Puerto Rico Archive

Conociendo la historia de Puerto Rico


La Ley Jones, que reestructuró el gobierno puertorriqueño en 1917, mejoró en cierta forma la situación en cuanto al poder legislativo, pues creó un Senado de elección popular que si tenía prerrogativas para limitar, aunque muy débilmente, las facultades del gobernador. En 1947, una nueva ley norteamericana dispuso que el gobernador de Puerto Rico también fuera elegido por el pueblo, siendo el hijo de Luis Muñoz Rivera, don Luis Muñoz Marín, el primer jefe de gobierno elevado al cargo por esa vía (1949). No fue hasta 1952 que se creó el Commohwealth o Estado Libre Asociado que actualmente existe en Puerto Rico, verdadero sistema autónomo —inspirado en la Mancomunidad de Naciones Británicas— mediante el cual Puerto Rico ejerce plena soberanía en cuestiones internas, quedando a cargo de los Estados Unidos únicamente la defensa nacional, las relaciones exteriores, las regulaciones de inmigración y la emisión de moneda y de estampillas postales.
Bajo este sistema, los puertorriqueños están exentos del income tax o impuesto federal norteamericano sobre ingresos, y sólo tributan sobre sus entradas personales conforme a sus propias leyes fiscales. Son ciudadanos norteamericanos, pero, mientras residan en la Isla, no pueden votar en la elecciones presidenciales de los Estados Unidos ni por los candidatos a ocupar escaños en el Congreso de Washington. Ahora bien, si fijan formalmente su domicilio en territorio estadounidense —convirtiéndose en lo que los isleños llaman puertorriqueños continentales—, adquieren automáticamente todos los deberes y derechos propios de los ciudadanos del estado en que se hayan radicado, incluyendo el derecho de votar en las elecciones presidenciales.
El fermento independentista no se ha extinguido en Puerto Rico. A lo largo de este siglo, los partidarios de la independencia han manifestado su aspiración en forma reiterada y a menudo violenta, tanto en la propia Isla como en territorio norteamericano. Actualmente, después de unas dos décadas de relativa inacción, los nacionalistas borinqueños vuelven a movilizarse, agitando de nuevo activamente en favor de su causa dentro y fuera de Puerto Rico. Pero, paralelamente, y en el otro extremo del espectro ideológico, el llamado estadismo, partidario de incorporar la Isla a los Estados Unidos como estado número 51, también parece ganar terreno entre los puertorriqueños.

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El interior de Puerto Rico y su naturaleza


El llamado interior de Puerto Rico también ofrece mucho al visitante. Un salto de agua en El Yunque, montaña de 1.390 metros de altura. La zona está situada a unos 40 kilómetros de San Juan y es notable por sus copiosas lluvias (cerca de 380 mil millones de litros anuales), así como por su flora, que incluye más de 240 especies de plantas. En Quebradillas, al noroeste de la isla, se halla el Parador de Guajataca, uno de los muchos albergues turísticos establecidos por el gobierno.

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La historia de Puerto Rico


LA AUTONOMÍA Y LA GUERRA:
La inconformidad puertorriqueña no murió con la derrota de Lares. Los descontentos se agruparon en distintos bandos: el liberal, el liberal reformista y, por último, hacia 1883, el autonomista, dividido a su vez en varias tendencias más o menos moderadas. A pesar de abogar por el mantenimiento de ciertos lazos con España y no por la independencia, el autonomismo boricua despertaba tal recelo entre los elementos más conservadores que, en 1887, el Gobernador Palacios desató contra él una violenta ola represiva con el vano propósito de eliminarlo.
La más destacada de las vertientes del autonomismo estaba encabezada por don Luis Muñoz Rivera (1859-1916), quien desde su periódico La Democracia emprendió una activa campaña política que hizo de él la primera figura del país hasta su muerte. Por su parte, el separatismo volvió a adquirir preponderancia al constituirse en Nueva York (1895) la Sección Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano que fundara José Martí. A los esfuerzos de este sector, traducidos en varios amagos guerreros, se unió el estallido ese mismo año de la revolución cubana, determinando que el gobierno español estableciera un régimen autonomista para ambas colonias (1897), en un tardío intento de contener el fermento revolucionario. Pero en febrero de 1898, a los pocos meses de instalado el nuevo sistema, estalló la llarr guerra hispanoamericana entre los Estados Unidos y España, con motivo de la voladura del acorazado estadounidense Maine en la bahía de La Habana; Puerto Rico se convirtió en uno de los campos de batalla.
A mediados de julio, la flota norteamericana bombardeó a San Juan, y el día 25 del mismo mes una fuerza expedicionaria estadounidense (al mando del general Nelson Miles) desembarcó en Guánica. Seis días más tarde se produjo otro desembarco en Arroyo, y el avance norteamericano fue aplastante. Únicamente en las lomas de El Asomante pudieron los españoles ofrecer resistencia de consideración, deteniendo la marcha de una fuerza norteamericana muy superior durante tres días. El ataque final contra los defensores nunca llegó a producirse, pues España, después de sufrir graves reveses navales en las Filipinas y en Cuba, pidió la paz a mediados de agosto, cesando de hecho el 18 de octubre su soberanía sobre Puerto Rico. La cesión de la Isla a Estados Unidos se formalizó con el el Tratado de París, firmado el 10 de diciembre de 1898. Y el 4 de febrero de 1899 presentan sus renuncias los miembros del Consejo de Secretarios del efímero gobierno autonomista implantado por la corona española.

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Que ver en la ciudad de Ponce en Puerto Rico


Aunque su población aún no llega a los 200 mil habitantes, la ciudad de Ponce tiene un aspecto señorial e incluye una vida artística y cultural muy activa. Se pueden ver las galerías de su formidable Museo de Arte, con una colección que está considerada entre las mejores de la América Latina. El Parque Central, es uno de los lugares más concurridos de la ciudad; al fondo se distingue la Catedral, construida en 1873, notable por su fachada y su magnífico altar mayor. El viejo Teatro La Perla fue semidestruido por un terremoto en 1926, y después de derrumbarse totalmente, se reedificó en 1941.

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El parque ceremonial indigena de Utuado


El Parque Ceremonial Indígena de Utuado es el más importante de las Antillas. Se ha podido determinar que fue construido por los indios tainos que poblaban a Puerto Rico unos tres siglos antes del descubrimiento de América, quienes lo utilizaban para sus ceremonias rituales y juegos de pelota. Consiste de varios bateyes o plazoletas separadas por hileras de monolitos o piedras grandes enterradas en el suelo, en las que se tallaban figuras de las deidades indígenas. El Instituto de Cultura Puertorriqueña lo ha convertido en parque arqueológico y jardín botánico que contiene ejemplares de prácticamente toda la flora borinqueña. También hay allí un Museo de Arqueología en el que se exhiben los utensilios e ídolos indígenas excavados en la región.

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El observatorio de Arecibo en Puerto Rico


La situación geográfica de Puerto Rico y sus condiciones climatológicas y topográficas han hecho de la Isla un centro de estudios espaciales. Así, el formidable Observatorio de Arecibo realiza importantes investigaciones en materia aeronómica, ionosférica y de astronomía por radio-radar. Para ello cuenta con una enorme antena-telescopio, de forma esférica y 305 metros de diámetro que permite la observación simultánea de aproximadamente un 39 por ciento de la bóveda celeste. Esta antena de acero y aluminio se terminó de construir en 1963, a un costo de más de nueve millones de dólares, pero había sido diseñada desde 1958 por el ingeniero William E. Gordon, de la Universidad de Cornell, Nueva York, EE.UU. El Observatorio, afiliado a un centro que funciona en esa universidad, se ha anotado importantes descubrimientos astronómicos, tales como el del Cuásar, conjunto de galaxias cuya energía demora más de diez millones de años en viajar a la Tierra. La información que se obtiene mediante la antena se procesa en modernas computadoras para facilitar su interpretación. El mantenimiento de la antena cuesta más de tres millones de dólares anuales y los técnicos encargados del mismo necesitan zapatos especiales para caminar sobre ella. El Observatorio emplea a unos 150 técnicos en Arecibo, y a 25 en las instalaciones suplementarias de la Universidad de Cornell.

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La independencia de Puerto Rico


LOS INTENTOS INDEPENDENTISTAS.
La nacionalidad puertorriqueña ya estaba bien definida hacia fines del siglo XVIII, y Puerto Rico, al igual que las demás colonias españolas de América, tuvo sus trajines independentistas contra la metrópoli española… y sus mártires. En un principio, la repercusión que tuvo en Puerto Rico la emancipación de las colonias españolas de América del Sur fue más bien positiva, debido a la llegada de numerosos profesionales, técnicos y comerciantes que habían emigrado de los países recién liberados, llevando a San Juan un grado visible de prosperidad. Sin embargo, era inevitable que la idea de un Puerto Rico independiente germinara en las mentes de los intelectuales y patricios del país. A esto se unió el descontento que produjo en 1825 la concesión por la Corona española de facultades omnímodas a los gobemadores españoles de la Isla, a la que siguió en 1837 la promulgación de una nueva constitución en la Península que negaba a Puerto Rico, Cuba y Filipinas representación ante las Cortes de Madrid. De este modo, los puertorriqueños que trataban de lograr dentro del marco colonial español las reformas administrativas tan necesarias, vieron cerradas todas las posibilidades de reforma. Esto robusteció la ¡dea que pretendía romper totalmente los vínculos con España: el separatismo.
En los años 1835 y 1838 ocurrieron dos intentonas revolucionarias que tuvieron su centro en el regimiento de Granada, pero ambas fueron descubiertas por las autoridades españolas y sus dirigentes fueron apresados. La conspiración de 1835 sólo había tenido por objeto la restauración en Puerto Rico de la constitución liberal española de 1812. Pero la de 1838 fue de carácter francamente independentista, y produjo el primer mártir del separatismo boricua: Buenaventura Quiñones, uno de los dirigentes revolucionarios, quien fue ahorcado en su celda del Morro al poco tiempo de ser capturado.

EL GRITO DE LARES
Al comenzar el año de 1868, ya había emigrados políticos puertorriqueños, principalmente en la ciudad de Nueva York, donde habían entrado en contacto con revolucionarios cubanos. Entre aquéllos se destacaron un médico, el Dr. Ramón Emeterio Betances y un abogado, don Segundo Ruiz Belvis, contra quienes había dictado orden de arresto y destierro a España el gobernador José Marchessi, acusándolos falsamente de haber instigado en 1867 un motín de los artilleros españoles de San Juan.
Ruiz Belvis murió prematuramente en Santiago de Chile, a donde había ido en busca de apoyo para la causa independentista, y Betances quedó como alma e inspiración de la idea revolucionaria. En enero de 1868 dejó constituido en Santo Domingo el Comité Revolucionario de Puerto Rico, el cual se dedicó de inmediato a organizar juntas o delegaciones dentro de la propia Isla.

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Historias de piratas en Puerto Rico


Las historicas defensas de la ciudad sufrieron su primera gran prueba en 1595. En ese año, un galeón español que conducía un cargamento de oro y plata desde México a España, sufrió una avería cerca de las costas de Cuba y ancló en San Juan para reparaciones, guardándose su preciosa carga en las mazmorras de La Fortaleza. Enterado de ello, el notorio corsario inglés Francis Drake zarpó rumbo a Puerto Rico al mando de una flota compuesta de diecisiete naves y tripulada por dos mil hombres. Drake mandó a echar anclas frente a Punta Salinas —justamente al norte de lo que es hoy el pueblo suburbano de Levittown— y por la noche penetró en el puerto con un fuerte contingente de sus hombres, a bordo de varios botes. Ya dentro de la bahía, se vio frente a una flotilla de cuatro fragatas españolas que habían acudido a recoger el tesoro y les dio fuego. Fue un grave error táctico. El resplandor de los cuatro buques incendiados iluminó la bahía de tal modo que los botes de Drake —inadvertidos hasta entonces—quedaron a la vista de los artilleros del Morro, quienes abrieron fuego, matando a unos 300 hombres y forzando a Drake a abandonar sus planes, alejándose precipitadamente de las costas puertorriqueñas.
El segundo ataque enemigo en gran escala lo sufrió San Juan sólo tres años más tarde, en 1598. En esa ocasión, el también inglés Conde de Cumberland puso sitio a la capital y, después de un encarnizado combate, logró rendir a la guarnición del Morro, tomando la ciudad. Después de este revés, San Juan no se volvió a ver seriamente amenazada hasta 1625, año en que los holandeses, al mando de Balduino Enrico, lograron tomarla, saqueándola e incendiándola luego. Sin embargo, en esta ocasión el bastión del Morro se mantuvo irreductible hasta que el enemigo se retiró.
El caserío, que en ese mismo año de 1625 constaba de sólo 16 manzanas y cinco calles, y cuya población no llegaba aún a los 3 mil habitantes, parecía empequeñecerse aun más con el constante crecimiento de las fortificaciones y la posterior edificación de las murallas que lo rodeaban, las que hicieron de San Juan una de las principales plazas fuertes de España en América.

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El cementerio de San Juan


Sin duda alguna, el carácter isleño de Puerto Rico ha influido hasta en la selección del lugar donde se estableció el Cementerio de San Juan: junto al mar. Se trata de una necrópolis de franco estilo español, con sus panteones y mausoleos de mármol adornados con artísticas esculturas de temas religiosos o alegorías al descanso eterno. Las banderas indican que en esas tumbas yacen veteranos de distintas guerras, figuras prominentes o, simplemente, ciudadanos que sintieron especial amor por su tierra. Al fondo se pueden apreciar los muros del Fuerte Brooke, prolongación del Morro.

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La historia de Puerto Rico y San Juan


La existencia de Caparra como centro focal de la nueva colonia fue efímera. En 1511, Diego Colón, hijo del descubridor, ganó un litigio contra la corona española y adquirió por orden judicial todos los derechos y privilegios de su padre. Diego Colón reemplazó a Ovando como gobernador de La Española y, casi inmediatamente, surgió entre él y Ponce de León un violento conflicto de autoridad, entre otras razones porque Colón quería trasladar la capital puertorriqueña a un sitio distinto, mientras que Ponce se oponía a ello. Pero los propios vecinos de Caparra apoyaron la ¡dea del traslado, pues consideraban que el terreno pantanoso donde estaba enclavada era insalubre y, además, que dificultaba el comercio marítimo, ya que las naves tenían que fondear en una isleta que constituía el flanco norte de la bahía, siendo necesario transportar la carga desde allí hasta el desembarcadero, situado en la playa opuesta.
Al fin, los deseos de Diego Colón y los vecinos de Caparra prevalecieron. En julio de 1519 llegó a la capital el licenciado Rodrigo de Fi-gueroa con instrucciones superiores de mudarla ignorando la oposición de Ponce de León. Para la nueva sede se había elegido precisamente la isleta junto a la cual anclaban los buques mercantes, la que describió Figueroa como “el mejor asiento que en el mundo se puede buscar para una ciudad”. Sin embargo, el traslado en sí habría de demorar aún dos años más, llevándose a cabo en 1521. A la nueva ciudad se le bautizó con el nombre de San Juan, quedando desde entonces el de Puerto Rico para designar a la totalidad de la isla.

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