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Restaurantes históricos de Madrid


Restaurante Sobrino de Botin. Madrid 2007

EL SOBRINO DE BOTÍN
DONDE GOYA LAVABA PLATOS
Cuchilleros 17, abierto todos los días de las 13 a las 16 y de las 20 a las 24 horas
Allá por 1722, el cocinero francés Jean Botín llegó a Madrid con la intención de emplearse con algún noble de la Corte. En 1725 abrió con su esposa una pequeña posada al lado de la Plaza Mayor, donde todavía permanece. De esa fecha data el bonito horno de leña decorado con azulejos donde aún hoy preparan los asados, la especialidad de la casa. El matrimonio Botin murió sin descendencia, por lo que su sobrino Cándido Remis se hizo cargo del negocio, que hoy lleva el nombre de El Sobrino de Botin.
El libro Guinness lo designó como el restaurante más antiguo del mundo, y se cuenta que alrededor de 1765 el adolescente Francisco de Goya trabajó aquí de lavaplatos. La parte más antigua del edificio es el comedor, instalado en una bodega del siglo XVI, con su bóveda de ladrillos y paredes de piedra. Pérez Galdós, Hemingway, Graham Greene y John Dos Passos comieron en sus mesas y lo mencionan en sus libros, por eso es una escala turística obligatoria. La sopa de ajo con huevo es famosa, y al probarla comprobará por qué. Otras especialidades son el corderito asado, las alcachofas salteadas con jamón ibérico y las almejas Botin. De postre se recomienda el biscuit de higos y nueces.

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Los mejores restaurantes de españa


 Los mejores restaurantes de españa

RESTAURANTE PEDRO LARUMBE: COMER BIEN EN LA ANTIGUA REDACCIÓN DE UN PERIÓDICO
El Centro Comercial ABC Serrano se despliega en tres edificios donde durante más de un siglo, de 1897 a 1989, tuvo su sede Prensa Española, editora de la revista Blanco y Negroy del periódico ABC. En el corazón de ese centro comercial está el restaurante Pedro Larumbe.
La restauración fue una sabia combinación de modernidad y clasicismo, que es también uno de los pilares de la filosofía del restaurante. Aunque hay elevadores, es un placer subir por la escalera que lleva a las antiguas oficinas del periódico. Ahí se puede elegir entre el Salón Fundador, antiguo despacho del fundador del periódico, Torcuata Luca de Tena, y el Salón Pompeyano, una de las muestras de art déco más significativa de Madrid. Un tercer salón se encuentra en el Patio Andaluz, con una magnífica cristalera en el techo; los arcos, coronados por azulejos y una moldura de madera, son el contrapunto perfecto del suelo, tapizado del mismo material.
En 1996 Pedro Larumbe abrió el restaurante que lleva su nombre, donde ofrece su cocina de mercado. La carta cambia cada temporada para ofrecer los mejores productos en su mejor momento de aroma y sabor. En verano, por ejemplo, puede degustarse la ensalada de langosta con salsa de almendras y aceite de naranja, o el rodaballo con chipirones a la parrilla y sopa de tomate al estragón. Y en invierno, risotto de mariscos y queso cremoso o magret de pato hembra con escalopa de foie y confitura de cebolla roja.

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El monasterio de tentudia


Un retablo de azulejos que representa a san Agustín preside una de las capillas mudejares del monasterio de Santa María de Tentudia, en Calera de León (Badajoz). En sus sepulcros yacen dos miembros de la orden de Santiago.

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Fotos del monasterio del escorial


Monasterio de El Escorial.
“Madrid está hueca por dentro”, explica el chofer del autobús que abandona la ciudad de Madrid, con rumbo noroeste, hacia la Sierra de Guadarrama. Al parecer, el hombre se refiere a la proliferación de estacionamientos y a las nuevas líneas de subtes que hacen del sub-mundo madrileño un hormiguero humano. Sin embargo, entre el vapor y la niebla de invierno, la frase tiene un lado enigmático. En efecto, aquí a cada paso emergen viejas historias, borbotean rústicos aromas y asoman los diferentes rostros de Madrid, la actual y la antigua.
El Monasterio de El Escorial, ubicado a 50 kilómetros al noroeste de Madrid, es el principal expo-riente arquitectónico de la Contrarreforma católica del siglo XVI. Felipe II lo mandó a construir con dos propósitos: conmemorar la victoria de San Quintín del 10 de agosto de 1557 -el día de San Lorenzo- sobre las tropas francesas y contar con un edificio donde guardar los restos mortales de los reyes de España, empezando por su padre, Carlos I (Carlos V de Alemania). La obra comenzó en 1563 de la mano de Bautista de Toledo, al que sucedería muy pronto su discípulo Juan de Herrera, que plasmó aquí el estilo que más tarde se conocería como herreriano: exteriores sobrios, hasta severos, para una puesta en escena afín al espíritu de la Contrarreforma que enarboló Felipe II durante su reinado. De camino hacia San Lorenzo de El Escorial, el poblado de unos 15 mil habitantes que rodea al monasterio, la autovía 6 pasa junto a la Puerta de Hierro, una de las cinco que tuvo la antigua Villa. Cerca de aquí pasó su exilio Juan Domingo Perón bajo el franquismo, con el peronismo proscrito.
Hace rato también ha quedado atrás el Palacio de la Moncloa, residencia oficial del presidente español, cuando aparece el lujoso barrio residencial de Las Rozas. Sobre las empalizadas que lo separan de la autopista asoman las enormes copas de los árboles y los tejados de sus impresionantes chalés. Ahora el arco que cubre la historia es breve, casi ridículo. Dicen que hasta el año pasado, ahí vivía el futbolista inglés David Bec-kham. El trecho perderá glamour, pero gana encanto. La carretera se vuelve algo más escarpada y aparecen los campos de bellotas destinados al engorde del cerdo. El aire refresca y por fin, a 1.050 metros sobre el nivel del mar, asoma la oscura silueta de piedra del Monasterio del Escorial. Alrededor suyo ha crecido un pueblo de una riqueza sobria, con impecables callejuelas llenas de luz y largas hileras de pinos que parecen una extensión natural -aunque más moderna- del monasterio del siglo XVI. Con 2.600 ventanas, 9 torres y hasta 88 fuentes, el monasterio fue la obra que soñó y ejecutó en 21 años (entre 1563-1584) Felipe II, uno de los reyes más poderosos que jamás tuvo España. El mismo supervisó su construcción desde el antiguo Alcázar de Madrid, aquí estableció su residencia de verano y aquí murió, en 1598. Si deseas conocer mas lugares para visitar te recomendamos visite fotos paisajes hay muchos lugares increibles del mundo.

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Visitando el Monasterio de El Escorial


Monasterio de El Escorial.
“Madrid está hueca por dentro”, explica el chofer del autobús que abandona la ciudad de Madrid, con rumbo noroeste.
Sin embargo, muy pronto el centro de la fiesta traspasó las fronteras de La Villa y los cortesanos madrileños buscaron en los prados y bosques de sus afueras un lugar para el recogimiento o la voluptuosidad de sus almas. De ahí que sea en estampas periféricas, lugares perfectos para una escapada, que se mantiene hasta hoy el reflejo de aquella ciudad imperial que atropello el tiempo.

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Del crucero al monasterio del escorial


El Monasterio del Escorial, Aranjuez y Chinchón, en una recorrida por las afueras de la capital española.
Madrid no le es del todo fiel a la memoria, quizá por eso siempre vale otra vuelta. Entre quienes la conocieron durante el albor democrático de los 70 o durante su loca movida en los 80, no encaja del todo este ir y venir de jóvenes enconjuntados que parecen recién salidos de una vidriera, el crisol de etnias que se apiñan en cada boca de subte, esas miradas enfrascadas en coquetos anteojos de diseño que revisan las ofertas que les depara el invierno mientras recorren sus calles todavía decoradas con guardas luminosas y motivos navideños que firman Agatha Ruiz de La Prada y otros artistas de la pasarela. Pero esta Madrid pos-moderna convive y se abre hacia otra que allá por el XVI fue el corazón de un Imperio donde “el sol no se ponía”. Hasta que en 1561 Felipe II fijó su residencia aquí, el rey y su corte no habían tenido una sede fija (Toledo era la más habitual). Sin embargo, muy pronto el centro de la fiesta traspasó las fronteras de La Villa y los cortesanos madrileños buscaron en los prados y bosques de sus afueras un lugar para el recogimiento o la voluptuosidad de sus almas. De ahí que sea en estampas periféricas, lugares perfectos para una escapada, que se mantiene hasta hoy el reflejo de aquella ciudad imperial que atropello el tiempo.

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