Mar muerto jordania Archive

Templo de jerusalén


Jerusalén, la dorada. El final del viaje nos reserva una de las ciudades del mundo que todo viajero de alma debería conocer. Jerusalén, donde sobrevive la vieja ciudadela amurallada, con sus ocho puertas y sus cuatro barrios (musulmán, cristiano, armenio, judío), frente al Monte de los Olivos y su Jardín de Getsemaní, donde Jesús oró la última noche.
Mejor que aferrarse a un mapa para recorrer sus calles empedradas y angostas es perderse con gusto. Deambular atravesando olores, gritos, músicas. Aparecer de pronto frente al Muro de las Lamentaciones y la oración ensimismada de hombres, a un lado, y mujeres, al otro.
Advertir apenas por los comercios que se pasó de un barrio al otro pero en el que todo se funde como capas geológicas de la fe. Y sobre la tumba del rey David, aparece el lugar donde se celebró la última cena; y la mezquita del Domo de Piedra conserva la roca desde donde Mahoma se elevó al cielo. Y una multitud silenciosa emprende la marcha de un vía crucis hacia el Santo Sepulcro por entre los sokos (mercados) mientras unos chicos árabes le ponen play a su grabador al hombro con música estrepitosa. Todo en la misma callecita angosta. Amontonados y curiosamente tranquilos en este lugar del mundo donde la paz es el mejor deseo.

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Informacion sobre el mar muerto


El Mar Muerto. El desierto de Judea se hace sentir con su temperatura y sequedad. Hasta que se asoma el Mar Muerto, otro lago pero este sí, salado, diez veces más que cualquier océano, ubicado a 416 metros por debajo del nivel del mar, en la mayor depresión terrestre.
Ein Borek es la villa turística que enlaza hoteles gigantes sobre la playa. Ni bien amanece ya hay gente flotando en sus aguas a 25 grados, y no es necesario guardavidas: la salinidad hace imposible hundirse. Todos celebramos la rareza como chicos y nos sacamos la foto típica en medio del agua leyendo el diario. Después compraremos barros, jabones y alguna crema porque éste es un paraíso spa y nadie quiere resignar su cuota parte de turista modelo.
Después de este recreo, el desierto nos reserva otras joyas históricas: Masada, la fortaleza construida por los romanos en la que se refugiaron unos mil judíos tras la caída de Jerusalén y donde se suicidaron en masa antes de ser capturados en el año 72 d.C.
Y las cuevas de Qmran, donde fueron hallados los “Rollos del Mar Muerto”. escritos adjudicados a los esenios, un grupo religioso de los tiempos de Jesús que se exhiben en un museo en su maravillosa versión original.

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