Brasil turismo Archive

Santa teresa rio janeiro


Santa Teresa.
Cada vez más cool.
Es el San Telmo carioca en la cima de un morro. Refugio para huir del cólera y del calor a principio del siglo xx, reducto de intelectuales y artistas durante la dictadura y decaimiento hasta bien entrados los 90, momento en que comenzó su revitalización. Es el barrio que figuras como Amy Winehouse eligieron para hospedarse – en el Hotel Santa Teresa- durante su gira, en enero.
Resigne una tarde de playa y suba en el bonde-el tranvía amarillo que circula desde 1896- para inmiscuirse en las calles adoquinadas, donde perduran castillos y caserones. El bondinho sale del Largo da Carioca, al lado de la sede de Petrobrás, cuesta R$ 0,60, y la fila para tomarlo es larga. Después de pasar sobre los arcos da Lapa, sube la Rúa Joaquim Murtinho hasta la estación Cúrvelo. A la izquierda, aparece el caserón amarillo más fotografiado del barrio, y doblando a la derecha, el Sobrados das Massas, reducto de pastas y pizzas buenísimas y baratas. Bájese para caminar hasta el Parque das Ruinas (las ruinas son de la casa de Laurinda Santos Lobo, mecenas de las artes y famosa por las fiestas que organizaba en los años 20); la vista desde el mirador al puente de Niterói, el centro, la f avela y la Bahía de Guanabara es impresionante. Pegadito está el Museo Chácara do Céu, antigua residencia del empresario y coleccionador carioca Castro Maya. Y volviendo por la Rúa Murtinho Nobre, el atélié del pintor Favoretto. Siga hasta el Largo dos Guimaráes (centro de Santa), curiosee las artesanías de La Vereda, la loja de Mavi, la argentina más santateresina de Río. Suba a conocer la librería Largo das Letras; si siente saudades de un cafecito, arrímese al caserón que se llama así, El Cafecito. Si se le antoja una cenejagelada, el Bardo Mineiro es el lugar. Llegue hasta la Rúa Monte Alegre y elija una prenda en Eu Amo Vintage.

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Las mejores playas de brasil


Ipanema y Copacabana.
Clásicos imbatibles.
Hay días en que el agua está tan transparente y cálida que la playa de Ipanema parece el Caribe. Hay tardes en que uno puede estar sentado al lado de Seu Jorge, tocando un samba con sus amigos de Farof a Carioca. La legendaria cuna del Tropicalismo y la Bossa Nova sigue siendo la niña mimada de Río de Janeiro y escenario de manifestaciones artísticas, como el pato inflable gigante que metieron al agua para cerrar el encuentro internacional de payasos.
El piso blanco y negro de piedra portuguesa repite su diseño geométrico desde Arpoador hasta Leblon -las nuevas estaciones de aparatos de gimnasia, también- y el estilo de los bañistas cambia de una punta a la otra: surf ers y alternativos entre la roca de Arpoador -mirador oficial de atardeceres- y el Hotel Fasano; radio gay friendíy en el posto 8 (los postos numerados tienen una distancia de varias cuadras entre uno y otro; son sede de los salvavidas y hay baños y duchas por R$ l); juventud variada en el 9, donde se concentra la mayor cantidad de rodas de aitinha – un juego de invención carioca que consiste en mantener la pelota en el aire, entre dos o más jugadores, pasándola sin manos- y cosas ricas vendidas ingeniosamente. Si escucha una flauta, se trata del simpatiquísimo Haré Burger, que vende unas hamburguesas vegetarianas espectaculares; otro imperdible para matar la jome (hambre) son los brownies, identificables por su logo verde (2 x R$ 5). La playa de Leblon es tan elegante que en el Quiosque do Portugués, a la altura de José Linhares, sirven langosta. Claude Troisgros, elegido mejor chef de Río por la revista Veja Rio, es habitué. En Copacabana, la puesta a punto para el mundial y las olimpíadas es más evidente. La orla ostenta quioscos nuevos de acero y vidrio; el prostíbulo más famoso de Río, Help, cedió paso a la construcción del modernísimo MIS (Museo de Imagen y Sonido), y el bar ibicenco Café del Mar se instaló a fin del 2010 sobre la Avenida Atlántica. En la punta izquierda, la playa de Leme sigue siendo la más ancha y sin tantos turistas, y los mejores sandwiches del barrio los sirve el Cervantes.

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Prainha


Joatinga, Prainha y Grumari: La ruta natural.
Las playas céntricas son indudablemente hermosas, pero a medida que uno se aleja en dirección oeste, las que aparecen son más salvajes y paradisíacas. Eso sí, al paraíso se llega solamente en auto, mejor fuera de las horas pico y durante días de semana, si es que quiere arenas desoladas. Si, en cambio, prefiere mezclarse con la movida local y no le molesta atascarse en la fila de autos, elija un sábado o domingo. Lo recomendable es llegar temprano a la mañana y disfrutar del sol antes de que se esconda atrás de los morros, en las primeras horas de la tarde. Joatinga es la más cercana y la única que implica bajar caminando varios metros entre rocas, con la recompensa de quedar rodeado de montañas y mar. Si va a visitar sólo esta playa, una buena opción es ir en taxi y arreglar para que el taxista lo espere y lleve de vuelta. Como no es un destino popular y está dentro de un barrio cerrado, asegúrese de que quien lo lleve conozca el camino. Negocie el precio de antemano, que no debería superar los R$ 150. Si va con auto propio (o alquilado), sepa que tiene que ir bordeando la orla por la Avenida Niemeyer -que comienza al final de Leblon y tiene una vista deslumbrante-, pasar el barrio de Sao Conrado, y doblar después a la derecha para subir por la Estrada de Joá. Al llegar a la garita de seguridad, avise que va a visitar la playa. El complejo guarda un conjunto de mansiones, entre las que están el hotel La Suite (ver guía de hoteles) y la residencia de un tal Edson Arantes do Nascimento, más conocido como Pelé. Si sigue hacia el oeste, pasa por Barra de Tijuca y Recreio dos Bandeirantes. Esto es el Miami del sur, como le dicen a estos barrios por su parecido arquitectónico (que incluye cada vez más edificios, shoppings, concesionarios de autos y redes de servicios en tamaño mega), y porque, salvo en su extensa y linda playa, sólo se circula en au t Al final de Recreio, el Pontal de Sernambetiba, una enorme roca que emerge a orillas del agua, indica la proximidad de la calma y el verde. Por suerte, tanto Prainha como Grumari forman parte de una reserva ambiental que las conserva intactas y sin edificaciones alrededor. Visitarlas es como viajar al interior. Los famosos eligen sus playas porque garantizan privacidad, y la calidad de sus olas hizo que varios surfistas se mudasen a Recreio, cuando todavía era un pueblo tranquilo, de casas bajas. Hay kioscos de madera que venden sandwicha natural y agua de coco, y un par de restaurantes rústicos que sirven pcixe y camaráo. Pero lo que más hay es paz.

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Tours en rio de janeiro


Diseño: A plena creatividad.
Río es estética por naturaleza. Sus morros piramidales a orillas del mar, sus bahías, lagunas y selvas tropicales la hacen insuperable. Fue la elegida por la realeza para instalarse, y, desde entonces, por gente de los cuatro cantos del mundo. Sus paisajes aparecen estampados en las bikinis de Lenny Memeyer y en las telas de todas las colecciones de Osklen, la marca del multidisciplinario Oskar Metsavaht, con filiales en Tokio, Roma y Nueva York. Río es uno de los pocos destinos de playa de Brasil que cuando llueve ofrece mucho para hacer, desde conocer el Atelié délos hermanos Graham Ferreira en la Praca XV -ella crea sastrería tropical, y él es ebanista- hasta la galería de Mercedes Viegas Arte Contemporánea, al otro extremo de la ciudad, en Gávea. Los diseñadores emergentes se concentran en galerías y edificios con tiendas internas de Ipanema, como la galería Ipanema Secreta, frente a la plaza Nossa Senhora da Paz, o el Quartier Ipanema, donde está el atelié de la arquitecta Claudia Ferraz, que crea objetos y accesorios en vidrio. En Leblon, el diseño se apoderó de la Rúa Dias Ferreira. Puertas adentro están los vestidos estampados de Adriana Barra, en el número 64 de esa calle, y varias tiendas de ropa y accesorios en un edificio sobre Dias Ferreira 417. En rionomapa.blogspot. com hay fotos y datos de contacto con lo mejor del diseño de estos dos barrios. Hay mucho arte cerca de la pl aya. La Pequeña Galería 18, con un acervo maravilloso de fotografía, está al lado del Copacabana Palacc; y a pasos de la nueva estación de subte General Osorio, el Espaco Oi Futuro Ipanema se transformó en un icono cultural y artístico de avanzada. En dirección al centro, a orillas de la Bahia de Guanabara, la creatividad se materializa en los platos del joven chef Pedro de Artagáo, en el minimalista restaurante Lagiúole, reducto de ejecutivos abierto en 2006 dentro del Museo de Arte Moderno. Para completar el círculo, siga por el Aterro hasta el centro arrima al Teatro Municipal, para ver cómo quedó después de su remodelación y visite A Gentil Carioca, la galería más simpática y vanguardista de la ciudad.

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Jardin botanico brasil


Jardim Botánico:
Realeza, sosiego y arte.
En 1808, año de llegada de la familia real portuguesa y su corte al Brasil, el entonces Príncipe Don Juan VI creó un jardín de aclimatación de plantas traídas de Oriente en el antiguo Engenho da Lagoa, de Rodrigo de Freitas. El jardín pasó a llamarse Real Horto y, en 1922, con la declaración de la independencia de Brasil, fue abierto al público como Real Jardim Botánico. Su director, el fraile carmelita Leandro de Sacramento, era un erudito en flora brasileña y se encargó de organizar y catalogar las plantas allí cultivadas. Son más de 40 mil -unas 6.700 especies diferentes-esparcidas en un calmo laberinto. Recorrer la tradicional avenida de palmeras imperiales (algunas tienen 150 años), el magníñco orquidário y el Museo de Medio Ambiente, inaugurado en el 2008, es una revitalizante alternativa para eludir caos urbano y sol. Alrededor del botánico, la exuberante mata atlántica se entrevera con caserones preciosos, estudios y tiendas de diseño, ateliers y gastronomía de la mejor. La concentración de artistas del barrio es notoria; sólo de cerámica hay más de 20 talleres (en ceramicanomapa.blogspot. com están los datos para visitarlos y una lista de buenos restaurantes de la zona). Cada agosto, el barrio se llena a causa del Circuito das Artes, cuando muchos artistas abren sus espacios durante dos fines de semana. Atrás del botánico, el pintoresco barrio de Horto es el rinconcito donde la elite-bohemia carioca acostumbra comer, y el punto de partida hacia la cachoeira do Horto, un oasis a diez minutos del asfalto, en plena floresta da Tijuca.

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Carnavales de brasil


Carnaval: La vida es una fiesta.
El año carioca es así, antes y después del carnaval. Y en el medio, los preparativos para el próximo. Las escolas surgieron en Río y son como los cuadros de fútbol: se eligen para toda la vida. Mangueira, Salgueiro, Beija Flor y Pórtela (y la lista sigue) trabajan rigurosamente todo el año con la unánime finalidad de salir campeonas en el desfile por la Passarela Professor Darcy Ribeiro, más conocida como “sambódromo” -otra obra de Niemeyer-. Los ensayos en la sede de cada barrio son una verdadera fiesta a la que se puede ir todos los sábados. Se elige el enredo -trama- que será representado, componen letra y música del samba que orquestará la batería, se designan los cargos honoríficos como el de mestresala y porta bandeira, se marcan las coreografías y cuando está todo listo, se pasa a los ensayos técnicos en el sambódromo. Empiezan en diciembre y son gratis para el público.
El viernes de carnaval, la pasarela es inaugurada por las escolas infantiles, el sábado participan las del Grupo de Acceso – o de la B, en el lenguaje del fútbol- y el domingo y el lunes el sambódromo es tomado por unos 65 mil espectadores que acuden para very vibrar junto con las escolas especiales. Un total de 24, algunas con más de cuatro mil integrantes. Por lo menos una vez en la vida hay que presenciar -y ni qué decir desfilar- el impresionante pasaje de esta “industria creativa”, casi hollywoodense, qu< estrena una vez al año.
La euforia carnavalesca se cuela indiscriminadamente por todos lados. Cada vez son más los blocos de rúa, antiguas concentraciones de vecinos y simpatizantes que se disfrazan, bailan, beben y socializan mientras avanzan por las calles detrás de la banda de músicos o del Trío Eléctrico, depende del bloco, que, a diferencia de los de Bahía, son gratis. Hay más de 400 blocos inscriptos para este carnaval, aveces, con horarios insólitos, como el del famoso Cordón de Bola Preta, que sale el 5 de marzo a las sieteJ de la mañana de Cinélandia, centro de Río. Otros blocos que valen jamás la pena y sí los saltos, la agitación y el calor son Monobloco, creado por el músico Pedro Luis, Orquestra Voadora, Carmelitas (tradicional de Santa Teresa) y el novato Exalta Rei, que ya es un éxito en el barrio de Urca.

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Excursiones en rio de janeiro


Gloría Catete y Flamengo:
Arquitectura, cultura y verdad.
Hasta la década del 30, cuando Río era capital de Brasil, el barrio de Gloria -bautizado así por la Iglesia de Nossa Senhora da Gloria do Outeiro, construida en el siglo XVIII- era considerado el Saint-Germain-des-Prés carioca. A partir de 1880, abrieron un puñado de hoteles -uno de ellos fue el Hotel Gloria, primer cinco estrellas de la ciudad, que reinaugurará a fin de año- donde residían senadores y diputados, y por esa misma época era creado el Clube Beethoven-. músicos, artistas y escritores como Machado de Assis, se reunían en un caserón del barrio de Catete a escuchar música clásica y jugar ajedrez. El Palacio do Catete, ex sede del gobierno, actual Museu da República, queda justo allí. Su acervo es fantástico; en el dormitorio donde Getúlio Vargas se suicidó, en 1954, hasta dejaron testamento y pijama ensangrentado. Hay un paseo virtual completo en el site del museo, pero el romántico jardín hay que conocerlo ao vivo. El triángulo político se completa en el barrio de Laranjeiras, con el Palacio de Guanabara, al que se llega como lo hacía la realeza, por la Rúa Paissandú, cercada de palmeras imperiales; y el Parque Guinle, bellísimo. En la mansión Guinle reside el gobernador y los edificios aledaños son obra de Lucio Costa.
Otros edificios majestuosos se despliegan a lo largo de la Praia do Flamengo: el Dakota (réplica del homónimo neoyorquino), el elegante Biarritz, con sus balcones redondos art déco, y el ecléctico Castelinho do Flamengo, en la esquina de la Rúa Dois de Dezembro, calle en la que está el Espago Oi Futuro, pleno de arte y eventos culturales, muchos gratuitos. Pero la estrella del vecindario es el gigante Parque do Flamengo, tierra ganada al mar que en 1961 fue minuciosamente diseñada por el paisajista Burle Marx. Alquilar una bici para recorrerlo es el plan perfecto.

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La pororoca


ROMPEOLAS
• En tiempos de luna llena, una ola gigante en la región del Amazonas, se desplaza río arriba. El nombre de esta legendaria ola gigante es Pororoca. Muchos surfistas de todo el mundo vienen hasta esta selva tropical del Amazonas sólo para domarla.
• En el idioma de los indígenas, Pororoca significa “un ruido estruendoso y destructivo”, y nace de la fuerza bruta proveniente del Amazonas y sus afluentes que se adentran más de 6o kilómetros adentro del Océano Atlántico. Cuando entra la marea, se encuentra con la resistencia de los ríos aún cuando están en mar abierto. La unión de las fuerzas del río y del mar dan como resultado olas que alcanzan hasta cuatro metros de altura y 30 kms. por hora.

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Lençoes maranhenses


UN PASEO POR LAS DUNAS
A lo lejos parece un espejismo o quizás un montaje fílmico en medio de la nada. No son oasis del desierto de Sahara ni embalses artificiales, sino lagunas de agua dulce insertadas en uno de los lugares más bellos del litoral brasileño: el Parque Nacional Dos Lencóis Maranhenses, que ocupa un área de 1550 kilómetros cuadrados de playas, manglares, dunas y lagos. Los lencóis son dunas gigantes de arena que cubren extensiones infinitas, su blancura contrasta con el verdor de sus lagos y oasis que refrescan la aridez de este desierto único en el mundo.
Comienza tu recorrido en la ciudad de Barreirinhas, ubicada en la rivera del río Preguicas (a tres horas en autobús desde Sao Luís). En el pasado fue habitado por indios, luego transformado en hacienda para convertirse en lo que es hoy: un enclave turístico desde donde se dirigen las principales excursiones a los Lencóis.

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Maranháo


MARANHÁO.
Continúa tu viaje rumbo a Maranháo, el segundo estado más grande del noreste brasileño después de Bahía. Aquí encontrarás una amplia diversidad de ecosistemas debido a su clima. Hay algunas zonas semiáridas y otras tropical-húmedas en la Ubajara oriental. En sus poco más de 329 mil kilómetros cuadrados (casi del tamaño de Paraguay) viven comunidades conocidas como térras de preto, es decir tierra de negros, aquí reside el mayor porcentaje de descendientes africanos en Brasil. Durante mucho tiempo los portugueses mostraron poco interés por esta región hasta que en 1612 los franceses llegaron y construyeron un fuerte en Sao Luís, que más tarde se convirtió en la capital del estado. Esta urbe está situada en una isla, unida al continente por un puente que pasa sobre el Estrecho de Los Mosquitos, en el margen occidental de la bahía de San Marcos. Hoy Sao Luís mezcla la modernidad con el sabor colonial, así que guarda cierto parecido con Lisboa.
La ciudad, que fuera un importante centro económico durante el imperio portugués, hoy es un puerto marítimo y fluvial que ha fusionado las culturas africana, portuguesa e indígena. Sobran los piropos para ella también conocida como la Perla del Atlántico, la Isla del Amor, la Jamaica brasileña o la Atenas de Brasil. Son impresionantes sus más de 3500 edificios coloniales construidos entre los siglos XVII y XVIII. Su infraestructura es impactante. Te puedes hospedar en Pousada Portas da Amazonia, en el centro, o cerca de la Playa de Calhau en el Hotel L’ Authentique Cristal. No dejes de visitar el Palacio dos Leóes, fortaleza construida por los franceses en 1612 hoy sede del Palacio de Gobierno. Detrás de este inmueble está la Praca Dom Pedro II, donde se ubica la Catedral de Sé, construida por los jesuítas en 1726 bajo los cánones del barroco. En Sao Luís visita el Museu de Artes Visuais, el Museu Histórico e Artístico do Estado de Maranháo y la Cafua das Mercés & Museu do Negro, este último ubicado en el antiguo mercado de esclavos.
La influencia africana es apabullante en todo el noreste de Brasil a través de su música y danza como el Candomblé. Al caer el sol distintos grupos de música salen a las calles en el centro histórico y comienza la fiesta, las plazas y bares se llenan de gente donde los artesanos venden sus llamativas pulseras de burití.
Explora los alrededores de Sao Luís. Visita la isla de Alcántara, donde está un pueblo colonial considerado una joya arquitectónica por sus construcciones de los siglos XVII y XVIII.

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