Londres Archive

Cotswolds de inglaterra


LIBRO DE CONSULTA
El paisaje rural inglés:
LO BÁSICO.
Los ciudadanos de Colombia, Venezuela y Ecuador requieren visa para la Gran Bretaña. Moneda: Libra Esterlina. Clave lada internacional 44.
CÓMO LLEGAR.
En el aeropuerto Heathrow hay un servicio exprés a la estación de Paddington. de ahí salen trenes a Moreton-in-Marsh y Chel-tenham Spa. La ruta es operada por First Great Western (www. /irstgrearwestern.co.u/c).
CÓMO MOVERSE.
Para moverse de un pueblo a otro, lo mejor es el transporte público que a través de distintas líneas conecta toda la región. Los horarios cambian según la época del año (www.g/oucester-sh/re.gov.u/í/busíímefaDÍes).
CUÁNDO IR.
El verano es la mejor época. Agosto registra temperaturas máximas de 20 °C. Mayo y septiembre también ofrecen buen clima y menos turistas.
EN LÍNEA.
Pide a www.fhe-cofswofckorg que te envíen una guía para planear tu viaje. El servicio es de lo más efectivo. Una vez solicitado, el envío llegará en un lapso no mayor a cuatro semanas.
PUNTOS DE INTERÉS.
Snowshill Lavender. Abre a partir del 23 de mayo hasta el primero de noviembre, l-lill Barn Farm. Snowshill. Broadway. Tel. (44) 1451-854821 (www.snowshill-lavender.co.uk). The Oíd Manse Hotel. Victoria Street, Bourton-on-the-Water, Gloucestershire. Tel. (44) 1451-820082 (www.o/dmansehofeí.com). The Broadway Tower. De abril a octubre: 10:30 am a 5 pm todos los días. De noviembre a marzo: 11:00 am a 3:00 pm sábados y domingos.  a44 Evesham/Moreton in Marsh route. Broadway, Worcester-shire (wwwhroadwaytower.co.uk). The Duke of Wellington, pub y hotel. Sherbourne Street, Bour-ton on the Water, Gloucestershire. Tel. (44) 1451-820539 (www. dukeofwellingtonimxcom). Stratford-upon-Avon. En esta ciudad nació William Shakespeare. Su antigua casa es una de las principales atracciones turísticas de la región. Stratford-upon-Avon Tourist Information CentreBridgefoot, Stratford-upon-Avon. Warwickshire, CV37. Tel. (44) 870-1607930. Bath Spa. Abre todos los días de 9:00 am a 11:00 pm. Hot Bath Street, Bath, BAl lSJ. (44) 888 0844 {www.thermaeba-thspa.com).
Batsford Arboretum. Considerado como entre las joyas de los Cotswolds, este jardín ofrece una de las colecciones de árboles y arbustos más grandes de la Gran Bretaña.

COSTUMBRES. Los Cotswolds viven a su propio ritmo.” Para quienes creen que los ingleses no tienen platillos representativos, los Cotswolds les harán cambiar de opinión. No importa cuan pequeño sea un hotel o una posada, todos sirven delicias gastronómicas. Los lugareños tienen predilección por las aves -sobre todo por el pato y la gallina de Guinea- así como por espárragos y ensaladas que suelen ser cosecha de la región. El cordero ocupa un lugar importante en los menús, pero eso sí, siempre preparado de diversas formas. En cuanto a los postres, la oferta es variada: hay desde Créme brülée con grosella recién cortada, hasta un pay de queso con moras silvestres.” Los Cotswolds toman su nombre de la piedra homónima ae a z,i era-construidas casas, iglesias y comercios; el mineral de color amarillo pálido es una caliza característica de esta región y su color puede variar ligeramente de un punto a otro.”Tan orgul eses se sienten los lugareños de su estilo de vida, que incluso editan la revista Cotswolds Lije. La publicación tiene, además, un apartado de sociales y estilos de vida.

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Cotswolds de inglaterra


LOS COTSWOLDS.
Corazón de la vida inglesa.
Casi desconocido para el turismo latinoamericano, este rincón de Inglaterra esconde en su gente y en sus costumbres un estilo de vida que permanece ajeno al transcurso del tiempo y a los impulsos consumistas que riqen la vida de las grandes ciudades.

aleja de la estación de Paddington y la urbe comienza a diluirse con el campo, la idea romántica de que aún existan en Inglaterra aldeas y pueblos perdidos en medio del campo resulta más verosímil de lo que podría parecer estando en medio del West End londinense a las dos de la tarde. Pero no es hasta que el tren deja atrás las ciudades de Slough, Reading y Oxford que la idea toma una forma verdadera y entonces sí se convierte en certeza. Afuera, en la ventanilla, sólo hay un verde uniforme que se extiende hasta donde alcanza la vista; por allá, algunas ovejas alegran la vista y a lo lejos destaca, entre las copas de los árboles, el pico de una iglesia.
Cuando el tren se detiene, el letrero de la estación dice Moreton-in-Marsh, mi parada. Al menos por tren, este pueblo es la mejor puerta de entrada a una región rural donde la belleza y la calma, junto con el color de las casas -construidas a partir de grandes bloques de piedra color miel- son el común denominador. Los Cotswolds constituyen una zona ubicada al suroeste de Inglaterra en el condado de Gloucestershire, compuesta por una constelación de pueblos, casas y aldeas, en las que aún hoy prevalece un estilo de vida que se rige por la búsqueda de rincones acogedores, pequeños comercios, tea ro-oms, mercados, tiendas de antigüedades y, aunque parezca mentira, por un turismo que a lo largo de los años, con mucha paciencia, ha ido descubriendo el encanto del lugar.
Es precisamente esto último lo que con el paso del tiempo ha detonado lentamente la proliferación de Inns, que al más puro estilo de las viejas posadas ofrecen un alojamiento tipo casero que nada tiene que ver con el hospedaje tradicional que caracteriza a las grandes cadenas hoteleras. Aquí, en cambio, cada habitación tiene su propia personalidad y es común que la decoración varíe de una a otra aún dentro del mismo hotel. Las chimeneas, los pubs alfombrados, los restaurantes y el rechinar de la madera bajo los pies son -no obstante- características que todos comparten y que por momentos le hacen sentir a uno que ni siquiera en el propio hogar se podría estar mejor.
Casi cada hora, un camión del transporte público sale de Moreton-in-Marsh rumbo a dos de los principales destinos de la región, uno de ellos Stow-on-the-Wold, y el otro Bourton-on-the-Water. Entre ambos, se levantan dos pequeñísimos poblados conocidos como The Slaughters, en los que más que otra cosa se pueden apreciar casas típicas, pubs, tiendas locales y el hotel de lujo The Lords of the Manor, que brinda servicio a los viajeros en un edificio del siglo XVII.
Por ser tan rural, las vías férreas no llegan a todos los destinos, así que debo recurrir al transporte público, y de paso mezclarme con los habitantes que lo utilizan como único medio de trasporte.

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Ciudades de inglaterra


ME HE PASADO DÍAS MIRANDO desde la distancia la cúpula de Saint Paul. Ahora estoy parado junto a la obra maestra de Wren, una de las catedrales más famosas del mundo. Comparte la Paternóster Square con edificios pos-modernos de oficinas, y el horizonte oriental con el Pepinillo. Me uno a un grupo que explora el extenso interior, que está iluminado por la luz que proviene de la célebre cúpula de Wren. El techo de la nave mayor es una intrincada mezcla curvilínea de oro y mosaicos predominantemente azules y verdes; el vitral que se alza detrás del altar recibe abundante iluminación. He aquí una estructura, pienso, que puede competir con cualquier estructura nueva, tal vez no en altura, pero sí en cuanto al efecto de moderación en las vistas y en los sonidos que la rodean: una especie de tranquilizante arquitectónico.
Un sacerdote joven está rezando por todos los afectados por la confusión de las finanzas globales, “en particular por los de aquí, de la City”. Los visitantes se mueven en silencio a lo largo de las paredes con audífonos puestos. Tomo las escaleras que suben hacia el cielo para tener una perspectiva totalitaria de este experimento urbano sin parangón que es la City, subiendo primero a la galería en la base de la cúpula, y luego hasta la Stone Gallery. El gentío deja pasar a unos cuantos que con determinación se aferran a unas escaleras en espiral de hierro. Luego del escalón 528, emerjo al aire libre en la Golden Gallery, desde donde se tiene una vista de 360 grados.
El viento está soplando, pero el ritmo de innombrables herramientas hidráulicas se oye más fuerte. Un pequeño ejército de proverbiales hormigas labora mucho más abajo, con camisetas amarillo brillante y cascos de obrero. Siento completa la fuerza visual del 30 de la calle Mary Axe y de sus competidores, y la disminución de las asociaciones románticas del pasado. Todas esas iglesias históricas, los pubs, las bolsas mercantiles, los parques, las tiendas que he visitado, parecen haber sido tragados por la acumulación de lo nuevo para dar acomodo a cantidades de gente que ni un Dr. Johnson, ni siquiera un Dickens, pudieron haber imaginado.
Pero las ciudades se aprecian mejor en close-up, desde el pavimento, no desde esta perspectiva capaz de provocar hemorragia nasal. Allá abajo, el pasado y el presente coexisten de manera admirable, en mi opinión. La nueva arquitectura de la City puede ser brillante e imponente, pero también necesitamos esos viejos edificios y espacios abiertos para relajar la mente y hacer tolerable la intensidad urbana. Sin ellos, no podemos tratar de entender el presente. James Conaway y Catherine Karnow son dos colaboradores constantes en la edición estadounidense de Traveler.

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Iglesias de inglaterra


“Vendemos más champaña que cualquiera de las otras tiendas que tenemos en Londres”, dice Diosa Podda, empleada de Oddbins, una tienda de vinos. “Nos llega gente aquí que compra burbujas cuando el mercado está a la alza, y nos llega cuando está a la baja”.
La tienda vecina es A. Booth, Ltd., floristas, es el establecimiento que más tiempo lleva en Leadenhall. El propietario Terry Dawson me relata cuánto extraña las viejas tiendas de carnes de aves de corral y de caza. “Las últimas en irse fueron las pescaderías. Se fueron porque las casas financieras dejaron de tener sus propios chefs y mayordomos, los cuales solían bajar aquí diariamente para comprar. Hoy día todos comen fuera”.
Los callejones están llenos de gente, muchas personas están enviando mensajes de texto o están pegadas a sus teléfonos celulares. Pero detente y pídeles que te indiquen direcciones, e invariablemente te serán útiles; la gente es tan agradable como apresurada. Corredores de bolsa que toman una pinta afuera de la Lamb Tavern conversan con colegas mientras observan a otros trajeados subir y bajar por un costado del edificio Llo-yd en asombrosos elevadores de cristal. Cuando esta gigantesca aseguradora internacional construyó estos cuarteles generales en 1986 causó sensación, pues parecen un amontonamiento de gigantescas latas de plata, y con tuberías y ductos expuestos: una estructura sacada directamente de la película The Matrix.
Ninguno de estos nuevos edificios existía cuando vivía en Londres, y toma un poco de tiempo acostumbrarse. Cuando le pregunto a un guardia de seguridad acerca del fenómeno del Lloyd’s, me dice en tono confidencial: “A algunos les gusta; otros creen que es endemoniadamente horrible”. El más reciente y el más controvertido de los edificios nuevos en la City es el número 30 de la calle Mary Axe, de 40 pisos. Diseñado por Foster & Partners, una de las firmas de arquitectura estelares en Inglaterra, localmente se le conoce como “Pepinillo” (los londinenses adoran sus sobrenombres culinarios), pero para mí parece más bien como un dirigible negro recubierto con cintas de acero y colocado verticalmen-te. Su exterior de doble capa está diseñado para máximo aislamiento, y es el rascacielos con las bases ecologistas más sólidas en todo Londres.
Acurrucada entre el Lloyd’s y el 30 de St. Mary Axe se localiza una modesta iglesia pequeña del siglo XVI, Saint Andrew Undershaft, cuyo nombre hace referencia al palo de cintas que alguna vez se erguía frente a ella (undershaft significa bajo el asta). Esta iglesia atrae las miradas, apartándolas de los gigantes que se alzan a su alrededor, con su economía de escala y con el contraste de su textura de piedra erosionada por el tiempo. Parte de la genialidad de la preeminencia de la City como uno de los más importantes centros financieros del mundo ha sido la preservación de edificios antiguos, los cuales suavizan a los nuevos y ofrecen un complemento histórico. Saint Andrew, al igual que otras más de 40 iglesias aquí, dos de ellas con por lo menos mil años de antigüedad, minimiza las calidades discordantes de los estilos contemporáneos que entraron en competencia, y nos recuerda la estética de épocas anteriores.

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Visitar londres


Desde ahora puedo ver que el dinero es solamente una parte de las múltiples capas de historia de la City. Aquí también se ve una asombrosa concentración de edificios históricos que son ¡cónicos. Escondidos en callejones y pasajes cubiertos hay tabernas y tiendas que se remontan a la época de Chaucer y que desde entonces han sido mencionadas en las obras de numerosos escritores célebres de Inglaterra. En calles anchas y angostas se yerguen varias leyendas de piedra, a veces junto a altísimas estructuras nuevas.
Siempre de prisa -a no ser que estén leyendo un periódico en un pequeño parque como de bolsillo al mediodía, o cobijando un tarro de cerveza afuera de un pub bajo la luz angulada donde el tiempo se detiene-, hay personas, muchas de ellas de joven edad, que trabajan y se mueven aquí, incluso viviendo en otra parte, dándole a la City un aire de juventud que no corresponde con su antigüedad, y una energía impropia de su reputación de ser el alma impasible del conservadurismo británico.
“Todo el mundo aquí viene de alguna otra parte”, asegura Rees, “somos verdaderamente una ciudad de inmigrantes, con 300 idiomas que se hablan en Londres. Jóvenes de todo el mundo mueren por venir aquí, ¿y sabes por qué? Porque todo es una gran fiesta. Sucede que están en lo más alto de sus capacidades sexuales e intelectuales, y obtenemos el beneficio de lo segundo gracias a su interés en lo primero”.
Rees es el oficial de planeación urbana para la City de Londres, que es administrada desde oficinas adyacentes al ornamentado Guildhall, que no está lejos y que tiene aproximadamente 650 millones de dólares de ingresos anuales, así como su propia policía. Rees, aconsejado ocasionalmente por English Heritage, una agencia cuasi-gubernamental, decide si los nuevos edificios llegan a construirse aquí, y cómo. La verdad es que él tiene “un umbral de aburrimiento muy bajo, de modo que por su propio interés los arquitectos tienen que hacer propuestas atractivas”.
El espacio abierto que se ha conservado es importante para la mayoría de los londinenses, para quienes el pasto verde y las líneas visuales hacia sitios como St. Paul son sagrados. Pero también lo son las rutas que solamente se pueden explorar a pie. Rees me lleva calle arriba por Lombard, la histórica vía pública de Lloyd’s, Barclays y otros bancos. “Todo el asunto comenzó, como sabes, en la taberna pública Black Spread Eagle en 1690. Tal es la razón por la que algunos emblemas de bancos todavía se ven como letreros de pubs. Era tanta la gente que empezó a correr acciones en esa época, que fue necesario construir una bolsa de valores para darles cabida a todos”.
Afuera de la Jamaica Wine House, hombres y mujeres beben los tragos del mediodía. Podrían estar en el West End en 1969, excepto que en vez de pantalones acampanados y estampados hindúes, visten trajes oscuros y corbatas. Casualmente escucho a uno, que viste un traje con discretas franjas blancas, decirle a otro, de chaleco y reloj de bolsillo: “Oro no puedo (demasiado caro). Bonos no puedo (demasiado impredecibles)”.
“Aquí es donde los negocios siempre se han hecho”, afirma Rees, “en callejones afuera de pubs, entre gente que está parada por ahí con su tarro de cerveza, conversando. Uno de los motivos por los que la City funciona es porque hay un gran número de lugares como este”.
Al despedirnos, Rees me sugiere que visite la cima de la Tower 42, el edificio más alto de la City y sede de Vértigo 42, un lugar frecuentado por corredores de bolsa que tiene una de las mejores vistas del distrito financiero. Es tan popular que tengo que hacer una reservación para un simple lugar de pie. Desafortunadamente, el sitio en el que soy acomodado está detrás de una columna. Todo lo que puedo ver a través de las altas ventanas es un poco de Tower Bridge al Este, y para empeorar las cosas estoy ensartado con una cuenta de 35 dólares por una copa de champaña. Todo por volar alto.
SUBO POR CORNHILL STREET hasta el Leadenhall Market, el laberíntico emporio al aire libre diseñado en 1881 por Sir Horace Jones. Fue construido sobre lo que había sido un mercado desde la época de los romanos. En la actualidad, los ocupantes de las viejas tiendas son en su mayoría restaurantes para alimentar.

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Postman park


EL PARQUE POSTMAN proporciona un inesperado conducto con alfombra de pasto a la calle King Edward, y tomo Little Britain -detrás del hospital Saint Bartho-lomew- hasta encontrarme ante la magnificencia de la parroquia más antigua existente en Inglaterra: Saint Bartholomew The Great. Fundada en 1123 como un priorato agustino, está intacta, lo mismo que el pequeño cementerio a la sombra de viejos árboles que queda delimitado por el Cloth Fair, un moribundo mercado de telas. Dentro de la iglesia, el techo de madera oscura, enormes arcos de piedra y grupos de columnas son el soporte de una de las dos iglesias normandas que se conservan en Londres, oliendo a incienso y a los misterios de la fe medieval. Me siento ligeramente nervioso al caminar sobre el piso de piedra en presencia del fantasma de William Hogarth, artista del siglo XVIII que fue bautizado en la fuente que data de antes de la Reforma.
Gordon Furry, sacristán de Saint Bartholomew, y anteriormente novicio benedictino, me dice que la iglesia es “uno de los secretos mejor guardados de Londres. Tenemos gran cantidad de bodas y el servicio anual para la Venerable Compañía de Carniceros”.
Una vez al año, la venerable Compañía de Carniceros marcha con su estandarte frente al pub Butcher’s Hook & Cleaver y a través de la plaza Saint Bartholomew hasta el mercado Smithfield, donde carne fresca de todo tipo -cerdos completos, la mayoría de las variedades de res, venado, rabos de buey, patos, ganso, perdices- se ha vendido durante los últimos ocho siglos. Decido probar algunas de esas imaginativas interpretaciones de carne en el Saint John Bar & Restaurant, ubicado en lo que fue un ahumadero, con mesas largas, justo a la vuelta de la esquina del mercado. Me apunto al tuétano de hueso asado con ensalada de perejil, a una lengua de buey y a una tarta de higo con crema de Jersey. No soy el único que también está disfrutando del espectáculo de tres le-chones rostizados que son llevados como en desfile a grupos de comensales: Bette Midler está sentada con amigos detrás de mí, y al salir paso enfrente de otro actor, Liam Neeson, que está discutiendo sobre su cuenta con un mesero.
Los carniceros del mercado Smithfield son solamente una de las libreas de Londres, organizaciones de comerciantes que con el paso de los siglos se han vuelto casi sacrosantas. En la calle Upper Tha-mes me detengo para admirar la Vint-ners’ Company. La enorme fachada clásica parece más un edificio gubernamental que un templo dedicado a la uva. Al igual que otras estampas antiguas, los Vinateros se han encontrado de pronto siendo dueños de una parte de los bienes raíces más valiosos de la Tierra, los cuales están llenos de reliquias de arte y de mobiliario acumulados a lo largo de cinco siglos.
La Compañía de Vinateros tiene unos 500 miembros, y esto no se refiere a empleados de las numerosas vinaterías de la City, sino a importadores, comerciantes y otros puestos de jerarquía en el gremio. Una lista de miembros honoríficos incluye a varios nombres distinguidos que no pertenecen al gremio, entre ellos a los escritores ingleses y comentaristas de vinos Hugh Johnson y Michael Broadbent.
Cada año, los Vinateros se atavían con vestimentas tradicionales y se dirigen en masa al otro lado de la calle Upper Thames hasta la iglesia de Saint James Garlickhythe para recibir bendiciones. A la cabeza de todos van el Gran Maestro de los Vinateros y el Barrendero oficial, quien le limpia el camino de todo tipo de basura. Me han dicho que el año pasado, cuando tuvieron que cruzar el puente Southwark para una ceremonia en la orilla sur, al frente de la procesión iban dos policías montados. Me imagino que eso debió haber mantenido ocupado al Barrendero.

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Viajar a Londres


Caminar era una alegría cuando viví en Londres hace 35 años, y lo sigue siendo, especialmente aquí en la City -alias la Milla Cuadrada, donde las famosas calles Threadneedle, Queen Victoria y Lombard vibran con el alboroto de taxis, autos y autobuses que son esquivados por oleadas de figuras que caminan de prisa.
‘Aquí es donde comenzó todo”, dice Peter Wynne Rees, un gales de estatura elevada que me está mostrando los alrededores. “Esta fue la primera ocupación humana, hace miles de años. Los celtas tenían un campamento en lo que eran las orillas del arroyo Wal-brook y lo que tenemos ahora es esto”.
Detrás de nosotros está el edificio de la Royal Exchange, un reluciente centro comercial donde Cartier, Chanel y Bulgari han sustituido a las compañías de corredores de bolsa. El Banco de Inglaterra -la solemne Vieja Dama de Threadneedle Street se ubica a nuestra derecha. Mansión House, la residencia del alcalde de la ciudad, el Lord Mayor of London, está a la izquierda, y en todo su entorno se encuentran las nuevas torres de las finanzas internacionales. Bastante más adelante, más allá de todas las construcciones, se encuentra, observando, la pálida cúpula azul-gris de St. Paul.
La City de Londres fue colonizada después por los romanos, y ha sido por lo menos durante los últimos cuatro siglos el corazón latiente del imperio financiero de Inglaterra. El día de hoy, engullida por la expansión del Londres extenso, la City demarca su perímetro occidental en Fleet Street y Temple Bar, luego del cual se encuentran el West End y Westminster, y al sur está bordeada por el río Támesis. El límite al Este es Spitalfields con la Torre de Londres, y al Norte, Smithfield y Clerkenwell. Pero la City se distingue marcadamente de estos vecindarios debido a su riqueza y a sus nuevos edificios de estilos audaces.

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Catedral st paul londres


Cuando contemplo la cúpula familiar de la catedral de Saint Paul veo el pasado: 300 años de historia de Inglaterra envueltos en un solo edificio glorioso construido por Sir Christo-pher Wren, pero también veo mi propia y muy personal conexión con Londres. Viví aquí a finales de la década de los sesenta y a principios de los setenta, con las omnipresentes letras de los Beatles, el panorama de cabellos largos y moda estrafalaria -¿alguien recuerda Carnaby Street?-, y los gritos cada vez más vociferantes del movimiento contra la guerra. En ese entonces, el mundo entero parecía estar en el vértice de una nueva época. Es irónico que haya regresado en otro momento tumultuoso, en el que la crisis crediticia global está sacudiendo a Londres.
Cuando vivimos aquí mi esposa Penny y yo teníamos un departamento en el West End, en el otro extremo de la metrópoli desde la catedral de Saint Paul ubicada entre los despampanantes edificios nuevos del distrito financiero de Londres. Pero Kensington Gardens, Notting Hill Gate y Earl’s Court eran nuestros barrios. Nuestra hija mayor, Jessica, bien pudo nacer con el Palacio de Buckingham a la vista, pero vivíamos en un ámbito de expatriados, artistas, ingleses de vanguardia y unas cuantas familias asentadas ahí desde antaño. El distrito financiero, con excepción de Saint Paul, era un misterio para un escritor que estaba más interesado en los pubs de Chelsea y de Camden Hill que en las maneras en que Londres realiza transacciones. Pero ahora que regresé tengo el propósito de explorar el sitio que antes había rechazado: las estrechas y sinuosas calles del distrito más antiguo de la ciudad, la City de Londres.

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