Viajes a australia Archive

Gastronomia de australia


ES POR EL CONSEJO de mi amiga Heather que me encuentro en un trecho curvo de pavimento frente al agua, afuera de un establecimiento llamado Harry’s Café de Wheels, cuyo anuncio de neón proclama que fue fundado en 1945. Harry’s es una institución en Sidney: es uno de esos camiones de servicio de comida y bebida, a la orilla de la carretera, decorado por murales pintados a mano y fotos enmarcadas de Pamela Anderson, Elton John, Rolf Harris y otros clientes reconocidos. Mientras hago la fila con hombres de negocios de traje y corbatas, y un par de turistas ingleses con la piel enrojecida por el sol, pido la orden y la joven japonesa del mostrador me da un “tiger pie”, relleno de carne, con puré de papas y chícharos encima, bañado con salsa, al que acompaño con una linda botella de una buena y helada cerveza de jengibre.
Me siento en un encorvado de concreto a varios metros de ahí. En primer plano hay destructores navales grises. En las alturas, la insignia australiana ondea en la brisa. Enfrente, una ensenada hace que se estiren los edificios del centro contra el horizonte, los cuales parecen dominados por la silueta del mirador de la Torre de Sidney. Una cacatúa de alta cresta se posa sobre un poste de luz arriba de mí. Bien, digo a mí mismo, utilizando un tenedor de plástico para abrirme camino entre la corteza del pay, esto es vida. Aquí estoy, comiendo un sabroso pay estilo británico que he condimentado con una salsa de chiles dulces indonesa, sentado en una bahía bautizada con el nombre aborigen de WooDoomooloo. El pay está gloriosamente salado, eminentemente grueso y relleno, y perfectamente complementado con el ligero picor de la cerveza de jengibre. Añado a Harry’s a mi creciente lista de experiencias que se viven sólo en Sidney. Puede que no sea el sabor que define a la ciudad, pero no hay duda en que algo más local que un pay tiger del Café de Wheels no será fácil de encontrar.

Etiquetas: ,

Comida de australia


“¿BUSH TUCKER?”, se escandaliza Barry McDonald, sus ojos azules enormes se abren mientras se detiene junto a una pila de tomates importados de San Marino, en los pasillos de Fratelli Fresh. “Nooo. Los verdaderos sidneysiders no comen eso”. El cocodrilo es para los turistas. Por el contrario, los oriundos de Sidney y sus residentes (cuatro millones de personas), son famosos por comer la comida más innovadora del mundo. Desde mediados de los años ochenta, cuando el movimiento “Mod Oz” (ozzie/ australiano moderno) cambió los ingredientes simples y frescos por especies asiáticas y el know-how europeo, los sidneysiders se han acostumbrado a la cocina de chefs estrella como Neil Perry, Donna Hay, Tony Bilson y Kylie Kwong. La gente discute sobre la clasificación de los chefs que aparece en la guía de Buena Comida del diario Sydney Morning Herald, con la misma pasión que los parisinos debaten sobre la selección de la Guía Michelin Roja de los mejores bistrós. Y, además, se las ingenian para entrar a Tetsuya’s, un templo de fusión dirigido por un chef de origen japonés que siempre termina en las listas de los 10 mejores restaurantes del mundo. (Semanas antes de irme envié por fax una solicitud de reservación; me respondieron que estaban llenos los próximos seis meses, pero que verían qué podían hacer por mí). Una importante minoría de sidneysiders compra en lugares como Fratelli Fresh, enorme bodega de alimentos, manejada por los hermanos Barry y Jamie. Los pasillos están llenos de cosas de todos lados: harina de avellana de la Toscana, diminutas alcaparras saladas de Sicilia, pinas de Queensland y los tomates cherry cosechados aquí a partir de semillas importadas de Sicilia.
Como proveedor de 149 restaurantes de la ciudad, Barry parece conocer a la crema y nata de cocina en Sídney Si estás buscando el verdadero sabor de la ciudad, tienes que conocer al chef Neil Perry, me asegura. Luego de una llamada por el celular y un rápido recorrido en taxi hacia el Muelle Circular, estoy sentado junto a la ventana en Rockpool, con uno de los mejores chefs de la ciudad presentándome un almuerzo de varios tiempos a base de mariscos.
El look juvenil del casi cincuentón Perry ayudó a lanzar la cocina “Mod Oz” en Bon-di, una parilla en la playa, a mediados de la década de los ochenta. Perry sirve pescado de nombres totalmente desconocidos para mí: sushi de agua dulce, seguido de un omelet relleno de frijoles de soya y cangrejo de tierra (enormes crustáceos que habitan en los manglares de Queensland) y, finalmente, un filete de rufo antartico (un pescado de aguas profundas) en un curry verde tailandés sazonado a la perfección.
Perry está plenamente consciente de la so-brepesca y, como muchos restauranteros de Sídney, se niega a servir pescado emperador, atún aleta azul y otras especies en peligro. Cada vez más está llenando su menú con especies de pesca sustentable o de granja. “Mucho del pescado de Australia se pesca en botes pequeños, no en buques pesqueros”, comenta, “lo que significa que las especies en peligro de extinción en otros países, se encuentran en buena forma aqu픑.
Los mejores chefs de Sídney son pioneros en la comida étnica, lo que puede traducirse en el legado culinario perdurable más importante de esta década. Los menúes en los mejores restaurantes de mariscos, entre ellos el extraordinario Pier de Greg Doyle, que sobresale en la Bahía Rose, incluyen una lista de las bahías y los puertos donde se hizo la pesca, lo que ayuda a los consumidores informados a elegir su pescado. Y la carismática Kylie Kwong puede servirte la única comida casera sustentable china. El menú en su restaurante en Surry Hills que siempre está lleno, Billy Kwong, incluye fideos Hokkien orgánicos, un impresionante pollo de libre pastura con la piel crujiente y una selección de vinos biodinámicos.
Oír nuestros instintos es una manera de explorar Sídney. Pero también puede hacer que te pierdas. En la bulliciosa Cbinatown, en el Kings Cross de mala pinta y en el Newtown de moda, me doy un banquete de momos nepalíes, pakoras hindúes, pho vietnamita, rojak y kopi ais malayos (dumplings, frituras, sopa, ensalada y café helado). Me paso el día impulsado por un espresso, vagando por Surry Hills y por Paddington, donde los vecindarios son tranquilos y además están ataviados de color escarlata y violeta por los limpiatubos llorones y las Jacarandas. Sus casas con terrazas victorianas y balcones de herrería me recuerdan al hemisferio sureste de un barrio francés. Es en los Jardines Botánicos Reales (Royal Botanic Gardens) en The Domain, una franja de verde en el centro de la ciudad, donde un anuncio que dice: “por favor camine sobre el pasto”, provoca que mis instintos hagan que me pierda por completo.

Etiquetas: ,

Australia sydney de turismo


SYDNEY – AUSTRALIA.
Durante ocho años, fue votada la mejor ciudad del mundo por los lectores de la revista especializada Travel + Leisure, y si bien hace dos años que dejó el primer puesto, se resiste a abandonar el top 5, mientras este año está a la cabeza de la lista de otra prestigiosa publicación, Conde Nast Traveller. Es que Sydney, la ciudad más grande y antigua de Australia, está a la altura de cualquier gran capital mundial, pero con una característica que la hace única: sus maravillosas playas. Sí, además de tener una interesante oferta cultural y una bulliciosa vida nocturna, Sydney tiene unas 50 playas de arenas blancas, a orillas de un mar azul, que nada tienen que envidiarle a las costas más paradisíacas del planeta. Lo más interesante es que se extienden hacia el interior de la ciudad, en la medida en que impactan notablemente en su modo de vida: Sydney, que es el centro financiero y corporativo de Australia, tiene la peculiaridad de ser una gran urbe de espíritu playero, donde el saco se combina con las hojotas para sorpresa de nadie.
Pero no sólo de relax al sol se trata. Además de la emblemática y famosísima Ópera de Sydney, diseñada por Jorn Utzon en 1957, que recién se terminó e inauguró en 1973, la ciudad tiene unos cuantos hitos más: desde el Harbour Bridge, uno de los puentes de arco más largos del mundo, hasta el Parque Olímpico que se construyó para los juegos de 2000, pasando por uno de los pocos lugares del mundo donde se puede descubrir y conocer la historia del arte plástico de Oceanía, la Galería de Arte de Nueva Gales del Sur, y los Jardines Botánicos Reales que albergan la inusual y exótica flora australiana. Pero hay un dato que define más que ningún otro la esencia de Sydney: es “el” lugar para romper las reglas en el imaginario australiano, razón por la que muchos la identifican como una ciudad de “excesos”. Y si bien esta imagen cambió desde que se transformó en sede olímpica, lo que coincidió con un renovado impulso en la entonces alicaída propuesta cultural de la ciudad, lo cierto es que continúa siendo una ciudad en la que, como dice el dicho popular, “el que busca encuentra”. Será por eso que desde hace más de diez años está entre las favoritas.

Etiquetas: ,