Sitios para visitar en londres Archive

Kingham


CABALLOS, GITANOS Y ANTICUARIOS
A la mañana siguiente el clima ha cambiado. Toca ahora el turno a la lluvia y a un cielo cerrado. Stow-on-the-Wold no parece tan hospitalario como el pueblo vecino. La mayoría de las tiendas están cerradas y tras las ventanas de los hoteles no hay más que oscuridad. Un taxista de la zona, el señor Tony Knight, me explica rumbo a Kingham -una aldea situada a seis kilómetros de Stow, donde se encuentra mi hotel- que al día siguiente tendrá lugar como cada año “The Horse Fair”, una tradición gitana que encuentra sus orígenes en 1476 cuando Stow-on-the-Wold ya era el epicentro comercial de la región. Fue por lo mismo que en su día la autoridad eclesiástica de Evesham recibió una solicitud de los gitanos para que se les permitiera realizar dos ferias al año en esas tierras. El permiso fue concedido y desde entonces cada 12 de mayo y 24 de octubre tiene lugar esta feria que atrae a cientos de gitanos de toda Inglaterra para intercambiar caballos y saludar a viejos amigos.
Para el viajero suena como algo que valdría la pena presenciar, pero entonces, ¿dónde está la gente y por qué hay policías patrullando las calles y deteniendo a personas sospechosas? ¿Dónde están los demás?
“Hace todavía 15 o 20 años Stow recibía con gusto a la feria y sus gitanos, pero desde pocos años esto se ha convertido en un verdadero problema”, me dice Tony. “Los gitanos llenan las calles e irrumpen en los comercios, roban, asaltan y crean disturbios. La gente no sale de sus casas. Es por eso que los comercios cierran y los hoteles aprovechan esta semana para remozar sus instalaciones”.
Es una pena que todo esté tan muerto y que el único día que permaneceré ahí no pueda acercarme a la esencia del lugar, pienso para mis adentros. Mientras, Tony Knight cambia de tema: “Gloucestershire es el lugar donde toda la gente rica quiere tener su casas de campo. Tienen establos y gente a sus servicio, casas grandes, mansiones. Son tan ricos que no deben tener idea de lo que es la pobreza. Hasta el príncipe Carlos tiene aquí una residencia y a veces se le ve por ahí caminando, como si nada”. Me gusta que Tony sea tan amigable y que esto último no lo diga con resentimiento y que más bien lo comparta como un hecho o una referencia. Al llegar otra vez a Stow -ya de vuelta de dejar el equipaje en el hotel- noto que muchos locales sí están abiertos y que, aunque así no fuera, eso no debería importarle tanto a quien nunca antes ha estado ahí y todo debería resultarle más bien nuevo y digno de una mirada.
Casi a punto de detener el auto, Tony señala una vieja casa que dice The Royalist Hotel, considerado el Inn más viejo de toda Inglaterra, con partes del edificio que pertenecen al 947 d.C. Quizás sea este viejo vínculo con el tiempo lo que ha convertido al pueblo en un importante centro para el comercio de antigüedades. The Market Square o plaza central exhibe por lo menos dos o tres escaparates donde se apiñan muebles y cuadros que entonan bien con la atmósfera, aunque sin duda lo mejor de los anticuarios está en las callejuelas y sus vericuetos. Por suerte, a pesar de la lluvia y los gitanos encuentro una tienda de antigüedades que cuelga en su puerta un letrero de “Open”, y aunque el silencio y el olor a viejo que hay dentro de la estancia es abrumador, el dueño parece afable. Sus canas, su mirada y su vestimenta clásica encajan a la perfección con ese refinamiento que cabría esperar del verdadero anticuario. Desde luego los precios también encajan con esta idea; uno de los libreros que exhibe cuesta 25 mil libras, lo cual me recuerda que estoy en Inglaterra y salgo de la tienda.
Justo enfrente está The Borzoi Bookshop, una librería independiente que resguarda un verdadero festín para los amantes de los libros. Abundan los títulos relacionados con la vida del campo inglés y diversos tomos de Peter Rabbit. En especial, llama mi atención una colección de Penguin titulada English Journeys, compuesta de 12 libros escritos por autores clásicos que encierran reflexiones sobre las costumbres, la arquitectura y la gente del “Countryside”. En las calles somos ya pocas personas y el día empieza a declinar. Mi hotel en Kingham está a 10 minutos de distancia en tren, así que debo ir de nuevo a Moreton-in-Marsh para subirme al vagón y llegar sin tener que pagarle otra vez a los taxistas que ya han dejado de transitar. En el Tollgate Inn, la cena y dos vasos de Hook’s Norton, la cerveza local, ponen punto final a mi día justo antes de que la negrura de la noche envuelva los árboles que alcanzo a ver desde mi cama.

Etiquetas: ,

Bourton-on-the-water


Mi primera parada es Bourton-on-the-Water, probablemente -según dice una página de internet- la aldea más fotografiada de los Cotswolds. En realidad es difícil saber si esto es o no cierto, de cualquier modo averiguarlo sería irrelevante, aunque no me extrañaría que así fuera dado que le llaman la Venecia de los Cotswolds, debido a un pequeño canal de aguas cristalinas que recorre la aldea de punta a punta y que de vez en cuando surcan diminutos puentes que son la delicia del lugar. The Oíd Manse Hotel, al igual que el resto de los restaurantes y tiendas, mira hacia estas aguas con el afán de atraer a los turistas e incluso a los locales que viven ahí, tras esas casas de piedra que parecieran no haber sido nunca construidas para ser habitadas, sino más bien con el fin de decorar el paisaje. Pero un recorrido a pie por las calles y senderos más alejados del centro termina por convencerme de que en efecto hay ahí un vida que discurre con una calma que permanecerá por siempre ajena no sólo a quienes vivan en una ciudad, sino a todo aquel que simplemente no viva ahí.
Conforme el día avanza, las calles, los pubs, y otros lugares comunes se convierten en un crisol donde la curiosidad del viajero se funde con la inercia de la cotidianidad. Es entonces cuando, por fin, uno tiene la sospecha de estarse acercando a la verdadera vida del lugar. Esta impresión la complementan unos niños uniformados, que de la mano de sus maestros abandonan la escuela situada justo enfrente de la iglesia, un edificio cuya parte más antigua, ubicada al pie del altar, data de 1328. Cosa curiosa es que los niños a su corta edad se vean obligados a mirar todos los días -al entrar y salir de sus clases- el cementerio que rodea al casco central de la iglesia (cristiana, como la mayoría de la región). Sin embargo, las lápidas están ya tan erosionadas y cubiertas de un fino musgo aterciopelado, que apenas se adivinan tras los árboles que protegen la intimidad de los muertos. De ahí que el andar de los niños rumbo a sus casas no se vea interrumpido por la presencia de viejas tumbas que seguramente ya nadie visita ni recuerda.
El reloj marca las cinco y el centro se ha despoblado casi por completo. Los comercios, discretamente, han empezado a cerrar y el silencio invita a acercarse al río y observar a los patos que nadan a contracorriente. No hay nadie afuera y el sol apenas ha cambiado del amarillo al dorado. ¿Adonde se han ido todos? El pueblo se ha sumergido en un mutismo que desorienta a los turistas. No me queda más que preguntarme qué diablos hago aquí, tan lejos de todo cuanto conozco; entonces, me doy cuenta de que a orillas del río hay unas bancas vacías que el sol todavía calienta; de que el silencio y la soledad, persuasivos, sugieren que me entregue a la mera contemplación del momento.

Etiquetas: ,

Autobuses de londres


Londres.
Shuttle desde  Heathrow.
Existe un nuevo servicio de bus para los viajeros que llegan al aeropuerto londinense de Heathrow.
La empresa Airbus conecta las cuatro terminales de esa aeroestación con el centro de la ciudad. Con una frecuencia de una hora a lo largo del día y dos recorridos diferentes que pasan por la Estación Victoria y la Estación King Cross respectivamente, el turista podrá disfrutar de un cómodo viaje panorámico a precios más que accesibles.

Etiquetas: , ,