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El café oriente de Madrid


 El café oriente de Madrid

CAFE DE ORIENTE SOBRE LOS CIMIENTOS DE LA ANTIGUA MURALLA DE MADRID

Enclavado en la hermosa Plaza de Oriente, el Café de Oriente es excelente para reponer fuerzas luego de visitar el vecino Palacio Real. Se puede desayunar, comer tapas o hacer una cena ligera en el café, pero vale la pena bajar al sótano a disfrutar del exquisito restaurante.
El edificio actual fue construido en el siglo xix sobre los restos del Convento de los Franciscanos Descalzos de San Gil, que Felipe III mandó construir en 1613. Aún se conservan algunos de los salones conventuales, decorados con piezas rescatadas de anticuarios. Entre ellos la Sala Capitular, magníficamente rehabilitada por el Grupo Lezama en 1983, y el espectacular Salón Aljibe, asentado sobre la antigua muralla de Madrid.
El chef Roberto del Moral ofrece especialidades como pimientos de piquillo rellenos de bacalao con salsa de mariscos (17 euros) o lubina confitada con aceite de almendras, pero la carta cambia cada temporada. A mediodía hay un menú ejecutivo de tres tiempos por 32 euros (con vino y café), así como dos menús de degustación de 44 y 48 euros (para comida y cena) sin bebidas, que varían semanalmente.

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Museos en madrid


De museos.
Madrid cuenta con dos sucursales imprescindibles para los amantes del mudejar. El Instituto de Valencia de Don Juan guarda telas, cerámica y mobiliario en un edificio de gran interés (Fortuny, 43. Para concertar visita: S 91 308 18 48. Actualmente está en obras y no abre hasta marzo). Otra importante colección de piezas se exhibe en el Museo Arqueológico Nacional, en Madrid (Serrano, 13. S 91 577 79 12). Las más valiosas son dos sillerías de coro y varias puertas. tos decorativos de los edificios. Algunos ejemplos son el Hospital Real, los palacios de la Madraza y del Marqués de Zenete, la Casa de los Tiros, las iglesias de San José, Santa Ana y San Gil o San Miguel Bajo y el monasterio de Santa Isabel la Real. Lo mismo sucede en la provincia, bajo la sombra septentrional de Sierra Nevada. Por ejemplo, la iglesia de la fortaleza de La Calahorra, así como las de los pueblos de Lanteira, Jerez del Marquesado y Guadix lucen espléndidos artesonados de limas ricamente decorados con lacerías. Aquí también abundaron los trabajos donde el ladrillo, la cerámica, el yeso y el arco de herradura constituían un lenguaje de gran valor estético.
En la Axarquía malagueña
encontramos un puñado de pueblos blancos que se recuestan sobre la feracidad de las sierras de Alhama, Tejeda y Almijara. Fueron los últimos poblados habitados por moriscos, antes de decretarse, en el siglo XVII, su definitiva expulsión. El trazado de las calles, la irregularidad y asimetría de sus plazas, la personalidad de sus pretéritas viviendas están llamadas a mostrar al viajero el carácter más íntimo del que hicieron gala los últimos mudejares. Las iglesias son un buen ejemplo de esta personalidad. Hace poco concluyeron las obras del alminar de la iglesia de Corumbela, dentro del término municipal de Sayalonga. Con esta restauración se cierra un triángulo isósceles que tiene sus otros dos vértices en las cercanas poblaciones de Salares y Árchez. Los alminares (o campanarios, por hablar con eufemismos) son filigranas hilvanadas desde el talento y la constancia. Por estos lugares, al igual que en Alhama de Granada, Antequera o
cualquier otra población derramada sobre los pliegues de la Subbética, abundan los templos cuyas techumbres proponen un complicadísimo juego geométrico. Algo parecido ocurre en la onubense sierra de Aracena. Aquí, los topónimos nuevamente evidencian el pasado árabe de esta comarca, que compartió similares designios con los pueblos que alfombran el sur extremeño. Casi todas las iglesias poseen algún elemento que las hace mudejares, como atestiguan las de Aroche, Cala, Cumbres Mayores, Zufre, Higueras de la Sierra o Cortegana. Los estilos, es verdad, terminan por confundir al espectador, pero basta con prestar un mínimo de atención para intuir entre los ábsides, las columnas, las techumbres, las naves altas y los campanarios la Inspiración de los herederos de al-Anda-lus. Hay, sobre todo, una iglesia en el pueblo de Hinojales, perdido entre las fronteras que desdibujan Andalucía y Extremadura, sumamente extraña y original. Tiene tres naves, planta románica (la mayor rareza que uno puede encontrar por estos territorios del sur), pinturas murales y una techumbre con la impronta inconfundible de los alarifes mudejares. Tanta huella dejó el arte mestizo en Andalucía y otras regiones españolas que a principios del siglo XX muchos edificios recuperaron sus materiales y decoración en estaciones de ferrocarril, palacios civiles, iglesias, plazas de toros y pabellones públicos. Este estilo recibirá el nombre de neomudéjar.

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Como puedo viajar a españa


En destinos principales como España, las agencias locales pueden ayudarte a ir más allá de los lugares comunes.

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Palace hotel madrid


El majestuoso lobby del Palace Hotel de Madrid. Derecha Le Cháteau Frontenac, en Québec, y el lujo de un verdadero palacio.

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