Medio oriente Archive

Turismo en shanghai


Me encuentro con Gao Lele, sobrina de mi esposa, en la estación del metro South Huangpi Road en una tarde con llovizna en Shanghai. Nuestra misión: encontrar un regalo de aniversario para Elizabeth, la mujer con quien me casé en Estados Unidos, mi país, hace 25 años. Tengo 10 días, y esta es sólo una de las excursiones de compras que he planeado junto con la familia de mi esposa (enorme, vital e ingeniosa) . El plan parece infalible: ellos conocen la ciudad y a Elizabeth. Esto debe ser fácil.
“¿Qué buscas?”, Lele me pregunta en un inglés fluido pero que denota poca práctica. Hace unos días, Lele -de 32 y casada durante cinco años- me mandó un mensaje electrónico haciéndome tres propuestas para la salida de compras de esta tarde, anexando los mapas digitales respectivos. Como mucha gente del moderno Shanghai, Lele, quien trabaja para una empresa multinacional, está totalmente actualizada. “No estoy seguro de qué comprarle; ya sabes, es muy quisquillosa”.
Lele frunce el ceño. ‘Todas las mujeres lo son”, contesta con aspereza. Tras revisar rápidamente sus mensajes en su iPhone, me lleva hacia el inmenso bazar que es Shanghai.
Cada ciudad, desde luego, es una especie de arena multifuncional para actividades políticas, financieras, culturales, incluso espirituales. Pero algunas se especializan. Por ejemplo, Washington y Brasilia son capitales eminentemente políticas; Kioto existe para la cultura, la Meca para la religión, Las Vegas para el esparcimiento. Pero Shanghai es, esencialmente, un centro comercial. Y así ha sido siempre en esta abarrotada ciudad ubicada en la orilla del río Huang-pu. “Tradicionalmente, gente de todos los puntos de China ha venido a hacer sus compras aquí’, me explica un comerciante local. “Shanghai hace toneladas de cosas para vender”. Después de que se suscribieran los acuerdos en el siglo XIX, las principales casas comerciales de Europa y Estados Unidos también se lanzaron. Dejaron atrás un legado de arquitectura posvictoriana y art decó (y una reputación de decadencia) que sigue influyendo en la identidad de la ciudad.
Incluso durante la Revolución Cultural, la gente seguía viniendo a comprar en los apenas üurninados pasillos de la Tienda de Departamentos Número 1 de Shanghai.
Desde entonces Shanghai se ha transformado. Ostentosos rascacielos modernos (como el Centro Financiero Mundial de Shanghai) han aparecido como hongos por doquier, arrasando con antiguos vecindarios. Ha surgido un nuevo espíritu de riqueza y sofisticación. Ahora apenas puedo distinguir a la ciudad que vi por vez primera en 1988.
Esta noche, mientras Lele y yo nos abrimos paso por los corredores de Almacenes Pacificques, los precios son negociables. Por desgracia, las normas generales del regateo -como ofrecer una tercera parte del precio inicial que pide el vendedor- son inútiles porque ese precio inicial varía muchísimo, depende de lo atrevido que sea el comerciante.
Aprendí a lidiar con eso a principios de la semana. Yen Fan, otra pariente de mi esposa, me llevó al mercado de Dongtai Road para mostrarme su táctica de regateo. Los puestos de Dongtai se especializan en “antigüedades” chinas para los extranjeros -jarrones “antiguos” verde celedón, muebles “prerre-volucionarios”, artefactos surtidos de la “era de Mao”, todos de reciente fabricación en serie y envejecidos artificialmente para simular originales auténticos. En Huaihai Road, que Shanghai reivindica como el gran mercado de China, parece más fuerte que nunca. “Empecemos por aquí”, anuncia Lele mientras me lleva al departamento de bolsas y accesorios. Abundan las superficies brillantes, al igual que las etiquetas de precios caros. “Sólo vengo aquí para ver -me comenta-, luego salgo a las calles cercanas a comprar algo similar”.
Lele me explica que Huaihai Road, al igual que otros distritos de tiendas departamentales como Nanjing Road y Xujiahui, está rodeada por calles llenas de tiendas y boutiques más pequeñas. Tienen nombres como Skylight Shop, Riot GRRLy la Dote de Madame Mao. “La calidad quizá no sea tan buena. Pero el precio puede ser mucho más barato; si sabes regatear”, agrega Lele.
¡Oh, regatear! Habilidad indispensable para cualquier comprador en Shanghai. Aquí fuera de los almacenes, los supermercados, los centros comerciales de lujo y las bouti-

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Uzbekistan turismo


Un mar que mató el hombre.

Moynaq es un lugar donde se aprende de las terribles consecuencias ambientales a causa de la estupidez humana.

Uzbekistán es un país de ciudades de leyenda. Samarcanda, Bujara y Jiva, con sus mezquitas, minaretes, seminarios y murallas evocan tiempos de sultanes y largas caravanas de camellos, inciensos, especias, joyas y sedas. Los viajes, sin embargo, no sólo nos pueden embarcar en placeres y lujos. También sirven para aprender.
Unos 400 kilómetros al norte de Jiva está el Mar de Aral. O estuvo, mejor dicho. El cuarto cuerpo continental de agua salada del mundo, con 68 mil kilómetros cuadrados, hoy se ha partido en dos y tiene una extensión de 17 mil kilómetros cuadrados. En donde había agua, peces y aves, ahora sólo hay arena, sal, polvo, y decenas de cadáveres de metal oxidado. Moynaq, un antiguo puerto pesquero de 40 mil habitantes, al que llegaban los turistas para disfrutar sus playas y tomar sus baños medicinales, ahora es un pueblo semiabandonado.
La desaparición de un cuerpo de agua masivo afectó el clima en una extensa región de Asia Central. Los días sin lluvia aumentaron de 35 al año a 120. El aire se hizo más seco. De las 173 especies animales que había, sólo sobreviven 38. En el antiguo lecho marino, ahora expuesto al sol, se forman inmensas tormentas de arena, sal y compuestos químicos tóxicos que barren la zona. A cientos de kilómetros de Moynaq, al margen de la carretera, se pueden ver depósitos blancos y pardos de los residuos arrastrados por el viento. Más cerca del pueblo, la última parte del camino, es como un estrecho terraplén construido sobre una planicie seca. Hace 25 años, Moynaq estaba en Ush Say (Cola de Tigre), una península conectada a tierra firme por esta calzada. Y lo que se puede ver a izquierda y derecha -dunas y más dunas-, entonces estaba cubierto de agua.
Tras llegar, un grupo de adolescentes se acercó a preguntarme si era un investigador con una solución para el desastre. Dicen ahí: “Si cada científico que viene a estudiar la desecación del Mar de Aral llegara con una cubeta de agua, ya lo hubieran llenado de nuevo”.
En-1959, los burócratas de Moscú concibieron un plan ambicioso para irrigar extensos pedazos de desierto y transformarlos en plantaciones de algodón. El agua del Mar de Aral provem’a de los ríos Amu Dar-ya y Syr Darya. Desviaron el líquido a través de extensas redes de canales. Como no estaban entubados, sino al aire libre, y no los hicieron a prueba de filtraciones, una parte considerable del agua se pierde por evaporación solar y fugas. Además, convirtieron los ríos en un vertedero de desechos químicos, que fue lo que llegó al Mar de Aral. En dos décadas, los peces y muchas especies murieron por envenenamiento y las aguas se retiraron. Hoy, la costa está a 160 kilómetros del antiguo puerto.
Llegué al viejo muelle. Años atrás había visto la foto de un grupo de marineros que mostraban la captura de pescado. Ahora, sólo encontré un extraño cementerio. Siete cadáveres de barcos se oxidan casi en fila. Unos 500 metros a la derecha, hay otros dos. A un kilómetro y medio, más o menos, se asoleaba uno más.
Bajé por las escaleras que antaño conducían al agua. Los botes descansan sobre dunas de arena. Uno había perdido la cubierta metálica de la popa y parecía el costillar de un buey argentino tras el paso de cinco gauchos hambrientos.
Levanté escotillas, abrí puertas, me planté en un puente de mando. Quise imaginar días mejores, las manos del capitán sobre el timón, los marineros recogiendo las redes. Seguramente reían. Pero tal vez ya no mucho. Acaso ya se daban cuenta del triste futuro que se les vem’a encima. Seguramente constataban que el Aral era menos profundo, que las orillas retrocedían. ¿Habrán pensado en oponerse? ¿En actuar para proteger el medio ambiente para sus hijos?
La crisis llegó con una lentitud de décadas. ¿Cómo habrá sido la última jornada? Esos siete barcos están alineados por alguna causa. En cierto momento, los rudos hombres debieron haber comprendido que no se podía más. Trajeron sus botes con la última marea. Al descender de ellos, el charco ya se había alejado. Bajaron por las escalerillas, salvavidas al hombro, y plantaron sus botas impermeables sobre montones de arena reseca. Caminaron hacia el muelle. Y se despidieron para siempre del Mar de Aral y de sus vidas de pescadores. De un día para otro, los marineros se convirtieron en hombres del desierto.

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Compras en la india


De compras en India.

Es recomendable llevarte la maleta medio vacía cuando viajes por aquí, pues los mercados son peligrosamente irresistibles. Querrás llevarte todo, por lo que es importante saber cómo elegir y regatear. EN INDIA se regatea en todos lados, desde restaurantes, hoteles y tiendas de joyería fina. En los mercados entonces es más que obvio que debes hacerlo, y muy bien. A los extranjeros le suben el precio inicial a todo hasta al triple, por lo que no debes de dudar en intentar bajar el precio a más de la mitad.   RECURRE AL DRAMA: cuando no acceden a bajarte el precio, a veces el ritual requiere un poco de determinación. Si no logras rebajar el precio, salte de la tienda, y seguramente irán detrás de ti para llegar a un acuerdo.
EN TODOS LOS MERCADOS encontrarás joyería. Pero hay muchos impostores, por lo que debes tener en mente que probablemente serán imitaciones. Si de todas formas te gustan, busca un precio razonable.   SIEMPRE HACE CALOR en los mercados. No olvides llevar ropa fresca, pero nunca pantalones cortos o escotes, pues son muy mal vistos en la sociedad india. LAS COMPRAS que seguro serán buenas: té, especias, seda y artesanías.

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Templo de jerusalén


Jerusalén, la dorada. El final del viaje nos reserva una de las ciudades del mundo que todo viajero de alma debería conocer. Jerusalén, donde sobrevive la vieja ciudadela amurallada, con sus ocho puertas y sus cuatro barrios (musulmán, cristiano, armenio, judío), frente al Monte de los Olivos y su Jardín de Getsemaní, donde Jesús oró la última noche.
Mejor que aferrarse a un mapa para recorrer sus calles empedradas y angostas es perderse con gusto. Deambular atravesando olores, gritos, músicas. Aparecer de pronto frente al Muro de las Lamentaciones y la oración ensimismada de hombres, a un lado, y mujeres, al otro.
Advertir apenas por los comercios que se pasó de un barrio al otro pero en el que todo se funde como capas geológicas de la fe. Y sobre la tumba del rey David, aparece el lugar donde se celebró la última cena; y la mezquita del Domo de Piedra conserva la roca desde donde Mahoma se elevó al cielo. Y una multitud silenciosa emprende la marcha de un vía crucis hacia el Santo Sepulcro por entre los sokos (mercados) mientras unos chicos árabes le ponen play a su grabador al hombro con música estrepitosa. Todo en la misma callecita angosta. Amontonados y curiosamente tranquilos en este lugar del mundo donde la paz es el mejor deseo.

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Informacion sobre el mar muerto


El Mar Muerto. El desierto de Judea se hace sentir con su temperatura y sequedad. Hasta que se asoma el Mar Muerto, otro lago pero este sí, salado, diez veces más que cualquier océano, ubicado a 416 metros por debajo del nivel del mar, en la mayor depresión terrestre.
Ein Borek es la villa turística que enlaza hoteles gigantes sobre la playa. Ni bien amanece ya hay gente flotando en sus aguas a 25 grados, y no es necesario guardavidas: la salinidad hace imposible hundirse. Todos celebramos la rareza como chicos y nos sacamos la foto típica en medio del agua leyendo el diario. Después compraremos barros, jabones y alguna crema porque éste es un paraíso spa y nadie quiere resignar su cuota parte de turista modelo.
Después de este recreo, el desierto nos reserva otras joyas históricas: Masada, la fortaleza construida por los romanos en la que se refugiaron unos mil judíos tras la caída de Jerusalén y donde se suicidaron en masa antes de ser capturados en el año 72 d.C.
Y las cuevas de Qmran, donde fueron hallados los “Rollos del Mar Muerto”. escritos adjudicados a los esenios, un grupo religioso de los tiempos de Jesús que se exhiben en un museo en su maravillosa versión original.

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El rio jordan


Las aguas verdes del río jordán, donde cristianos de todo el mundo llegan a bautizarse. Escena típica de Jerusalén antigua y especias, e aroma y color de los zokos.

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Viajar a Jordania


De nuevo en la ruta, vamos escoltados por el Jordán, en la frontera entre Israel y Jordania. Al fondo, con cielo despejado, se ven las montañas de Siria. Viajamos al este de las montañas de Jordania por el valle de Armagedón. La frontera está protegida por un doble cerco, alambrado eléctrico y franja minada. Atravesar esa porción de Cisjordania tiene un poco tensos al guia y al chofer. No desaceleran la marcha hasta sentirse, de nuevo, en casa.

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Nazareth turismo


Nazareth. Ninguna distancia de este itinerario es muy larga; nos dirigimos ahora a Nazareth, el único punto de nuestro recorrido donde la mayoría de la población es árabe, entre cristianos y musulmanes.
Es un pueblo bajo, de casas con terrazas superpobladas de antenas satelitales desde las que se ve la cúpula imponente de la Iglesia de la Anunciación. En su interior están los restos de la casa de María, donde recibió la noticia de su embarazo de boca del ángel Gabriel. Por sus callecitas onduladas, repletas de negocios que venden chucherías y dulces al peso (masitas con nuez, pistachos y mucho almíbar), llegamos al lugar donde estaba la carpintería de José: un hueco enrejado en el piso que los turistas veneran insólitamente arrojándole billetes y monedas. Suenan a la vez las campanas de las iglesias y el llamado a las mezquitas.
Al día siguiente fuimos a Jardenit, un parque temático religioso a orillas del río Jordán, donde los visitantes pueden recrear el bautismo cristiano. Los buscadores de precisión sabrán que no es el sitio exacto que las escrituras identifican como el lugar donde fue bautizado Jesús, pero fue el más apto para el emprendimiento. Así que a cada cual se le entrega al entrar toalla y bata blanca para cumplir con el rito: y un certificado de bautismo a la salida. El agua es verde y está llena de peces. Pero no hay clima para el chapoteo.

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Visitar israel


Cada metro cuadrado tiene su historia y su anécdota para quien quiera creerla.
Cafernaum es un pueblo muy referido en los evangelios. Allí Jesús eligió a varios de sus discípulos y entre sus ruinas está la de la casa de Pedro, un círculo amurallado sobre el que, para ser literales con el mandato divino, se construyó una iglesia: elevada y con piso de vidrio para poder contemplar los restos que yacen debajo.

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El mar muerto


Presente y pasado. El Mar Muerto, rodeado de hoteles en la costa de Eln Bokek. El teatro de Cesárea en la costa del Mediterráneo y callecita de la antigua ciudad de Akko.

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