La patagonia Archive

Los glaciares y las montañas patagónicas


Macizo de formación granítica:
Uno de los hitos del parque lo constituyen lógicamente las montañas que le dan nombre, esas afiladas Torres (Norte o Monzino, Central y Sur) que se elevan hacia el cielo. Junto a ellas destacan los Cuernos (Norte, Principal y Este), cuya extraña tonalidad bicolor responde a su peculiar configuración geológica. Todo comenzó hace doce millones de años, época en la que se formó una gruesa capa de roca sedimentaria; debajo, apareció una intrusión de magma. Al enfriarse, esta masa ígnea se convirtió en una mole de granito que, sometida a enormes presiones, ganó altura. Después, durante la época glaciar, los campos de hielo cubrieron las bases del macizo, excavando la roca. Finalmente, la retirada de dicho hielo dejó al descubierto el granito (de color gris claro), coronado en sus partes altas por laroca sedimentaria (oscura, casi negra), que no alcanzó a ser cubierta por los glaciares. A los pies de estas formidables montañas fluye todo un entramado hidrográfico de lagos y ríos cuyas aguas provienen mayoritariamente del deshielo de diversos glaciares que descienden del Campo de Hielo Sur. Uno de los más imponentes es el glaciar Grey, blanca lengua de seis kilómetros de anchura que vierte sus témpanos en el lago homónimo. Apartir del glaciar Dickson se origina el río Paine, principal cauce fluvial del parque. Este impetuoso curso cruza un grupo de lagos (Dickson, Paine, Nordenskjold, Pehoé) ubicados a distintas alturas y conectados por tres espectaculares cascadas: Paine, Salto Grande y Salto Chico. El río desemboca en el lago del Toro, cuyas aguas fluyen a su vez hacia el océano Pacífico a través del río Serrano. También existen diversas cuencas cerradas que desaguan mediante filtración o evaporación, entre las que destacan por su colorido y belleza las de la laguna Amarga y el lago Sarmiento. Estas extensiones lacustres poseen una gran salinidad y concentran la mayor diversidad de flora y fauna, atractivos fundamentales del parque. Respecto a la vegetación, se distinguen en el Paine cuatro comunidades bien diferenciadas: el matorral xerófito preandino (calafates y herbáceas como el coirón y la estepa, adaptadas al frío y la sequedad) y el bosque magallánico deciduo, poblado por majestuosas lengas.

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Isla grande en Tierra del Fuego


Lo más notable de la Isla Grande de Tierra del Fuego es, sin duda, su naturaleza. Al norte, las extensas llanuras forman un paisaje azotado casi continuamente por terribles vientos, en el que abundan los grandes rebaños de ovej as Corriedale y las torres de prospección petrolífera. Por el contrario, la región meridional, recorrida por la cordillera Darwin, es un mosaico de salvajes ventisqueros, lagos y ríos. Esta cadena montañosa-en realidad, una prolongación de los Andes paralela ala costa del canal de Beagle- arroja sus nieves sobre los fiordos desde alturas cercanas a los2.500metros. Al otro lado del citado canal, el archipiélago aparece desmembrado en incontables islas. Algunas tienen un tamaño apreciable, como Gordon, Hoste y Navarino, la única que cuenta con poblamientos permanentes. En su costa septentrional se levanta Puerto Williams, cuyos 2.400 vecinos -marinos y pescadores en su mayoría- componen, a decir de los lugareños, el “núcleo habitado más austral” del planeta (Ushuaia, un poco más al norte, ostenta por su tamaño e importancia el título honorífico de “ciudad más austral” del planeta). Puede decirse que aquí termina el mundo; al menos el poblado por seres humanos. Más allá, sólo quedan las islas Wollaston, el cabo de Hornos, punto final del continente americano, el mary los hielos eternos de la Antártida.

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Conociendo el sur de Chile y sus comidas


Poblaciones continentales. El sector continental de la región magallánica alberga inmensas extensiones solitarias dedicadas a la cría del ganado y maravillas naturales como el Paine, pero también tiene espacio para la vida urbana, ya que ésta fue la primera zona de la Patagonia en ser colonizada. De hecho, la gran mayoría de su población actual reside en ciudades. Con 109.000 habitantes y un buen emplazamiento a orillas del estrecho de Magallanes, Punta Arenas, la capital, encarna un ideal de refinamiento infundido por los hombres que la hicieron prosperar. Comerciantes avispados como el asturiano José Menéndez y su yerno, el judío Moritz Braun, fundaron un imperio de estancias, minas y barcos al tiempo que edificaban suntuosos palacetes de inspiración parisina, conscientes de que el lujo ayuda a sobrellevar la lejanía y la soledad. En las cercanías de la Plaza de Armas, poblada de hermosas coniferas que dan sombra a la estatua de Hernando de Magallanes, aún se levantan algunas de las mansiones antaño habitadas por los terratenientes ganaderos: la de Alejandro Menéndez Behety, la de José Montes (actual Municipalidad), o las de la Sociedad Braun y Blanchard y de Juan Blanchard, diseñadas por el arquitecto Beaulier.
Recuerdos del pasado
También son muy notables el palacio Sara Braun, ocupado hoy por un elegante hotel, y el palacio Braun Menéndez, que alberga el interesante Museo Regional de Magallanes, lleno de recuerdos sobre la peripecia histórica de los habitantes de la zona. También merece la pena visitar el Museo Salesiano, creado por los misioneros homónimos en 1893 y completísimo en todas sus secciones (etnología, historia, flora, fauna, artesanía indígena…); o el cementerio municipal, cuyos soberbios mausoleos permiten apreciar la ostentación que desplegaron, tanto en vida como en muerte, las acaudaladas familias de estancieros. El impulso económico que procuró la ganadería no sólo hizo prosperar Punta Arenas, sino que también fue el origen de la fundación en 1911 de Puerto Natales (18.000 habitantes), segunda población de Magallanes. Gracias a su ubicación a orillas del seno Ultima Esperanza -un brazo del Pacífico-, pronto se convirtió en punto de salida de la producción cárnica de la zona, concentrada en el complejo industrial Bories, que daba trabajo a los colonos llegados a la ciudad. Después, diversos incendios arruinaron la fábrica, que hoy sólo funciona como matadero y frigorífico. Por esta razón, muchos habitantes de Natales se ven obligados a cruzar semanalmente la frontera para trabajar en las minas de El Turbio, en Argentina. Puerto Natales no tiene monumentos notables ni el refinamiento urbano de Punta Arenas, pero conserva todo el encanto de un poblado de pioneros, con su agradable plaza, su iglesia y las casas de madera de vivos colores que descienden en suave pendiente hacia el muelle. En sus alrededores puede visitarse la cueva del Milodón, donde el explorador alemán Eberhard halló los restos de un animal prehistórico.

La comida del sur de Chile es rica y variada, con condimentos que no resultan extraños al paladar español. Entre los mariscos, la estrella es la centolla, un crustáceo de delicado sabor que se captura en las cercanías del cabo de Hornos. También hay buenos moluscos, como cholgas (mejillones), ostiones, choros y locos, que forman la base de varios chupes (sopas) y cazuelas tradicionales. Un plato típico es el curanto, suculento guiso de mariscos, pescado, carne y patatas. La oferta para los ictiófagos incluye congrios, merluzas, meros, pejerreyes y, sobre todo, salmones, que se consumen tanto frescos como ahumados. La Patagonia también es famosa por su carne, procedente de las estancias ganaderas. La de vaca, preparada en diversos cortes y asada sobre carbón, es el componente principal de las parrilladas. Como recurso de comida rápida, nada como un emparedado de churrasco (bistec) con palta (aguacate), o una empanada rellena de verdura, huevo, pollo, aceitunas, jamón y queso. A la hora de los postres, ningún goloso quedará defraudado con los kuchen (se pronuncia cugen), deliciosas tartas introducidas por los colonos alemanes. Y para beber, alguno de los excelentes vinos que se elaboran en la zona central del país, o un pisco sour, combinado de aguardiente, zumo de limón, clara de huevo y azúcar.

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Una visita a Ushuaia


Ushuaia, en Argentina, se ha convertido durante los últimos años en la población más próspera de Tierra del Fuego. Es la perfecta representación del confín del planeta, como muestra su cartel señalizador marcando los miles de kilómetros que la separan de otros lugares del mundo civilizado. Nacida a fines del siglo pasado como presidio para acoger a delincuentes peligrosos, hoy es un destino turístico
que cuenta con muchos hoteles y restaurantes. También alberga el interesante Museo del Fin del Mundo, donde se exponen fotos y objetos relativos a los indios fueguinos y la historia de las primeras colonias penales. Pero lo mejor reside en los escenarios naturales circundantes (valle de los Huskies, bahía Lapataia, lagos Roca y Fagnano), casi todos integrados en el Parque Nacional de Tierra del Fuego.

Ushuaia, en Argentina, se ha convertido durante los últimos años en la población más próspera de Tierra del Fuego. Es la perfecta representación del confín del planeta, como muestra su cartel señalizador marcando los miles de kilómetros que la separan de otros lugares del mundo civilizado. Nacida a fines del siglo pasado como presidio para acoger a delincuentes peligrosos, hoy es un destino turísticoque cuenta con muchos hoteles y restaurantes. También alberga el interesante Museo del Fin del Mundo, donde se exponen fotos y objetos relativos a los indios fueguinos y la historia de las primeras colonias penales. Pero lo mejor reside en los escenarios naturales circundantes (valle de los Huskies, bahía Lapataia, lagos Roca y Fagnano), casi todos integrados en el Parque Nacional de Tierra del Fuego.

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El archipiélago fueguino


Desde las primeras expediciones del siglo XVI, la Tierra del Fuego ha causado una mezcla de fascinación y pavor a los europeos que trataron de explorarla. A Darwin, sus yermos eriales le provocaron una “impresión general en el ánimo de completa y desesperante esterilidad”. Sin embargo, los pueblos nativos -esos indios yamanas cuyas hogueras encendidas en la costa induj eron a los navegantes a dar a la región su nombre actual- la consideraban el reino de la abundancia. En efecto, su paisaje es magnífico, lleno de bosques y glaciares que descienden hasta el océano por abruptos valles. En realidad, el territorio conocido como Tierra del Fuego es un archipiélago compuesto por la Isla Grande de Tierra del Fuego, compartida por Chile y Argentina, y de numerosas ínsulas más pequeñas, pertenecientes al estado chileno y deshabitadas en su inmensa mayoría. Separado del continente americano por el estrecho de Magallanes, su extensión total es de 76.000 kilómetros cuadrados, lo que equivale a la superficie de Irlanda. La porción chilena de la Isla Grande es más grande que la argentina, pero ésta se encuentra más densamente poblada; sus dos poblaciones más importantes, Río Grande y Ushuaia, superan los 30.000 habitantes. En el lado chileno, la única población significativa es Porvenir, un núcleo surgido del destacamento policial instalado a orillas del estrecho en 1883, durante la fiebre del oro, y constituido en ciudad en 1894 para proporcionar servicios a las estancias ovejeras. Entre sus 5.000 habitantes hay numerosos descendientes de los colonos serbios y croatas que llegaron atraídos por el preciado metal. Dos horas y media de travesía en ferry conectan diariamente su puerto con Punta Arenas.

El archipiélago fueguinoDesde las primeras expediciones del siglo XVI, la Tierra del Fuego ha causado una mezcla de fascinación y pavor a los europeos que trataron de explorarla. A Darwin, sus yermos eriales le provocaron una “impresión general en el ánimo de completa y desesperante esterilidad”. Sin embargo, los pueblos nativos -esos indios yamanas cuyas hogueras encendidas en la costa indujeron a los navegantes a dar a la región su nombre actual- la consideraban el reino de la abundancia. En efecto, su paisaje es magnífico, lleno de bosques y glaciares que descienden hasta el océano por abruptos valles. En realidad, el territorio conocido como Tierra del Fuego es un archipiélago compuesto por la Isla Grande de Tierra del Fuego, compartida por Chile y Argentina, y de numerosas ínsulas más pequeñas, pertenecientes al estado chileno y deshabitadas en su inmensa mayoría. Separado del continente americano por el estrecho de Magallanes, su extensión total es de 76.000 kilómetros cuadrados, lo que equivale a la superficie de Irlanda. La porción chilena de la Isla Grande es más grande que la argentina, pero ésta se encuentra más densamente poblada; sus dos poblaciones más importantes, Río Grande y Ushuaia, superan los 30.000 habitantes. En el lado chileno, la única población significativa es Porvenir, un núcleo surgido del destacamento policial instalado a orillas del estrecho en 1883, durante la fiebre del oro, y constituido en ciudad en 1894 para proporcionar servicios a las estancias ovejeras. Entre sus 5.000 habitantes hay numerosos descendientes de los colonos serbios y croatas que llegaron atraídos por el preciado metal. Dos horas y media de travesía en ferry conectan diariamente su puerto con Punta Arenas.

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El parque nacional de los glaciares


El Parque Nacional de los Glaciares, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1981, abarca los diez ventisqueros del Campo de Hielo Sur (Marconi, Viedma, Moyano, Upsala, Onelli, Spegazzini, Mayo, Ameghino, Perito Moreno y Frías) que vierten hacia Argentina. Entre todos destaca el Perito Moreno, que por sí solo justifica una excursión accesible desde Chile, ya que está cerca de las Torres del Paine. Su peculiaridad es que se trata del único ventisquero que no se encuentra en regresión. Así como los cambios climáticos han hecho retroceder los demás glaciares, el Perito Moreno alarga su lengua a razón de cien metros anuales sobre el lago Argentino, llegando a alcanzar la orilla opuesta, una circunstancia que bloquea por completo dicho lago. Cuando esto ocurre (la primera vez sucedió en 1918 y se repite irregularmente cada varios
años), la presión ejercida por el agua en la pared sur del glaciar hace que el hielo se quiebre, desmoronándose totalmente en 48 horas. La ruptura, acompañada del estruendo de los témpanos al caer, es uno de los espectáculos más emocionantes que brinda la naturaleza. Para aprovechar al máximo la visita, se puede pernoctaren la cercana hostería Los Notros o en el hotel El Quijote, situado en la localidad de El Calafate.

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Los campos de glaciares de la patagonia


La Patagonia poséela mayor extensión glaciar del mundo fuera de las zonas polares: los Campos de Hielo Norte y Sur. Se trata de dos enormes y espesas masas heladas incrustadas entre las estribaciones de los Andes a una altitud media de 1.500 metros; excepto las montañas más altas, cubren todo el territorio. Los picos no alcanzados por la invasión glacial, que sobresalen de las blancas mesetas como islotes rocosos, se conocen como nunataks y muchos de ellos tienen, a su vez, la cumbre cubierta por hongos de hielo. El fenómeno, casi exclusivo de los Andes patagónicos, ocurre cuando la humedad transportada por los fuertes vientos del Pacífico
se congela en las superficies expuestas. Tanto el Campo de Hielo Norte como el Sur, alimentados por continuas nevadas, están protegidos de la fusión por una capa de nubes casi perpetua. Al contrario que otras grandes extensiones glaciares, se mueven en todas direcciones y están relativamente poco agrietados. El Campo de Hielo Norte, en la Región de Aisén, tiene unos 100 kilómetros de longitud y abarca 4.500 kilómetros cuadrados. De él se desgajan, entre otros, los ventisqueros San Rafael, Grosse, Gualas, Soler, de la Colonia, Benito y San Quintín. Contemplar desde la altura este fabuloso espacio helado sobrecoge, pero aún impresiona
más la visión del Campo de Hielo Sur, cuyas dimensiones (320 kilómetros de longitud y anchuras entre 40 y 70 kilómetros) sólo son superadas por la Antártida y Groenlandia. Aunque la mayor parte de sus 14.300 kilómetros cuadrados de superficie se encuentra en en Chile (principalmente en Magallanes), una porción pertenece a Argentina, manteniendo ambos países una disputa territorial sobre la zona. De este campo helado descienden 47 lenguas glaciares, de las que 37 (Pío XI, Montt, Grey, Dickson, Tyndall, etcétera) se desbordan sobre los fiordos del Pacífico. Las otras 10 vierten al Atlántico a través de los grandes lagos que flanquean la Pampa argentina.

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La fauna de la patagonia chilena


Entre los mamíferos terrestres destaca el guanaco (Lama guanicoe), un camélido de la familia de las llamas que vive en manadas en las llanuras, aunque en verano suele subir a las montañas en busca de pasto. También habita los altos pastizales el huemul, ciervo cuya elegante figura forma parte del escudo nacional chileno. Hoy está protegido, al igual que el pudú, el antílope más pequeño del mundo con sólo 50 centímetros de estatura. Todos estos herbívoros comparten un predador natural: el puma (Félix concolor) o león americano, habitante de las montañas y valles cordilleranos, y que, pese a las leyendas que corren, sólo ataca al hombre cuando se siente amenazado. Otras especies curiosas de las tierras patagónicas son el zorro culpeo, de hermosa piel castaña rojiza, y el zorro gris. Las frías aguas costeras de esta región son el habitat natural de numerosos mamíferos marinos, como la ballena (Balaena australis), la tonina, la foca o lobo marino de un pelo, y la foca de piel fina o lobo marino de dos pelos. También hay nutrias, peces como el róbalo, el pejerrey, el congrio, la merluza o la sardina, numerosos moluscos y crustáceos, y fabulosas aves marinas, entre las que destaca el pájaro niño, el pingüino rey, el pingüino de Magallanes, el cormorán y el quetro o pato a vapor, que al no poder volar, “corre” sobre el agua propulsandose velozmente con las alas como si fueran remos. Los cielos cordilleranos son el dominio del cóndor, el mayor ave del mundo, cuya envergadura con las alas desplegadas alcanza cuatro metros. Mientras, correteando por las estepas, se puede ver el avestruz o ñandú, un resto de esa ancestral fauna de tipo australiano. Desde los Andes hasta la costa pululan las águilas, los caranchos y las avutardas, y en los charcos y lagunas hay patos de todos los colores, cisnes de cuello negro, flamencos y unos gansos salvajes llamados caiquenes. Por último, los cortos pero caudalosos ríos patagónicos albergan numerosos ejemplares de salmones y truchas.

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Los indígenas de tierra del fuego


El exterminio indígena

Desde la prehistoria hasta el siglo XVI, los únicos humanos que habitaron el extremo sur de América fueron los indios, nómadas perfectamente adaptados al duro clima de la región. Por un lado estaban los cazadores terrestres: onas en la isla de Tierra del Fuego y tehuelches en las pampas situadas al norte del estrecho de Magallanes. Su principal sustento era el guanaco, del que obtenían carne, leche y pieles para protegerse del frío. Mientras, en las costas y canales se desenvolvían los alacalufes y yamanas, canoeros que vivían de la pesca y de la captura de focas y ballenas. Los cua-
tro grupos coexistían pacíficamente cuando el marino portugués Hernando de Magallanes, al servicio de la corona española, descubrió el paso hacia el océano Pacífico en 1520. Ése fue el primer contacto entre los europeos y los nativos, a los que Magallanes llamó patagones en alusión a un personaje de un libro de caballerías llamado Patagón. Un contacto que se intensificaría a través de sucesivas exploraciones y una lenta colonización que, a la larga, resultó devastadora para los indios. Por su valor estratégico, la región desató desde el principio la codicia de las monarquías europeas, así Fuerte Bulnes fue la punta de lanza de la colonización chilena de la Patagonia. como la de numerosos navegantes y mercaderes. Sin embargo, la dureza del mar, el rigor climático y la resistencia indígena llevaron al fracaso a la mayoría de los expedicionarios del siglo XVI, con lo que a Patagonia fue olvidada durante dos siglos. Sólo a partir de la independencia de Argentina (1816) y Chile (1818), ambos estados comenzaron a expandirse en la región, al tiempo que se intensificaban los viajes científicos. Darwin recorrió las costas patagónicas a bordo del Beagle en
1832 y, apoyado en su teoría sobre la supervivencia del más fuerte, hizo observaciones sobre los indígenas que contribuyeron a su destrucción. Los calificó de “abyectos y miserables”, se mofó de sus canoas y su lenguaje (“un cacareo ininteligible”) y encontraba intolerable que fueran congeneres suyos. Cuando el gobierno chileno inició la colonización con la fundación de Puerto Bulnes. en 1843, la población aborigen -entonces unos 12.000 individuos- fue considerada un estorbo para las tareas de expansión ganadera. En 1919, año en que el misionero polaco Martin Gusinde viajó a Tierra del Fuego para establecer relación con los indios, sólo sobrevivían 600 onas, yamanas y alacalufes. Actualmente apenas quedan 45 alacalufes mestizos en Puerto Edén y algunos yamanas en Puerto Williams.

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El bosque de la patagonia chilena


Es posible que la afirmación de Pablo Neruda de que “quien no conoce el bosque chileno no conoce el planeta” sea una exageración poética, pero no parece exagerado decir que quien no conoce el bosque patagónico no sabe lo que es un bosque, pues aquí alcanza una riqueza y unas dimensiones espectaculares. El sur chileno constituye un espacio de inmensa importancia ecológica, gracias a la gran variedad de paisajes y formaciones vegetales que llenan los apenas 200 kilómetros que separan los Andes del océano. Mientras en la frontera con Argentina se extiende la pampa esteparia, a orillas del Pacífico las grandes precipitaciones (se registran hasta 5.000 milímetros anuales en Palena) permiten el desarrollo de una selva exuberante; en algunas zonas, impenetrable. En este paraíso verde crecen numerosas especies arbóreas, algunas impresionantes por su tamaño y frondosidad, como el coigüe de Magallanes (Nothofagus betuloides) y el coigüe común (Nothofagus dombeyi), que llega a alcanzar los 50 metros de altura. También destacan las lengas (Nothofaguspumilio) y los mires (Nothofagus antárctica), espectaculares en otoño, al ser de hoja caduca. Otros árboles espléndidos son el alerce, el ciprés, el mañío, el arrayán, el laurel y el elegante canelo, de grandes hojas verdes y brillantes, y cuya corteza, introducida en Europa por el explorador John Winter, fue usada como remedio contra el escorbuto.
Tupida alfombra vegetal:
También hay abundantes arbustos, como el tepu, el ciruelillo o notro y el queule, de vistosos frutos rosáceos. En las zonas húmedas y umbrías crecen gigantescos helechos y unas inmensas hojas llamadas nalcas, de hasta tres metros de envergadura, que hacen aún más espesa la trama boscosa. En cambio, las pampas muestran una vegetación descarnada, donde el rey es un pequeño arbusto espinoso llamado calafate (Berberís buxifoliá), presente en todas las zonas áridas de la Patagonia. Tiene unas llamativas flores amarillas y unas sabrosas bayas dulces de color púrpura que, según asegura la leyenda, garantizan a quien las coma el retomo a la región.
Este fabuloso muestrario de flora patagónica apenas ha sufrido alteraciones a lo largo del tiempo, si exceptuamos la introducción por los europeos de especies como el álamo o algunas coniferas. Sin embargo, no ha ocurrido lo mismo con los animales, que se han visto afectados por diversos cambios. Hace tres millones de años, cuando Sudamérica era un continente aislado del resto de América, la Patagonia estaba habitada por una fauna marsupial similar a la de Australia. Pero al crearse el istmo de Panamá, se registró una emigración a gran escala de mamíferos placentarios norteamericanos. Este hecho, junto con la introducción por los europeos de cerdos, caballos, conejos, castores, etcétera, ha configurado un bestiario bien distinto al original, pero no menos interesante. Además, su contemplación es todo un placer, pues la mayoría de las especies no son agresivas y se encuentran en zonas accesibles.

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