Montreal canada Archive

Vacaciones en montreal


Encontré a Trudeau esperando en la terraza. Montreal es frecuentemente llamado el “París de Norteamérica”, pero Trudeau dijo que Montreal debe sobresalir por sus propias fortalezas. “Esta es una ciudad donde puedes hacer lo que deseas, ya sea escribir o pintar o esculpir o inventar algo diferente. Por eso es tan atractivo. Es difícil visitar cualquier otro lugar de Canadá después de Montreal. Ahora cuando visito otras ciudades siento que algo falta. Bonito, pero no picante, ¿saben? ‘Joie de vivre” es otro término que fastidia a Trudeau. Sin embargo, dice: “es absolutamente verdad aquí. A la gente le gusta hacer fiestas. En un sentido, incluso el Cirque du Soleil es un organizador de una gran fiesta. Cuando me reúno con mis amigos francófonos, todo lo que hacemos es reír. Cuando te reúnes con tus amigos anglófonos, puede que no sea tan divertido. El mayor problema de Montreal”, resumió, “es que se encuentra en la periferia”. Esta es la última gran ciudad en el este de Norteamérica antes del Polo Norte. Cuando estás en la orilla y las cosas convergen hacia el centro, eres el primero en sentirlo. Estamos en la orilla y somos diferentes”.
Bebimos nuestro café caliente en el aire frío. “Puedes tener un clima espantoso aquí, pero al subir un poco la temperatura, la gente camina por el lado soleado de la calle”.
Los londinenses tienen su abstención. Los habitantes de Nueva York, valor. Tal parece que los habitantes de Montreal, tienen una forma de encontrar el lado soleado de la calle de la tarde. Pensé nuevamente lo de la escuela del circo, donde observé a un niño caminar ligeramente hacia adelante y hacia atrás por un alambre tenso. “Le pedí visualizarlo”, el profesor del niño me dijo. Tal vez eso es lo que en sí es Montreal: un acto de equilibrio, una decisión comunitaria de mantener el espíritu en el aire a pesar del clima y otros retos diarios. Una decisión comunitaria de divertirse en la vida. “Si él puede verlo en su cabeza, puede hacerlo”, el profesor del alambre dijo. “Si no, habrá fracasado”.

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Actividades en montreal


Un rincón francófono en una región donde generalmente se habla inglés, una isla que hasta hace poco estaba cubierta de hielo en cada invierno, Montreal también sabe cómo divertirse con toda clase de festivales para toda clase de personas: jazz, indie, rock, cine, arte, danza, comedia. Ruby Roy, un guía profundamente enamorado de Montreal (menos de sus inviernos), me contó: “nuestros festivales ahora son atracciones internacionales, pero se hicieron para los habitantes de Montreal, razón por la cual son diferentes”. Observa que este entusiasmo por las artes no es una obsesión con utilidades de taquilla. “Ésta es una ciudad donde se venden los documentales”, dice Roy. Una metrópoli que nunca se toma a sí misma tan seriamente; es además dulce y sincera, si no es que descaradamente jactanciosa, sobre la motivación de cada pasatiempo o distracción. “Fuera de Argentina, nadie baila tango más que nosotros”, asegura Roy con orgullo cívico.
De vuelta en la escuela del circo, le pregunto a Fomina si existe un estilo de contorsión a la Montreal. Su cara se ilumina. “Nuestro estilo es más rítmico y dinámico”, afirma, pareciendo hablar por todos sus compatriotas, no únicamente por la columna flexible. “No sólo muestra lo que el cuerpo puede hacer; también muestra las emociones. Es artístico, expresionista”. Lo mismo se puede decir de esta ciudad que creó y apoyó tan inusual industria. Montreal es imaginativa, cinética y siempre parte del espectáculo.
HE LLEGADO EN ALGÚN PUNTO entre el verano de Montreal, cuando es un jardín externo y el invierno, cuando tiende hacia la tundra. El cielo que me recibió estaba experimentando con diferentes estados de humor: dudoso, después soleado, despues húmedo. Los locales imperturbables. Incluso, en el cielo gris que se aprecia desde el taxi, es placentero observar la ciudad. Si, como la teórica urbana Jane Jacobs dijo: “las nuevas ideas requieren inmuebles antiguos”, los edificios del viejo Montreal dan mucho margen para improvisar: los campos de piedra toscos de las estructuras edificadas por los franceses, las líneas limpias de las piedras cortadas por los británicos, la arenisca roja usada por los escoceses. Arriba desde el puerto antiguo están los edificios estilo art decó y Chicago y las elegantes townhouses adosadas con esa curiosidad de Montreal, escaleras exteriores en lugar de interiores enrollando el segundo piso, como un kudzu urbano. El Estadio Olímpico es visible a la distancia y el Habitat 67 de curiosidad cubista retrofuturista se eleva a través del Río San Lorenzo. Es un placer pasear por un vecindario que te hace olvidar lo que acabas de ver a unas cuantas cuadras, es como la novedad renovable de ciertas mujeres que cambian sus cortes de cabello para volverse una persona diferente.

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Que visitar en montreal


Hay muchos lugares para jugar, como el Parque Jean-Drapeau, que se esparce por las islas de Notre-Dame y Sainte-Heléne y en donde puedes hacer patinaje en línea a lo largo de un circuito para carros de carrera o voleibol playero en la playa Jean-Drapeau. Existe incluso un pedazo de rápidos en el río, que incita a los intrépidos a traer sus tablas para surfear. Bajo el puente Jacques Cartier está lo que fue la primera cárcel de la ciudad, que después se convirtió en una cava pública.
Me encontré con Adam Gollner, un escritor local, en un café y centro de espectáculos llamado Casa del Popólo en el Boulevard St-Laurent. Gollner a menudo escribe sobre Montreal, pero esta noche daba una plática sobre su libro The Fruit Hunters. Antes de pasar por un coco de mar gigante de Seychelles, habló sobre los papeles de la selección natural y la selección humana en la evolución de la fruta. Me vi a mí mismo pensando en cómo las ciudades, también, son resultado de siglos de ensayo y autoselección. ¿Por qué Montreal se vuelve una ciudad de artes mientras Toronto se vuelve un centro de comercio? Parcialmente es circunstancial (hace frío aquí; es mejor que encuentres un hobby para enfrentar el invierno). Después le pregunté a Gollner por qué pensaba que la ciudad era tan propicia para las artes. “El atractivo de Montreal es que es el único lugar en el mundo occidental donde aún puedes ser bohemio”, dijo. “La región de Quebec se ha definido tradicionalmente a sí misma en oposición a las cosas. Tenemos esa resistencia indie-rock a la vida corporativa estadounidense, una resistencia reflejada en la idea que esto es una provincia francesa que ha luchado por el separatismo”. Además de este revoltijo es una repugnancia inglesa por parecer adoptar el éxito junto con lo que Gollner llama “el instinto nórdico de agruparse para pelear por los elementos”. Los primeros fundadores fueron “padres obesos que se engullían el mejor vino en el hinterland. Ésa fue la dinámica de Montreal desde el inicio: aunque estés en un lugar extraño, aún así vivirías bien. Puedes estar en quiebra, ser radical y de izquierda, pero aún así bebes Poire William al final de una fiesta y pisoteas tu sombrero, diciendo que si no protegemos la lengua francesa, nos convertiremos en Louisiana”.
Barry Lazar, periodista y cineasta que moderó la presentación de Gollner, acepta que existe algo juguetón en el aire de Montreal. En su caso, ese aire por un momento olía demasiado a carne ahumada, cuando estaba produciendo un documental en el Schwartz’s Deli, la venerable “charcuterie Hébraique” por el Boulevard St-Laurent, donde las carnes se convierten en tres grados de gordura y una salchicha de Francfort se considera una guarnición. “Estoy trabajando en un filme sobre un músico local de hip-hop klezmer llamado SoCalled”. Es común tener esta clase de conversación en Montreal. Tomé un taxi y me dirigí a Au Pied de Co-chon, un restaurante conocido por deliciosos platillos como foi-gras poutine, estofado de pata de puerco y pizza de tripas para reunir-me con Mike Boone, un columnista citadino veterano desgarbado de la Montreal Gazzet-te. Me dice que Montreal tiende a definirse en oposición a Toronto, un lugar del que Boone se burla con el chauvinismo típico local como “Cleveland con Medicare”. Sin embargo, son las luchas internas propias de Montreal y contradicciones, él arguye, lo que lo vuelve un lugar tan vivo y complaciente para vivir. Complaciente con una excepción.
“Hockey”, dice Boone. “Echado a perder por 24 copas Stanley, demandamos perfección o, como mínimo, maestría. El hockey es aquí la religión secular, una pasión que trasciende líneas lingüísticas, étnicas, demográficas y socioeconómicas para unir a todos los locales de Montreal”.
Al día siguiente caminé por la Rué de la Commune a lo largo del Río San Lorenzo, donde bicicletas rentadas te motivan a recorrer los caminos que se contorsionan por la íle Sainte-Héléne y la íle Notre-Dame y a lo largo de la isla. Desde esta parte del Viejo Montreal caminé hacia el centro comercial, pasando por la Plaza Victoria, donde una estatua de la reina inglesa (con apariencia estilizada yjoven) se encuentra frente a una reja florida de arte moderno hecha para el metro, un regalo de Francia. Al menos uno por ciento de los presupuestos de construcciones públicas nuevas en Montreal se deben gastar en arte público, por lo que siempre hay mucho que ver, incluso cuando los locales han huido de las frías calles por las catacumbas comerciales debajo de la ciudad. Y ningún edificio puede ser más alto que los ingresos brutos de la cumbre homónima de la ciudad, Mount Royal, que, con su parque, es un punto tanto comunitario como focal visual de la ciudad. El parque fue diseñado por Frederick Law Olmsted, quien vio aquí una oportunidad de hacer de la montaña urbana una parte central de las diversiones de la ciudad.
El sol ha salido. Esta es una ciudad caprichosa. Se me antojó caminar un rato antes de sentarme a beber café y platicar. Así que programé un encuentro con Dennis Trudeau, una personalidad de televisión desde hace mucho tiempo, comentador cultural y tipo elegante en todos los sentidos en un café en el área del estudiante. de St.-Denis. Ahí tomé una sinuosa ruta por el camino del vecindario Mile End, de tal forma que me pude detener en Fair-mont Bagels. Tal vez para compensar un invierno amargo, los citadinos prefieren sus bagels ligeramente dulces. Fairmont es conocido por sus pequeños bagels clásicos, pero también por el llamado “bozo”, que está retorcido y cubierto con ajonjolí y semillas de amapola. Me tomó la mayor parte de mi camino terminármelo.

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Turismo en montreal canada


“Es una cuestión de la columna”, dice Elena Fomina, maestra de contorsión en la École National de Cirque. “Cuando observo la flexibilidad natural de una espalda, puedo decir si existe potencial. No puedes hacer que una persona normal se convierta en un gran contorsionista”. Los contorsionistas, aparentemente deben haber nacido con elasticidad.
La luz del sol matutina entra en el gimnasio donde se imparte lo que parece ser una clase surrealista de educación física. Una mujer joven salta con gracia en una barra estrecha sostenida a la altura de los hombros por dos estudiantes musculosos. Un malabarista cómico practica arrojándose repetidamente contra el piso acolchado. En francés con una cadencia eslava, Fomina me dice que antes de enseñar viajó alrededor del mundo como miembro de un acto trapecista. ¿Así que puedes volar? Le pregunto. “Sí”, responde. La Escuela Nacional del Circo está albergada en una estructura moderna de acero y vidrio en una parte industrial de Montreal, junto a las oficinas centrales del mundialmente famoso Cirque du Soleil; más allá está una arena grande que es casa de otras tropas cirqueras nacionales. Este complejo se llama TOHU y es conocido como “La cité des arts du cirque”. En una fábrica de sueños gigante, que cubre cerca de 192 hectáreas, se producen los disfraces y accesorios para los espectáculos del Cirque du Soleil, ahí también futuras generaciones de actores desafían la gravedad, malabaristas y pretzels humanos aprenden nuevos trucos. Una ciudad dentro de otra que asume su papel con seriedad, al igual que la metrópolis más grande que la envuelve. Los viajeros experimentamos las ciudades de otras personas como entretenimientos: diversiones de tres aros de comida, tiendas y espectáculos. Sin embargo, tal como el fundador Guy Laliberté visualizó el Cirque du Soleil como un espectáculo teatral, Montreal es un lugar donde el sentido de juego y originalidad se encuentra libre de formas y libre de ruedas. Rentas bajas, una clase próspera creativa, animados cafés al aire libre y parques en cada vecindario: divertirse aquí es una especie de teatro callejero colectivo.

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Montreal canada


MONTREAL  EN JUEGO.
Adorable y divertida, llena de galerías originales, un carrusel de festivales y esa cosita llamada Cirque du Soleil, Montreal no dejará un minuto libre.

Un retablo calidoscópico de linternas de papel transforma el Jardín Botánico de Montreal en una explosión de colores y formas por el festival anual de la Magia de Linternas. “Los diseños, creados cada año alrededor de un tema nuevo, fueron encantadoramente inventivos y caprichosos dice el fotógrafo Will vai Overbeek. Montreal es como un contorsionista. Se tuerce, se adapta, se pliega en sí misma en formas sorprendentes. Sobrenaturalmente flexible, es espectáculo y entretenimiento y un ente viviente; todo a la vez. Francamente, es algo loco que funcione. Sin embargo, no puedes dejar de mirarla.

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