad a las mismas. No nos encontramos sólo con morerías o juderías: también los grupos cristianos se diferencian atendiendo a su origen -por ejemplo, los francos llegados con la reconquista del norte de los Pirineos-; a sus agrupaciones profesionales -gremios de artesanos-; o a su ritual religioso. En este sentido, los mozárabes obligaron a dividir la ciudad de Toledo en parroquias de rito romano -instituido por la influencia cluniacense- y de rito propiamente hispano o mozarabías. El modo autóctono se mantuvo hasta que el cardenal Cisneros unificó la Iglesia española a finales del siglo XV aunque él mismo construyó la capilla de la catedral de Toledo donde sigue celebrándose a diario este curioso ritual medieval.
En cuanto a las edificaciones de estas nuevas ciudades, abundan sobre todo las iglesias. Se trata de proyectos realizados con cierta rapidez para atender a la población cristiana, aunque posteriormente fueran enriquecidas o transformadas. Era fundamental contar con la mano de obra cualificada de cada zona geográfica, lo que posibilitó el desarrollo de la arquitectura mudejar frente a otras propuestas estéticas medievales -románicas o góticas-, elaboradas exclusivamente por profesionales procedentes de otras
partes de Europa y que necesitaban tiempo para formar equipos de trabajadores expertos. De ahí que sólo catedrales y edificios concretos renunciaran a la estética mudéjar.

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Estilo mudéjar


Por otro lado, el reino nazarí de Granada fue una referencia constante en los flujos culturales, intensificados más o menos según los contactos políticos y amistosos que sostenían ciertos monarcas. El caso de Pedro I y las semejanzas de su palacio sevillano con el de los Leones, en la Alhambra, de Mohamed V nos sirve como ejemplo de tal intercomunicación. Cuando, en 1492, la conquista de Granada puso fin a la presencia de estados islámicos en la Península, el arte de síntesis llamado mudejar era ya un vocabulario común, al margen del origen étnico, religioso o territorial.
Pero retrocedamos otra vez en el tiempo. En 1212, la batalla de las Navas de Tolosa supuso el fin del dominio al-mohade -que, con sus peculiares conceptos religiosos, dificultó la convivencia y alentó las tensiones migratorias ya comentadas- y la conquista escalonada del valle del Guadalquivir: Córdoba(1236), Sevilla (1248) y Algeciras (1344), completando el espacio andaluz medieval cristiano. A la vez, en la zona oriental se definía el reino nazarí de Granada, integrado en la monarquía castellana a fines del siglo XV
Los avatares históricos de la Reconquista marcan cuatro centros artísticos mudejares: las tierras del valle del Duero, la ciudad de Toledo, el Reino de Aragón y la Andalucía del Guadalquivir y el Reino de Granada. Cada uno tenía sus características, aunque con elementos y formas de expresión artística comunes: la estructuración de las ciudades, la utilización de ciertos materiales y técnicas precisas y la definición de espacios arquitectónicos.

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