Archivos de dinamarca copenhague

Como es la vida en copenague


En 2008, Copenhague fue elegida como la mejor ciudad del mundo para vivir. Por su cualidad friendly, el culto a la bicicleta, su belleza urbana, los muchos espacios verdes y la felicidad de sus habitantes.

Etiquetas: ,

Viajar a dinamarca


Con el calor, el sentido de la vida se apodera de los espacios al aire libre en los países nórdicos. El largo sueño invernal se desintegra, devorado por la fuerza de los días que se van llenando de luz, hasta alcanzar su máxima expresión durante el solsticio de verano. E igual que en las eras lejanas de las grandes migraciones, hordas de seres rubios y rosados bajan hasta las costas danesas en busca de la redención solar. Dinamarca es a Escandinavia lo que Uruguay a esta parte de América del Sur. Y aunque Argentina no sea Suecia ni Brasil Noruega, valga la analogía para entender que aquel es el país más relajado de todos sus vecinos, el escenario donde más a gusto se sienten los nórdicos de arriba. El frío cede, y los suecos llegan desde Malmó con el principal objetivo de hartarse bebiendo durante el fin de semana a precios más razonables que en su país, donde los impuestos pesan demasiado sobre el alcohol. Llegan, toman hasta caerse y se vuelven a casa (o los devuelven) hechos un estropicio, pero contentos como chicos por la trasgresión cumplida. No hay mercados de productos frescos en Copenhague, así que hay que esperar al verano para beneficiarse de la aparición circunstancial de un puesto de fruta en la plaza Nytorv (por ejemplo), con pelones y otras delicias provenientes de las lejanas huertas del Mediterráneo, o uno de garrapiñadas de almendras (las verdaderas, únicas e insustituibles) a pasos de la Citadel (fortaleza de la zona portuaria). La energía, renacida, impregna el aire como el zumbido de un enjambre de abejas. Cualquier retazo verde da para un picnic al solcito; una muchedumbre silenciosa hace cola todas las horas de cada jornada estival para pagar su derecho de ingreso al Tivoli, uno de los parques de diversiones más antiguos que existe (éste es de 1830), donde además se celebran encuentros musicales multitudinarios; los bares y restaurantes de Nyhavn desbordan de turistas, y las embarcaciones que recorren la red de canales jamás salen con un asiento vacío, jamás. Hay en los días de agosto, benditos de tanta luminosidad, una insistencia de recién casados celebrando con sus invitados a cielo abierto, chinchín en copas flauta y la abundancia apilada sobre el mantel blanco en parvas de bocados suficientes para saciar diez bodas juntas. El verano danés resplandece desde las cinco de la mañana hasta las diez de la noche, y las calles de Copenhague son un fluir de centenares de bicicletas. La riish hour casi no registra ruido de motores ni bocinazos. mientras el paisaje urbano se transforma en un aleteo masivo de faldas y vestidos amplios, de sacos y botamangas flameantes; se ven muchas señoras de tailleur, tacos altos y maletín en banderola, pedaleando sin titubeos; madres con niños que los transportan en unos cajones profundos, acoplados a la bici; si hasta hay servicio de bici-taxi para borrachos… Todos sacan provecho del medio de transporte más ecológico que existe. Y donde las ruedas ya no pueden avanzar, allí se las deja para recuperarlas en el camino de regreso. O no, a juzgar por el número apabullante de velocípedos amontonados en los estacionamientos de las estaciones, con sus encajes de telarañas lacias. Será que el verano los cría, y luego el invierno los amontona… Quién sabe.

Etiquetas: ,