Turismo en Venezuela Archive

El Auyán Tepuy en Venezuela


Las nubes conforman un decorado permanente en el Auyán Tepuy, meseta de arenisca de 2.450 metros de altiitud. Según los científicos, este y otros tepuyes serían los vestigios de un antiguo continente que han resistido a la erosión.

Etiquetas:

Los colores de Venezuela


Contrastes cromáticos en el estado de Bolívar: arenas blanquísimas flanquean el curso del río Caroní, el afluente más importante del Orinoco. Una corriente ferruginosa se abre paso en la cumbre del Auyán Tepuy.

Etiquetas:

La isla Gran Roque y sus arrecifes


La isla Gran Roque es el centro humano y turístico del archipielago Los Roques, declarado Parque Nacional en 1972. De sus más de 300 islotes y arrecifes de coral, sólo 40 poseen entidad suficiente como para merecer un nombre.

Etiquetas:

La península de Araya en Venezuela


Las colinas de la península de Araya sólo han atraído colonizadores españoles después de que un huracán dañara las explotaciones. Pese a sus playas definas arenas, el turismo aun es testimonial en esta olvidada región del estado de Sucre.

Etiquetas:

Descubriendo Venezuela


Desde que Colón arribara por primera vez a sus costas hace 500 años; la geografía venezolana ha sido emblema y resumen de un continente desmesurado. Hoy, sus diversos parajes naturales siguen poniendo a prueba la capacidad de asombro del hombre.

En 1498, durante su tercer viaje, Colón se adentró por la boca norte del golfo de Paria, intuyendo que allí se hallaba la “Tierra Infinita”, el continente tan afanosamente buscado. El almirante anotó en su diario: “. Grandes indicios son éstos del Paraíso Terrenal”. 500 años después, los paisajes venezolanos aparecen despojados de su prístina aureola de quimera, pero aún podemos identificar dos elementos que vinculan su pasado y su presente: la originalidad y el misterio. Al menos, si nos referimos a la mitad del país situada al sur del Orinoco, donde aún existen regiones impenetradas.
En efecto, aquí la singularidad tiene nombre propio: la Gran Sabana, área fronteriza con Guyana y Brasil donde se alzan los tepuyes, término usado por los indios pemón para denominar a los cerros, a las montañas. Durante millones de años, el agua y las lluvias han ido esculpiendo estas extrañas mesetas que surgen de la selva con súbitas verticalidades y perfiles casi geométricos, como castillos encantados flotando sobre colchones de nubes en incesante formación. Sus cimas acogen un complejo sistema de cañones, bosques, planicies, riscos y laberintos de piedra. Es el cofre de un tesoro biológico: los “fósiles vivientes”, animales y plantas desarrollados desde el comienzo de la vida pluricelular en completo aislamiento. En sus entrañas, el turista o curioso puede contemplar aqui la catarata más alta del mundo: el Salto del Ángel, que salva 979 metros en caída libre.

A la atmósfera antediluviana e inquietante de la Gran Sabana, el archipiélago de Los Roques opone su naturaleza luminosa y risueña. Se trata de un conjunto de islas someras, cayos arenosos, arrecifes y lagunas coralinas que conforman una especie de atolón elipsoidal. El coral pulverizado da lugar a extensas barras arenosas que, en algunos casos, todavía siguen vírgenes de presencia humana. La escasez de sombra, unida a cierta aridez y a la falta de infraestructuras, disuade de momento al turismo. No así a las aves: pelícanos, gaviotas, garzas o pájaros fragata (en total, viven aquí hasta 45 variedades) hacen del cayo Selenqui, al suroeste, un paraíso hecho de luz, silencios y transparencias azules.

Los paisajes fluviales, en clara mayoría, son obra de un solo río: el Orinoco, tercero de los cursos de agua sudamericanos, que fluye enteramente por tierras venezolanas. Su delta tiene 70 bocas principales y forma una red de manglares, selvas y caños entrecruzados, que varían de caudal y dirección al ritmo de las crecidas; la isla que ayer exhibía sus flancos arenosos en mitad de la corriente, hoy ha desaparecido, y mañana emergerá en cualquier parte.
En Venezuela, los Andes juegan un papel escaso y circunstancial. No así Los Llanos: sus 300.000 kilómetros cuadrados representan el treinta por ciento del territorio nacional. “Una tierra abierta y tendida -nos cuenta Rómulo Gallegos-, buena para el esfuerzo y la hazaña, toda horizontes, como la esperanza; toda caminos, como la voluntad”. Durante seis meses, la sequía descubre un territorio duro, carente de pulso vital. Pero a lo largo del medio año restante, las lluvias forman un estuario interior homogéneo, un todo acuático apto para albergar la tercera parte de las aves existentes en Venezuela, medio centenar de mamíferos -entre ellos, el simpático chigüire o capibara-, anacondas, babas (caimanes) y multitud de peces.

Etiquetas:

Los habitantes de Venezuela


El caraqueño se caracteriza por su sana desvergüenza.
Y, para concluir, no podía faltar el paisaje urbano, del que Caracas no representa el arquetipo, sino la vanguardia. “Vivo en una ciudad imposible, lo cual me ha enseñado, entre tantas maravillas, que cualquier intento de descubrir sus espacios es un fracaso”. Si, de acuerdo con José Ignacio Cabrujas -caraqueño ilustre, recientemente fallecido-, renunciamos a explorar la intimidad laberíntica de la capital, podemos optar por abarcar su globalidad. Y, para ello, nada mejor que recorrer la autopista Francisco Fajardo, arteria que se desliza de este a oeste, acompañando el curso del río Guaire. De noche, rascacielos y luminarias hacen ostentación de cosmopolitismo; a derecha e izquierda, enormes carteles publicitarios quiebran la rutina, reivindicando con sus guiños fluorescentes el “espíritu de rochela”, esa alegría indeleblemente unida al modo de ser caraqueño, siempre propenso a la sana desvergüenza.

Etiquetas: