Turismo en españa Archive

Bilbao españa


Es casi un tópico de la sociología aplicada decir que la ría ha constituido durante muchos años un foso que separaba dos clases. La margen izquierda fue el lugar donde se levantaron las fábricas y donde fue a vivir buena parte de la mano de obra inmigrante que trabajaba en ellas. Los propietarios, en cambio, se inclinaban por instalar sus domicilios en la derecha. La afición a residir junto a las fábricas, en no pocas ocasiones contaminantes, revela que los trabajadores nunca han tenido la misma sensibilidad que sus patronos ante las agresiones medioambientales. Los propietarios de las industrias preferían vivir lejos; lo cual, bien mirado, es una señal inequívoca de su talante ecologista: si hay que sacrificar el medio ambiente en aras del progreso, hágase, pero lejos de mi casa. No deja de resultar curioso que el aislamiento comience a romperse definitivamente con el declive de la industria vasca, aunque sólo en apariencia. En cuanto tocó fondo la crisis, Bilbao enterró su pasado industrial, cambió de vocación como quien cambia de camisa y se entregó a la tarea de tender puentes y más puentes para acercar las dos orillas.  Allá en 1993 se falló un concurso de proyectos para regenerar nuestro más notable frente de agua, según se dice en el argot del urbanismo nuevo. Los responsables institucionales lo explican con expresiones envueltas en el tópico, como “Bilbao estaba viviendo de espaldas a la ría y gracias a este proyecto volverá a mirarse en ella, porque la ría es la espina dorsalOcurre en todas las ciudades que experimentan una transformación de alguna enjundia. Sevilla, antes de los fastos del 92, vivía de espaldas al Guadalquivir; Barcelona ignoraba el Mediterráneo hasta los Juegos Olímpicos, y así sucesivamente.
Hoy son trece los puentes que comunican las dos márgenes. Los tiempos más modernos empezaron, hace 30 años, con la inauguración del de La Salve, en el último recodo de la ría que permitía avistar la basílica de Begoña, momento que aprovechaban los marineros para rezarle una salve a la Amatxu antes de hacerse a la mar. Después llegó el de Rontegi, y más recientemente, cuando Bilbao ha empezado a renacer de sus cenizas industriales y mercantiles para soñarun futuro posible como capital cultural y de servicios junto al Museo Guggenheim, los de Miraflores, Euskalduna, el Zubi Zuri y la pasarela, aún en construcción, del Padre Arrupe.
Los puentes de Bilbao constituyen hoy un manifiesto posmoderno, pero no todo son luces. Apenas un año después de de su inauguración, vimos grietas en el Zubi Zuri y la deformación de dos vigas de hierro en el de Euskalduna, que registraba un hundimiento de doce centímetros en un tramo de nueve metros de largo. Según explican los técnicos, fue consecuencia de haberse asentado más de lo previsto sobre unos terrenos de relleno.

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Bilbao y su turismo


Bilbao es una ciudad a la que dio sentido la ría. Ella y el puerto han sido su alma mater, su cuna, su escuela, una vía privilegiada para su comercio y el lugar insustituible para el nacimiento de la industria. A sus márgenes creció Bilbao y se hizo adulto por la senda que marcaba la Revolución Industrial. Allí se dieron cita comerciantes, armadores y marinos; allí tuvo su astillero el padre de Sabino Arana y Goiri, fundador del nacionalismo vasco; allí se manifestaba el espíritu emprendedor y aventurero que ha caracterizado históricamente a los vizcaínos. Contaba el memorialista José Orueta el caso de Jado, bilbaíno de pro que dio su nombre a una plaza del Ensanche. En la curva que hace la ría en el Arenal se encontró con un amigo avituallando su barco. “¿Adonde vas?”, preguntó Jado. “A Chile, ¿quieres venir?”. “Es que no he dicho nada en casa.” A lo que respondió el capitán: “Pues manda recado con uno de aquí”. Y el tal Jado, sin pensarlo dos veces, le dijo al recadista: “Vete a mi casa y diles que no me esperen a comer”.
Enlace mercantil con Flandes, Inglaterra, Francia y las Indias, la desembocadura del Nervión ha ejercido siempre un gran poder de sugestión. Escribió Pío Baroja: “Yo no creo que haya en la Península nada que dé una impresión de fuerza, de trabajo y de energía como esos catorce o quince kilómetros de vía fluvial”.
Nikita Jruschev, aquel señor tan campechano que aplaudía con el zapato en su pupitre de la ONU, dijo en aquella histórica ocasión: “los políticos son siempre lo mismo. Prometen construir un puente aunque no haya río”. En Bilbao sobraba ría y faltaban puentes: entre la ciudad y el mar no hubo hasta el siglo XIX otro paso que el de San Antón. El único merecedor del calificativo “emblemático” -ya que su imagen forma parte, junto a la iglesia que le da nombre, del escudo de la villa- existió antes que la ciudad misma, aunque ha sido destruido y reconstruido en cinco ocasiones.
Durante centurias, ambas riberas carecieron, pues, de contacto. Esta ausencia podría considerarse una certera metáfora sobre la falta de comunicación y de articulación interna que en no pocas ocasiones demuestra la sociedad vasca. Todo cambia en la segunda mitad del XIX, cuando a Bilbao se le queda definitivamente pequeño su emplazamiento del Casco Viejo. El salto hacia Abando obliga a construir cuatro pasos nuevos: el puente levadizo del Arenal, hecho a imagen y semejanza del de las Artes de París, con cuatro templetes; el de La Ribera; el de La Merced; y el desaparecido Giratorio o del Perro Chico, así llamado porque el peaje costaba cinco céntimos.

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Bilbao y su turismo


Construido en 1878 por Adolfo Ibarreta, simboliza la expansión de Bilbao hacia el primer Ensanche del siglo XX. En la nueva zona urbana se establecieron las instituciones financieras, la Bolsa y las sedes de compañías navieras, mercantiles e industriales. Fue reedificado tras su destrucción en 1937.

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Aljarafe sevillano


Por el Aljarafe sevillano abundan los templos cuyas techumbres responden a estos mismos principios estéticos. Un itinerario rápido nos lleva hasta Sanlúcar la Mayor, donde las iglesias de Santa María, San Eustaquio y San Pedro conservan elementos de tradición almohade; Aznalcóllar, con la Capilla del Cementerio como ejemplo de la mezcla de estilos; Aznalcázar, cuya iglesia de San Pablo es considerada una de las obras maestras del mudejar sevillano; y Gerena o Benacazón, con sendos templos que mantienen arquerías y portadas de tradición mudejar. Por aquí, los mismos topónimos delatan los orígenes árabes, raíces bien perceptibles en el templo de la Oliva (Lebrlja), entre las aguas de la ría del Guadalquivir.

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Algo de historia de Andalucia


Andalucía.
El año 1212 constituye el principio del fln de la hegemonía árabe en la Península. Alfonso VIII murió dos años después de haber vencido en la batalla de Las Navas de Tolosa, y su hijo Fernando III el Santo continuó la labor conquistadora frente a las debilitadas legiones almohades: Córdoba cayó en 1236, y Sevilla, en 1248. Mientras el oriente andalusí definía las fronteras del incipiente Reino de Granada, la Andalucía reconquistada repobló sus ciudades con cristianos viejos y mudejares. Toda Andalucía, en mayor o menor medida, es heredera del arte de los últimos. Sus patrocinadores, creadores y beneficiarios se sucedieron desde principios del siglo XIII hasta mediados del XVI, cuando la expulsión de los últimos moriscos puso punto y final a la presencia musulmana en la Península. Así, los trabajos mudejares llegaron no sólo a los edificios de las grandes ciudades, sino también a todos los rincones de la Málaga penibética, la Almería alpujarreña o la Huelva minera. Las tributaciones de los musulmanes que se quedaron en las tierras reconquistadas del sur pagaron con creces su obediencia a la Corona cristiana. Años antes de acabarse el siglo XIII, queda fijada una sólida diócesis en Córdoba, fruto de la creación de hasta catorce parroquias que ocuparon los solares de viejas mezquitas. Muchas de estas iglesias han sufrido remodelaciones que, de algún modo, falsean sus orígenes mudejares. No obstante, numerosos elementos arquitectónicos que definieron aquel gran estilo siguen presentes en templos de tanto abolengo como San Pedro, San Andrés o la iglesia de San Lorenzo. La soberbia techumbre de San Pablo, de par y nudillo, descansa sobre los muros colosales del templo; su cascarón está finamente labrado, con ornamentos que evocan la geometría y los jeroglíficos cúbicos y trianguiares. Más adelante, en el siglo XIV, nuevas obras mudejares -el Patio Morisco y los baños- serán añadidas a los Alcázares de los Reyes Cristianos. Ya en el XV, la propia catedral recibirá algunos elementos de este estilo híbrido. Tras la conquista de Sevilla, muchas de sus mezquitas fueron reconvertidas en iglesias, mientras que otras se edificaron de nueva planta. En ambos casos, las técnicas constructivas y esquemas decorativos de origen islámico almohade se mezclaron con los nuevos postulados góticos, creando un estilo genuinamente sevillano. A él se adscriben iglesias como la de Santa María, Omnium Sanctorum, San Marcos y Santa Catalina, o las muestras civiles de la Casa de Pilatos y el palacio de los Condes de Altamira.

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Templos del arte mudéjar


El carácter impuro del mudejar, su porosidad, le hizo convivir con estilos tan aparentemente antagónicos como el gótico. Entre ambos no hubo discusiones: llegaron a crear un duradero matrimonio en iglesias como Santa Catalina de Alia (Cáceres), donde se incorporan arcos apuntados y bóvedas de crucería. Un templo representa como ningún otro el difícil tránsito entre los siglos XIV y XV: Nuestra Señora de Fini-bus Terrae, en Almendral (Badajoz), iglesia del desaparecido convento de las Agustinas. Su ábside exhibe dos bandas de ladrillo en forma de dientes de sierra.

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Turismo en extremadura


Extremadura.
Segunda mitad del siglo XII: Coria es conquistada por el rey castellano Alfonso VII; la región claudica ante el empuje de los cristianos. Las crónicas nos cuentan que, en esos tiempos, la Alta Extremadura estaba despoblada, de modo que los reyes la encomiendan a las órdenes militares. Cáceres es tomada en 1229, y tres años después cae la estratégica Trujillo. Mediado el siglo XIII, Extremadura es cristiana, de modo que el grueso de la geografía mudejar prolife-ra por toda la mitad oriental, con Guadalupe como foco difusor. En el siglo XIV se empiezan a levantar iglesias que, por su original fisonomía, crean un estilo adoptado luego en el sur peninsular. Su esquema de tres naves, con una triple arcada sobre gruesos pilares, se repite en las iglesias del Espíritu Santo, en la ciudad de Cáceres, o de San Miguel Arcángel, en Valdecaballeros (Badajoz), así como en la ermita de  Nuestra Señora del Salor,
en la localidad cacereña de Torrequemada. La pacense Herrera del Duque y Ber-zocana, en Cáceres, presentan similares estructuras arquitectónicas, lo que refuerza la tesis sobre un sub-estilo regional. La iglesia del monasterio de Tentudía (Badajoz), vicaria de la orden de Santiago, también se distinguía por sus tres naves con cubiertas lignarias. Modificada en el XVI y XVII, sus tres pasillos interiores se redujeron a uno, conservando mucho de la fábrica mudejar. La arquitectura civil del siglo XIV dejaría en la recoleta villa cacereña de Abadía el bello palacio de los Duques de Alba. Lo más singular es todo lo que rodea su patio cuadrado y sus galerías sustentadas sobre pilares ochavados, con capiteles donde aparecen esculpidos animales mitológicos, rostros de hombres de la época y objetos vegetales de difícil comprensión.

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Turismo en sevilla


El mejor palacio para el mejor rey.

Cuando Alfonso X el Sabio entró en Sevilla, mandó reestructurar los suntuosos Alcázares legados por los vencidos: aquí arranca la cronología de uno de los edificios más fascinantes de la arquitectura andaluza. Fue el rey don Pedro quien, entre 1364 y 1366, ordenó la construcción de un palacio adosado al de su antepasado. Este será reformado siglos después por Isabel y Fernando y, luego, por los vastagos de la dinastía de los Austrias. El conjunto palatino de Pedro I, con la mejor fachada de todo el mudejar, fue organizado en torno a dos colosales patios: el de las Muñecas (de carácter privado) y el de las Doncellas (para fines protocolarios), con varias estancias a su alrededor. Ambos quedaron enmarcados entre un salón colosal, al que se dio el nombre de Embajadores. Los artistas que trabajaron allí fueron adoctrinados en una máxima: construir un palacio digno del mejor rey de la historia. En él se confunden estilos, cronologías y culturas: de pronto, al admirar sus juegos geométricos y naturalistas, uno cree pasear por los salones nazaries de la Alhambra.

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Sinagogas historicas en españa


Sinagogas a la manera islámica.

Dos de los monumentos mudejares más hermosos de Toledo fueron proyectados para la comunidad hebrea: las sinagogas del Tránsito y Santa María la Blanca. La primera fue mandada construir por Samuel Leví en 1357. Con la expulsión de los judíos, el templo fue confiado a la Orden de Alcántara, bajo la advocación de Nuestra Señora del Tránsito. Se trata de un edificio de una sola nave cubierta por un inenarrable alfarje. Los muros están aderezados con atauriques, donde se intercalan máximas talmúdicas y armas de Castilla. La parte alta fue recorrida por arquerías ciegas y balcones desde los que las mujeres asistían al culto. Santa María la Blanca fue financiada porYosef Ben Susán a finales del siglo XII y sacralizada por san Vicente Ferrer para el culto cristiano en 1411. El templo tiene planta de salón y cinco naves de alturas decrecientes, lo que le da una gran teatralidad, reforzada por arquerías de herradura sostenidas sobre pilares octogonales; las últimas restauraciones han dejado a la vista el ladrillo de los fustes. En los muros proliferan las albanegas, arquerías ciegas y atauriques de estilo andaluz.

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La ciudad de toledo


Ciudad de Toledo.
En la villa del Tajo, el cambio de gobiernos, símbolos y religiones no trajo consigo tragedias. Cuando, en 1085, el rey Alfonso VI entra por la puerta Vieja de Bisagra, encuentra una ciudad próspera, y pide que nada cambie. En ella establecerá la Corte e invitará a sus subditos a seguir con sus mismos menesteres y oficios. Los musulmanes serán los sometidos, pero a cambio de un tributo y obediencia conservarán el monopolio de la construcción y la artesanía. El arte hispanomusulmán prima por encima de cualquier otro en Toledo: es la gran meca mudejar. Algunos historiadores han hablado de un estilo típicamente toledano, heredero del sincretismo califal, al-mohade y nazarí. Desde el siglo XII hasta el XVI, ese arte se mezcló en un alarde de promiscuidad con los cristianos. Incluso los retoques que se Introdujeron en los viejos templos islámicos reflejaban ese corte único e intransferible que tanto han pontificado investigadores y críticos.
La mezquita del Cristo.
de la Luz es un buen ejemplo. Fechada en el mágico año de 999, recibió un ábside mudejar a mitad del XII que en absoluto rompió su unidad de conjunto. Con el paso de los años, los alarifes fueron demandados para levantar sinagogas, iglesias y palacios de la nobleza. En la iglesia de Santiago del Arrabal,
próxima a la puerta Nueva de Bisagra, se alza un campanario que parece un alminar, pero no lo es: los artistas proyectaron un templo de estructura gótica y cruz latina a la que adornaron con sus máximas estéticas. Los arcos de herradura prollfe-ran por sus tres ábsides, al igual que en los templos de San Bartolomé, San Vicente o el Cristo de la Vega. El convento de Santa Clara, remodelado a lo largo de los tiempos, guarda una joya de la arquitectura mudejar: el patio de los Naranjos, una evocación de las estancias privadas, silenciosas y áulicas del al-Andalus califal. Sus arcos de herradura cierran una amena galería, soleada y grácil, desde la que se accede a otras dependencias y salones.

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