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Recorriendo restaurantes en españa


Recorriendo restaurantes en españa

RESTAURANTE SANTO MAURO
PARA UN BANQUETE PALACIEGO
Zurbano 36, dentro del hotel AC Santo Mauro; T. 34 (91) 319 6900; todos los días de las 13:30 a las 15:30 horas y de las 20:30 a las 23:30 horas; www.achotelsantomauro.com
La nobleza española de fines del siglo xix construía sus palacetes en el barrio madrileño de Chamberí. El del duque de Santo Mauro es de 1894 y su notable influencia francesa se debe a quien estuvo a cargo de la obra, Louis Legrand. Después que los duques lo abandonaron, el palacio fue residencia de diversas embajadas, hasta que en 1990 lo compró la cadena hotelera AC para convertirlo en un lujoso hotel. Se conservaron intactos los salones de baile, convertidos ahora en salas de reuniones.
El restaurante Santo Mauro se encuentra en lo que era la biblioteca, frente al jardín con castaños centenarios donde se puede comer en verano. El chef Pedro Olmedo nos ofrece una deliciosa cocina vasco-navarra a la que incorpora acertados toques innovadores: un delicioso consomé de tomate con caviar y tórtolas asadas con pergamino de arroz. Pero nada es seguro, porque la carta cambia cada temporada. El menú de degustación es de 60 euros y el servicio de sala impecable, con todo lo necesario para cenar a lo grande… si su presupuesto se lo permite E

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Los restaurante que no hay que perderse en europa


Los restaurante que no hay que perderse en europa

LA TERRAZA DEL CASINO
ELEGANCIA, LUJO Y COCINA SOBERBIA
Alcalá 15; T. 34 (91) 532 1275; de lunes a viernes de las 13:30 a las 16 horas y de las 21 a las 23:45 horas; cerrado sábados al mediodía, domingos, días festivos y el mes de agosto.
Es difícil encontrar un restaurante en un edificio tan elegante como el Casino de Madrid, construido por López Salaberry, e Inaugurado en 1910. El Casino se constituyó como sociedad de recreo en 1837, cuando un grupo de jóvenes románticos y progresistas cansados de la exaltación política decidieron buscar un lugar tranquilo para reunirse. Eligieron el nombre de casino para evitar toda asociación política. Al estallar la Guerra Civil el edificio fue Incautado, pero en 1940 el Casino reanudó sus actividades tras restaurar los daños de la ocupación.
El restaurante, La Terraza del Casino, está ubicado en el último piso y llegar hasta él nos da la oportunidad de conocer la escalera, el patio central y el Salón Real, decorado con obra de pintores españoles famosos —entre ellos Julio Romero de Torres— y donde se pueden ofrecer banquetes dignos de la realeza.
Desde 2000, la cocina de La Terraza del Casino está a cargo del madrileño Paco Roncero. En 1998 el Casino contrató al fabuloso cocinero Ferran Adriá como asesor y Paco ha pasado temporadas entrenándose en El Bullí, el restaurante de Adriá. Paco describe su estilo como “creativo para divertir al cliente”. Entre los platos sobresalientes están el huevo pochado a baja temperatura con estofado de setas y el filete de res con ravioles líquidos de jabugo.

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Baqueira Beret para reyes


Baqueira Beret para reyes

Baqueira-Beret: los reyes también esquían:
Aunque no es la estación más bonita ni la que tiene mejor nieve, sí es la más extensa de los Pirineos españoles. Aquí es donde el rey Juan Carlos viene a pasear, y donde los fotógrafos de Hola! disparan sus cámaras cada invierno sobre la gente bonita de España. A Baqueira y Beret, las dos estaciones que forman este resort en el valle de Aran, sólo se puede llegar en automóvil o autobús, debido a su complicada geografía, con picos de más de tres mil metros de altura. El trabajo queda compensado porque tiene días más largos y cálidos que otros resorts europeos. Las 47 pistas son casi todas para intermedios. Las mejores son las de los picos de Pincela y Malh de Bolard {remonte: un día, 41 dólares; seis días; 202 dólares). Las de avanzados se localizan en Milh y Mauberne, con descensos verticales y fuera de pista. Y su escuela para principiantes es de las mejores del pais. Una vez que las pistas han cerrado, barceloneses y españoles del este demuestran por qué tienen fama de trasnochadores. El aprés-ski es uno de los mejores y las tapas suelen circular durante horas en la calle principal de Vielha, la población más grande del resort, donde puede empezar la “movida” en el Bar Neguri o en el restaurante Era Placa. Las poblaciones más cercanas son Tolouse, a 160 kilómetros, y Barcelona, a 286 kilómetros.

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St. Moritz para el jet set


St. Moritz para el jet set

St. Moritz: para el jet set (y aspirantes al club).
Cualquier adjetivo que pueda aplicarse a un personaje famoso le sienta bien a St. Moritz: brillante, caro, extravagante, refinado. Nada más alejado de la típica postal suiza con vaquitas y geranios. Si bien la arquitectura no es maravillosa, el entorno compensa todo: una cadena de lagos a los pies del Piz Bernina con sus cuatro mil metros de altura. El jet set se hospeda en Dorf, en las faldas del noreste, y quienes aspiran a ser parte de ese club exclusivo llegan hasta Bad, más económico y a la orilla del lago. St. Moritz no es para principiantes a menos que vayan de shopping o a disfrutar de los restaurantes, donde es indispensable usar corbata. Para comer bien y disfrutar la vista vaya al Muottas Maralag o al Rosegg, al filo del glaciar. Las actividades son igual de exquisitas: pernoctar en iglúes, descender el bobsled de hielo, esquiar de noche bajo la luna llena y apostar en los casinos de los hoteles Kulm y Kempinski. Para esquiar, Corviglia-Piz Nair es lo más conveniente. De Dorf parte un funicular que lo lleva a media montaña y en una góndola puede subir a la cima del Piz Nair para iniciar el descenso. Luego están Corvatasch, Diavolezza y Lagalb. Los aeropuertos más cercanos son los de Milán (200 kilómetros), Basel (298 kilómetros) y Munich (360 kilómetros). El pase de montaña es válido en cinco resorts, y para el sistema de transporte (36 dólares por día).

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Conociendo Croacia


Antes de partir la gente nos preguntaba: “¿A qué parte de Europa van?”. Todos imaginaban las grandes ciudades: París, Roma, Madrid. Pero nosotros respondíamos: “A Croacia“. Obviamente nuestra respuesta resultaba bastante extraña y lo único que se le cruzaba por la cabeza a nuestra familia y amigos eran minas, guerra y bombas. Finalmente partimos a nuestro destino: cuatro mexicanos en tierras croatas. El 18 de junio a las 7:30 horas pisamos el puerto de la ciudad de Split, y bajamos inmediatamente del barco para rentar un auto y empezar la aventura. En la carretera, con dirección a Dubrovnlk, no dejábamos de maravillarnos a cada momento de los impresionantes paisajes balcánicos. Encontramos un país donde la gente es increíblemente cálida, con buena comida, mucha historia, excelente música y paisajes Indescriptibles. ¿Qué más podíamos pedir para unas vacaciones?

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La historia de Pompeya


Pompeya, Herculano, Estabia y Oplontis sólo conocieron del Vesubio su arrasador nacimiento. En realidad, las sacudidas que aquella fatídica mañana del 24 de agosto del año 79 anunciaban una de las peores tragedias del mundo antiguo procedían de la Somma, un volcán con 35.000 años de existencia. Al provocar la desaparición de las cuatro poblaciones clásicas, ponía fin a su vida y cedía el testigo al hijo que saldría de sus entrañas, el Vesubio. Este es el relato de los hechos. Como todos los veranos, una buena parte de los 20.000 habitantes de Pompeya -urbe comercial y propensa a las sensualidades dionisiacas- se ha trasladado hacia sus villas de campo para huir del calor que hace en la bahía de Ñapóles. NI las aguas del Samo, el río que rodeaba la ciudad hasta el advenimiento de la catástrofe, rebaja las temperaturas. En Miseno (ciudad del extremo septentrional de la bahía donde estaba radicada parte de la flota romana del Mediterráneo), el almirante Plinip el Viejo recibe a la una del mediodía el aviso de que una extraña nube negra se extiende por el horizonte. Su sobrino, Plinio el Joven, que se encuentra a escasa distancia de allí, en Baia, advierte la situación y observa detenidamente los acontecimientos. Las cartas que éste dirigirá luego a Tácito constituyen el vivo y fidedigno relato de la tragedia. La columna de cenizas y gases agranda su amenaza, adopta la forma de un tronco y después se metamorfosea en un vasto pino. La oscuridad se adueña del día acompañada por un atronador movimiento de tierras. Plinio el Viejo ordena a sus naves poner rumbo hacia las poblaciones al sur de la bahía. Al aproximarse a sus orillas, se desencadena la tempestad y tiene que refugiarse en Estabia, en una quebrada del golfo. Para entonces, arrecia una lluvia de cenizas y piedra pómez; las ciudades se ven invadidas por gases sulfurosos. Cae la noche y los habitantes que han decidido huir se acercan a las embarcaciones, pero es imposible partir. Plinio se refugia en una villa de Estabia y, como tantos, perece asfixiado por los gases. Quienes resisten a los efluvios venenosos, mueren sepultados bajo las nubes de cenizas ardientes, Durante tres días, la actividad es incesante. El volcán escupe en total tres kilómetros cúbicos de materiales. Pompeya, Oplontis y Estabia desaparecen del mapa. Herculano, al noroeste del Vesubio, parece escapar al castigo de la ceniza, pero una lluvia torrencial empuja desde el cráter una masa volcánica fluida. Pompeya quedó finalmente enterrada a cuatro metros de profundidad. Herculano, a 20.

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El descubridor de pompeya


El mejor alcalde de Pompeya:
En 1734, el infante Carlos, hijo menor de Felipe V de España, fue nombrado soberano de las Dos Sicillias. Cuando llegó a Napóles, el nuevo monarca compró la finca de recreo de Portici, donde habían sido recuperadas esculturas romanas. Un año después, un ingeniero militar de Zaragoza, Roque Joaquín de Alcubierre, enterado de los hallazgos, pidió su traslado para dirigir el yacimiento, que más tarde se identificaría como la antigua Herculano. Pero las dificultades para penetrar en esta antigua villa, cubierta por una densa capa de lava y los restos de dos ciudades más modernas que tomaron asiento en el mismo lugar, desviaron la atención en 1748 hacia otro foco. En principio se creyó que era Estabia, pero en 1763 el yacimiento fue identificado: se trataba de Pompeya. Alcubierre se hizo cargo de las excavaciones hasta 1780, pero Carlos siempre mostró un entusiasmo total por el proyecto arqueológico, el primero de la historia en utilizar un planteamiento sistematizador. La sensibilidad del monarca fue tal que cuando partió en 1759 hacia España para suceder a su padre, ya como Carlos III, depositó en el Museo Borbónico de Antigüedades de Herculano un preciado camafeo procedente de las excavaciones, en vez de conservarlo en su anillo. Llevado por la nostalgia de no seguir los trabajos in situ, encargó su supervisión a la persona de máxima confianza, su ministro Tanucci. Desde Madrid, el rey pedía que, mientras se vestía, le leyeran los informes semanales con los descubrimientos, a los que respondía con opiniones y órdenes. Pero la ansiedad no le dejaba tranquilo: llegó a solicitar bocetos y modelos en escayola de las esculturas de Herculano, Estabia y Pompeya, los yacimientos que financiaba.

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De paseo por las ruinas de Pompeya


La financiación ha sido el tercer talón de Aquiles de la celebérrima urbe romana. Hasta ahora, sólo la tercera parte de lo recaudado anualmente en Pompeya eran revertidos desde el Ministerio a la ciudad. Lógicamente, la precariedad incide en la seguridad del conjunto monumental. Los 140 guardias que vigilan la integridad de las ruinas no bastan para hacer frente a una afluencia de visitantes que creció un 30 por ciento entre 1994 y 1996; entre ellos, desalmados que no dudan en dejar patente su presencia en forma de graffiti o, como han captado las cámaras ocultas, en robar, piqueta en mano, un emblema familiar. La falta de presupuesto retrasa también la apertura de vías alternativas para descongestionar de público el centro de la ciudad, alrededor del foro. Aunque un nuevo recorrido por los cinco kilómetros de las murallas de la ciudad será visitable en breve, esta ampliación resulta insuficiente.
Por último, pero no menos importante, Pompeya se encuentra en el corazón de una comarca, la Campania, de suelo inestable. Los terremotos -cuando quedó enterrada. Pompeya se estaba recuperando de un movimiento sismico ocurrido en el año 62 de nuestra era- y la furia del Vesubio se han alternado en el tiempo con períodos de letargo. La explosión del volcán en el año 79 fue sólo la última de una serie de cinco erupciones que cambiaron su fisonomía. El más reciente temblor de tierra, ocurrido en el año 1980. sacudió de nuevo las cuatro ciudades enterradas por el Vesubio: Pompeya, Herculano, Estabia y Oplontis.
Las investigaciones de los cuatro países de la Unión Europea se han centrado precisamente en una de las zonas más castigadas por estos seísmos. La reconstrucción italiana de la Casa del Citarista, el estudio holandés del urbanismo de la Región I y la investigación en profundidad de españoles y británicos de dos ínsulas en esa zona demuestran que Pompeya sigue deparando sorpresas. Financiado por el Instituto del Patrimonio Histórico, dependiente del Ministerio de Cultura, el proyecto hispano comenzó a ser realidad en 1988. El objetivo ha sido el trabajo en común: -Hay que colaborar en la documentación del patrimonio con el resto de países. Pompeya es un libro para leer e interpretar y aún falta una información exhaustiva que permita la lectura correcta -declara Mostalac.
Han tenido que pasar, por tanto, 250 años para que Antonio Mostalac reedite la labor del ingeniero militar Roque Joaquín de Alcubierre -natural, como Mostalac, de Zaragoza-, que descubrió Pompeya bajo el impulso de Carlos de Borbón, primero como Carlos VII de Ñapóles y luego como Carlos III de España.
El edificio tratado por los arqueólogos españoles es conocido como I, 8. En el momento de la erupción estaba dividido en tres casas, aunque antes habían compuesto una sola vivienda, señal de que sus primeros propietarios fueron perdiendo poder adquisitivo. El conjunto, construido en el siglo II antes de Cristo, reunía en el momento de la catástrofe una caupona o establecimiento de bebidas y comidas, la Casa de la Estatuilla Indiana (que debe su nombre a una figura de marfil de Laksmi, diosa india de la fertilidad) y un hotel de dos pisos en la parte trasera.

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El turismo en Pompeya


Tarde o temprano, Pompeya desaparecerá. Su redescubrimiento, acaecido hace 250 años, rubricó su condena, aunque la agonía se ha acelerado en los últimos tiempos. Desde entonces, la lava del Vesubio -causa de su muerte pero también de su prodigiosa conservación-ya no protege al mayor museo de la Antigüedad contra sus dos máximos enemigos: la acción de la naturaleza a la que está expuesta y, sobre todo, el moderno y poco respetuoso turismo masivo.
Entre 2 y 2,5 millones de visitantes se pasean al año por las calles de la mítica ciudad sepultada, lo que supone la mayor afluencia de público a un solo lugar en Italia. Simplemente, los mismos pasos dados por las 6.000 personas que transitan a diario por Pompeya aceleran la erosión de mosaicos, templos o calzadas. Por ello, los últimos 50 años de su historia han estado definidos por una política de protección que ha ido reduciendo paulatinamente el área visitable. ¿Será esto suficiente? Si tal y como asegura la Superintendencia de Pompeya -el equivalente a la dirección de una institución cultural en España-, cada año se ve afectado un diez por ciento de sus vestigios, no es de extrañar que los esfuerzos vayan encaminados a acotar aún más la zona franca de paseo. De las 67 hectáreas que ocupa, 44 han sido exploradas y sólo 15 están abiertas al turismo. En 1956, quien pagaba su entrada tenía derecho a recorrer el 36 por ciento de la ciudad. Hoy, sólo es visitable un 14 por ciento. Pronto, tal y como pretende demostrar una exposición con los resultados de los últimos hallazgos, la zona pública podría quedar reducida a un perímetro testimonial. Desde 1996, varios equipos arqueológicos del Reino Unido, Holanda, Italia y España han sacado a la luz interesantes vestigios de la llamada Región I (la ciudad ha sido clasificada en nueve áreas para su estudio), un lugar poco conocido del sector meridional situado junto a la Vía de la Abundancia, la zona comercial de Pompeya. Los frutos de este trabajo serán la base de una exposición apoyada económicamente por el Programa Rafael de la Comisión Europea. Si la experiencia tiene éxito, los restos expuestos bajo techo se ampliarán a otros barrios y viviendas para sustituir, en la medida de lo posible, la visita a la propia ciudad.

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El foro de Pompeya


El foro, antiguo núcleo de ciudad, concentra la mayor cifra de peatones: todos los turistas que llegan a Pompeya -dos millones anuales- pasan por aquí. Esto supone una infinidad de pisadas castigando sus suelos, como lamentan los conservadores.

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