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Las costumbres del norte de México


Las costumbres del norte de México

La comida en el norte tiene una bien merecida fama de ser sencilla y deliciosa. Lo que ofrece, principalmente, son carnes asadas. Pero la variedad de cortes y sus posibles combinaciones siguen moviendo al asombro. Los restaurantes tradicionales de carne asada son la opción obligada para cualquier viajero que visite Juárez por vez primera; sin embargo, también están otras ofertas gastronómicas que se ajustan a la perfección con lo que se da bien en la región. Restaurantes argentinos, por ejemplo; aunque también hay una exquisita variedad de restaurantes de comida mexicana. ¿Las versiones del sabor local? Es una gama amplia, pero podríamos mencionar, principalmente, a los internacionalmente famosos burritos: deliciosas megatortillas de harina rellenas de, por ejemplo, machaca de res. No tan conocido, pero igualmente maravilloso, es el queso con chile: de verdad un manjar para los dioses. Para acompañar la comida puede pedir una exótica bebida local: el té “chaiqueado”. Se trata de té negro con limón y azúcar y algún otro ingrediente que le da un toque sutil, delicioso y francamente refrescante si usted va por allá cuando hace calor.
Si lo que le interesa de Juárez, además de comer y hacer buenos negocios, disfrutar la vida nocturna o las opciones de paseo.es hacer un nutrido “shopping” del otro lado de la frontera, entonces le sugerimos que lo haga en horas hábiles y no después de las cinco de la tarde, porque los locales comienzan a cerrar y se enfrentará, sobre todo si cruza caminando, con un pueblo casi desierto. La cosa es más o menos así: justo después de cruzar el puente lo recibirá una calle amplia en la que no hay más que locales comerciales en los que puede comprar cosas a precio de ganga, pero no de primera. Para conseguir cosas de mucho mejor calidad, será conveniente que rente un coche o tome el autobús para que lo lleve a un centro comercial (como Sunland Park o Bassett Center).
En Juárez mismo usted encontrará una enorme variedad de artículos importados a muy buenos precios y, especialmente, encontrará productos locales que vale la pena adquirir. Para eso puede ir a los mercados de la ciudad, como el Juárez o el de alimentos, aunque también puede comprar en alguno de los pequeños negocios que venden, por ejemplo, mermeladas (las de ciruela y manzana son sensacionales), tortillas de harina para burritos, peletería y cosas que no encontrará en otro lado.
Si lo que desea es pasearse para lograr el merecido descanso después de un trabajo exhaustivo o nada más para conocer, los alrededores de Ciudad Juárez ofrecen una de las opciones más sorprendentes no sólo del norte mexicano, sino del país mismo.Ahora es paraje obligado entre quienes estén interesados en maravillas naturales o milenarias, gracias a sus dunas (ver recuadro), los petrograbados y otras zonas de alto interés turístico.
En Juárez hay una representación de cada parte de la República: hay gente joven de todos los estados, interesada en crecer, en alcanzar nuevos horizontes.Así es Ciudad Juárez, una ciudad que sorprende por su viveza y constante movimiento. Un espacio joven y activo que apenas está comenzado a ser.

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Conociendo Ciudad Juárez


 Conociendo Ciudad Juárez

Ciudad Juárez tiene múltiples atractivos. Para empezar, tiene los encantos propios de las ciudades fronterizas: la gente va y viene y es de todas partes y de ninguna. En Juárez, sin embargo, hay algunas diferencias notables con otras ciudades. Una de ellas es la cercanía con la ciudad estadounidense de El Paso, en Texas. Ambas ciudades se contemplan, están apenas a un puente de distancia, a unos cuantos pasos que pueden darse a cualquier hora del día. El Paso no se retrae hacia el interior del territorio norteamericano, sino que asume su papel histórico: finalmente, Juárez y El Paso fueron hace no mucho parte del mismo país. Este trecho histórico ha sido aprovechado por mexicanos y estadounidenses por igual. Juárez, por eso, es un espléndido lugar para hacer negocios. Nuestros vecinos del norte se dan un salto para este lado del río y aterrizan directamente en una sala de juntas o en una mesa de negociaciones. Naturalmente, los negocios no se realizan únicamente entre juarenses y norteamericanos, así que la participación nacional e internacional se da cita en esta extraña ciudad. La infraestructura instalada en Ciudad Juárez para cerrar tratos de trabajo supone que los visitantes a la ciudad en plan de negocios permanezcan al menos un par de días, lo que favoreció su rápido crecimiento e hizo del lugar un sitio más flexible y diverso, con opciones de entretenimiento para todos los gustos.
Desde que Alvar Núñez Cabeza de Vaca cruzara el Río Bravo hacia 1532 muchas cosas han pasado y la historia colonial es apenas una pálida presencia en este sitio. Por supuesto, están la Misión de Guadalupe y la antigua Aduana (ahora un museo) como testigos de tiempos históricos, y hay vestigios de un importante pasado lleno de bravura en las batallas, pero precisamente lo que resulta interesante es esa mezcla de modernidad urbana con pinceladas de viejos aires. La cabecera fue fundada en 1659 como pueblo de
misión con el nombre de Nuestra Señora de Guadalupe del Paso del Río del Norte por Fray García de San Francisco. A partir de entonces, Juárez sirvió como refugio para presidentes en riesgo, políticos de todo tipo, guerrilleros y personajes ávidos de instalar nuevas alternativas comerciales entre los dos países. La ciudad fue bautizada con su nombre actual en julio de 1888 gracias a que Benito Juárez, para resguardarse del delirante nuevo imperio mexicano y permanecer lejos de la intervención francesa, estableció ahí durante 1865 el gobierno nacional para establecer la defensa del estado.
Hoy, poco queda de esos tiempos de vida agreste, cuando llegar al poblado de Chihuahua sólo era posible en diligencias. Lo que hay en Juárez es un mundo propio, desarrollado al margen de la vida convencional de las ciudades y los estados en México. En todo caso, podríamos ver el acelerado crecimiento de este sitio como una de las facetas más interesantes del país y, según han dicho algunos, como un modelo de prosperidad a seguir. La verdad es que Juárez es una de las caras más emblemáticas de nuestro árido, industrial y complejo norte. Su cercana con la frontera y sus características de gran ciudad no hace más que acrecentar las riquezas del estado en el que se encuentra: Chihuahua. El gigante norteño disfruta, en su límite superior, de esta pequeña joya donde los negocios y el placer van de la mano.
Al visitar Juárez llaman la atención ta variedad de servicios que se ofrecen al visitante. Podríamos empezar hablando de la capacidad hotelera instalada, con habitaciones para todos los presupuestos y todos los gustos. Luego están los restaurantes, los Dares. los centros nocturnos y los espacios abiertos para que, si usted esta cansado o no disfruta de la fiesta después de la puesta del sol, tenga alternativas a su gusto. También hay cines, centros comerciales y. naturalmente, a posibilidad de echarse “el brinco” al otro lado.

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Recorriendo restaurantes en españa


Recorriendo restaurantes en españa

RESTAURANTE SANTO MAURO
PARA UN BANQUETE PALACIEGO
Zurbano 36, dentro del hotel AC Santo Mauro; T. 34 (91) 319 6900; todos los días de las 13:30 a las 15:30 horas y de las 20:30 a las 23:30 horas; www.achotelsantomauro.com
La nobleza española de fines del siglo xix construía sus palacetes en el barrio madrileño de Chamberí. El del duque de Santo Mauro es de 1894 y su notable influencia francesa se debe a quien estuvo a cargo de la obra, Louis Legrand. Después que los duques lo abandonaron, el palacio fue residencia de diversas embajadas, hasta que en 1990 lo compró la cadena hotelera AC para convertirlo en un lujoso hotel. Se conservaron intactos los salones de baile, convertidos ahora en salas de reuniones.
El restaurante Santo Mauro se encuentra en lo que era la biblioteca, frente al jardín con castaños centenarios donde se puede comer en verano. El chef Pedro Olmedo nos ofrece una deliciosa cocina vasco-navarra a la que incorpora acertados toques innovadores: un delicioso consomé de tomate con caviar y tórtolas asadas con pergamino de arroz. Pero nada es seguro, porque la carta cambia cada temporada. El menú de degustación es de 60 euros y el servicio de sala impecable, con todo lo necesario para cenar a lo grande… si su presupuesto se lo permite E

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Los restaurante que no hay que perderse en europa


Los restaurante que no hay que perderse en europa

LA TERRAZA DEL CASINO
ELEGANCIA, LUJO Y COCINA SOBERBIA
Alcalá 15; T. 34 (91) 532 1275; de lunes a viernes de las 13:30 a las 16 horas y de las 21 a las 23:45 horas; cerrado sábados al mediodía, domingos, días festivos y el mes de agosto.
Es difícil encontrar un restaurante en un edificio tan elegante como el Casino de Madrid, construido por López Salaberry, e Inaugurado en 1910. El Casino se constituyó como sociedad de recreo en 1837, cuando un grupo de jóvenes románticos y progresistas cansados de la exaltación política decidieron buscar un lugar tranquilo para reunirse. Eligieron el nombre de casino para evitar toda asociación política. Al estallar la Guerra Civil el edificio fue Incautado, pero en 1940 el Casino reanudó sus actividades tras restaurar los daños de la ocupación.
El restaurante, La Terraza del Casino, está ubicado en el último piso y llegar hasta él nos da la oportunidad de conocer la escalera, el patio central y el Salón Real, decorado con obra de pintores españoles famosos —entre ellos Julio Romero de Torres— y donde se pueden ofrecer banquetes dignos de la realeza.
Desde 2000, la cocina de La Terraza del Casino está a cargo del madrileño Paco Roncero. En 1998 el Casino contrató al fabuloso cocinero Ferran Adriá como asesor y Paco ha pasado temporadas entrenándose en El Bullí, el restaurante de Adriá. Paco describe su estilo como “creativo para divertir al cliente”. Entre los platos sobresalientes están el huevo pochado a baja temperatura con estofado de setas y el filete de res con ravioles líquidos de jabugo.

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La noche en Quito


 La noche en Quito

DE NOCHE
Cuando el alumbrado de las avenidas se encienda con amable sincronía y usted se disponga a salir de farra en la capital ecuatoriana, recuerde que ésta termina a las dos de la mañana.
Bar El Pobre Diablo
> Isabel La Católica El2-06 y Francisco Galavis; de lunes a miércoles de las 17 a las 24 horas, de jueves a sábados de las 17 a las 2 horas; entrada: sólo cuando hay conciertos
Alojado en una casa vieja y amplia con pisos de madera, este bar es ideal para los bohemios y amigos de la tertulia. Además de conciertos de jazz y performances, tiene música variada —desde boleros hasta nueva trova cubana— y, a veces, muestras de pintura. Suele estar lleno de habitúes que tienen entre 20 y 40 años, quienes disfrutan platos típicos de Ecuador.
Seseribó
Para los amantes de la salsa, ésta es la mejor opción: ritmos tropicales, y ecuatorianos y ecuatorianas dispuestos a bailar con quien se deje. No es un lugar frecuentado por turistas, por lo que además podrá ver a la sociedad de Quito tal cual es sin sentirse fuera de lugar. Ideal para bailar hasta que el cuerpo aguante.
> COMIDA TRADICIONAL
Avenida Michelena
Para probar comida típica vaya a la avenida Michelena, al sur de la ciudad. En menos de cuatro cuadras hallará una gran diversidad de comedores y fondas que ofrecen el sabor y la sazón propia de Quito y de todo Ecuador. La Michelena es la ruta donde el murmullo de los ciudadanos sencillos se impone y no tienen lugar la formalidad y la etiqueta. Por supuesto, pocos turistas llegan a este punto. Sin embargo, resulta el mejor lugar para probar los platos típicos como la fritada, los vasos de morocho (bebida de maíz) con empanadas de viento, el menudo, las menestras de frijol con carne, las tripas asadas, el pescado al sartén, los encebollados y el 31 (un guisado con visceras de varios animales), así como versiones criollas de comida rápida. Mientras degusta estos platos cuyo precio no supera los dos dólares, le acompañará el trinar de los músicos ambulantes con sus guitarras, a ritmos típicos como pasillos y pasacalles.
Por la Catedral
La Plaza Grande también es el puente para el caminante que busca alimento. Bajo la Catedral, en unos pequeños locales, se venden platos y golosinas. La Dulcería Colonial, por ejemplo, ofrece “sánduches” (así lo pronuncian los quiteños) de pemil, secos de chivo (platos de arroz con carne de cordero) y jugos. A la vuelta del templo, siguiendo por la calle Venezuela, también puede encontrar cafeterías donde es una regla probar los tintos (café negro), que se acompañan con humita (pastel de maíz) o un quimbolito (pastel de harina de trigo). 0 si prefiere, puede degustar un plato de mote (también de maíz) con chicharrón y ají (chile), acompañado por un vaso de chicha (refresco de maíz).
> CLIMA
“No hay cielo más caprichoso que el de Quito”, así es la capital de las aguas, dominio de san Pedro, patrón de los aguaceros. Y nadie conoce con certeza la estación reinante. En un mismo día puede llover dos veces, asomar un sol brillante y llover dos veces más. La ciudad está a más de 2 800 metros sobre el nivel del mar y no es exagerado decir que invierno y verano se confunden fácilmente. Las lluvias, en teoría, caen desde octubre hasta marzo, y el verano es de abril a septiembre. Pero lo cierto es que debe traer a mano ropa abrigada, pues hay un viento helado en las noches. Y al mediodía el sol y la lluvia, alternadamente, caen sobre las cabezas.
> TRANSPORTE
A lo largo de la capital corre un trolebús que cuenta con dos estaciones de alimentación: en el extremo norte la llamada Y, y en el sur la estación de El Recreo. Quien quiera atravesar de norte a sur la ciudad, puede embarcarse en el “trole” y transitar el Quito moderno, el viejo y la parte del sur por 25 centavos de dólar (la economía ecuatoriana está dolarizada). Este medio de transporte funciona de lunes a viernes de 6 de la mañana hasta la medianoche. Los sábados y domingos, el último convoy pasa a las 22 horas.
Además, Quito tiene la mayor población de taxis en relación con su dimensión y población. Hay más de ocho mil vehículos de este tipo las 24 horas para movilizarse sin problemas. Por seguridad conviene tomar los asociados a las cooperativas, que se distinguen por llevar un número de identificación en la puerta.
LO IMPRESCINDIBLE
El Panecillo y su Virgen
Lo primero que hay que hacer aquí es subir por una de las vías más empinadas de Quito, la vieja calle Necochea (aunque se puede subir también por otros accesos) hasta quedar justo en las faldas de la loma de El Panecillo, cuya cima alcanza los tres mil metros sobre el nivel del mar. Un camino serpentea entre casas antiguas hasta los pies de una mujer de cemento con alas, que mide 41 metros de altura. Es La Virgen de El Panecillo que mira hacia el norte y bendice la capital. Desde un mirador dispuesto a sus pies podrá contemplar una galería de tejas rojas y más allá los edificios de la ciudad moderna.

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Restaurantes históricos de Madrid


Restaurante Sobrino de Botin. Madrid 2007

EL SOBRINO DE BOTÍN
DONDE GOYA LAVABA PLATOS
Cuchilleros 17, abierto todos los días de las 13 a las 16 y de las 20 a las 24 horas
Allá por 1722, el cocinero francés Jean Botín llegó a Madrid con la intención de emplearse con algún noble de la Corte. En 1725 abrió con su esposa una pequeña posada al lado de la Plaza Mayor, donde todavía permanece. De esa fecha data el bonito horno de leña decorado con azulejos donde aún hoy preparan los asados, la especialidad de la casa. El matrimonio Botin murió sin descendencia, por lo que su sobrino Cándido Remis se hizo cargo del negocio, que hoy lleva el nombre de El Sobrino de Botin.
El libro Guinness lo designó como el restaurante más antiguo del mundo, y se cuenta que alrededor de 1765 el adolescente Francisco de Goya trabajó aquí de lavaplatos. La parte más antigua del edificio es el comedor, instalado en una bodega del siglo XVI, con su bóveda de ladrillos y paredes de piedra. Pérez Galdós, Hemingway, Graham Greene y John Dos Passos comieron en sus mesas y lo mencionan en sus libros, por eso es una escala turística obligatoria. La sopa de ajo con huevo es famosa, y al probarla comprobará por qué. Otras especialidades son el corderito asado, las alcachofas salteadas con jamón ibérico y las almejas Botin. De postre se recomienda el biscuit de higos y nueces.

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Que visitar en Quito Ecuador


 Que visitar en Quito Ecuador

Centro Histórico
Lo primero que hay que hacer es recorrer el Centro Histórico o Ciudad Vieja. La calle Guayaquil conduce desde el norte hacia el portal que hace las veces de entrada a un barrio que alberga 40 iglesias y capillas, 16 conventos y monasterios con sus respectivos claustros, 17 plazas, 12 museos y miles de residencias de fachadas encaladas y balcones azules y floridos; 300 hectáreas con elementos mudejares, manieristas, barrocos y hasta neoclásicos del siglo XIX. Años atrás las beatas de la ciudad recorrían las calles estrechas y empedradas, ocultos sus rostros por una oscura mantilla en busca de una iglesia. Hoy, se dice que transitar por el centro de Quito es percibir todavía el aroma a incienso de templo, y escuchar en cada esquina el tañido metálico de las campanas que anuncian la proximidad del rito.
Plaza Grande
> García Moreno, entre Chile y Sucre
También se la conoce como Plaza de la Independencia, pues en el centro se levanta el monumento al primer grito de emancipación. En cada uno de sus flancos están dispuestos el Palacio de Gobierno, el Cabildo, la Catedral y al norte, hace sesenta años, se hallaba el lujoso Hotel Majestic, del que hoy sólo queda la fachada. Lugar para el reposo como pocos, tiene bancos de madera de color verde en torno a pequeñas fuentes. Los jubilados, que durante el auge petrolero fueron burócratas del sector público, ahora se sientan aquí de lunes a viernes. Todavía visten los trajes de su época con el corte de las solapas que evoca los años cincuenta o sesenta, bastón, sombrero y zapatos de suela arríbatenos (de Ambato, ciudad ubicada al sur de Quito). Desde la mañana hasta la tarde, sus conversaciones flotan sobre la plaza en agitado murmullo. La conversación se basa en criticar ferozmente al gobierno en turno y en contar chistes que hacen honor a “la sal quiteña”, frase que califica al capitalino como dueño de un humor picaresco y audaz.
Iglesia de la Compañía de Jesús
> Benalcazar 562, entre García Moreno y Antonio José de Sucre; abierta de las 7 a las 12 y de las 15 a las 18 horas
Esta construcción barroca, levantada entre 1605 y 1765, cerró sus puertas desde 1767 hasta 1860 debido a la expulsión de los jesuítas. De todo el santuario, llama la atención el atrio descomunal, cubierto con panes de oro y valiosas pinturas y esculturas conservadas desde la época de la Colonia. Para los católicos es una casa sagrada, pues alberga en el altar mayor los restos de una de las mujeres insignes de Quito: la santa Mariana de Jesús, que oraba fervorosamente para que los sismos y la furia de los volcanes cercanos no afectaran la ciudad.
Iglesia y convento de San Francisco
> Cuenca 477; abierta de las 7 a las 12 y de las 15 a las 18 horas. Data de 1536 y es el templo más antiguo de Ecuador y de Sudamérica, conocido como El Escorial de los Andes. Su estilo renacentista con diversas influencias alberga un lienzo de 12 metros de altura y 9 de ancho, pintado por Juan Espinoza de Monteros en 1699, donde están representadas 12 ramas de la orden franciscana con 683 personajes. Además cuenta con seis claustros, tres capillas, siete silenciosos patios, un órgano alemán y pintura mural del siglo XVI.
La Mitad del Mundo
> Autopista Manuel Córdova Galana km 13.5, San Antonio de Pichincha; T.
Éste es el sitio para tomarse la foto con un pie en cada hemisferio. El monumento se levanta 30 minutos al norte de la ciudad y simboliza el paso de la línea del equinoccio que divide horizontalmente al planeta en dos. Dentro de su torre hay un museo etnográfico con atuendos indígenas ecuatorianos. Y aunque algunos digan que el monumento no está exactamente ubicado en la latitud cero, impresiona saber que el ombligo de la Tierra podría estar muy cerca.

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Lo que hay que saber sobre la ciudad de Quito


Lo que hay que saber sobre la ciudad de Quito

Apenas recorra las calles de Quito, la capital de Ecuador, verá que todavía no se respiran aquí ni la agitación ni el delirio de otras grandes urbes. Más bien, todo lo contrario. Si pregunta a cualquier transeúnte por la hora o por una dirección desconocida, siempre obtendrá una respuesta calma, acompañada de una sonrisa, lo cual suele impacientar a los que viven a ritmo de gran metrópoli.
“La Ciudad del Sol”, como se ta conoce por su proximidad a la linea del equinoccio, fue la primera del continente americano en recibir la designación de Patrimonio Cultural de ta Humanidad, hace 25 años. Además, los historiadores señalan que aquí se gestó y se anunció el primer grito de independencia del dominio español.
El nombre de la capital de Ecuador parece provenir de los quitus, el pueblo que dominaba este territorio y que fue sometido por los incas de Cuzco. Fue la primera ciudad en América del Sur (fundada el 6 de diciembre de 1534) y punto de partida de las principales expediciones al Amazonas en busca del legendario y mítico Dorado, aquel utópico territorio pleno de tesoros. Como ya nadie viene a Quito con semejante propósito nos preguntara tampoco te auguraríamos un éxito rotundo en tal empresa— le recomendamos que se tente con las iglesias y conventos barrocos del siglo XVI, los paseos y los encuentros con gente apacible.

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El café oriente de Madrid


 El café oriente de Madrid

CAFE DE ORIENTE SOBRE LOS CIMIENTOS DE LA ANTIGUA MURALLA DE MADRID

Enclavado en la hermosa Plaza de Oriente, el Café de Oriente es excelente para reponer fuerzas luego de visitar el vecino Palacio Real. Se puede desayunar, comer tapas o hacer una cena ligera en el café, pero vale la pena bajar al sótano a disfrutar del exquisito restaurante.
El edificio actual fue construido en el siglo xix sobre los restos del Convento de los Franciscanos Descalzos de San Gil, que Felipe III mandó construir en 1613. Aún se conservan algunos de los salones conventuales, decorados con piezas rescatadas de anticuarios. Entre ellos la Sala Capitular, magníficamente rehabilitada por el Grupo Lezama en 1983, y el espectacular Salón Aljibe, asentado sobre la antigua muralla de Madrid.
El chef Roberto del Moral ofrece especialidades como pimientos de piquillo rellenos de bacalao con salsa de mariscos (17 euros) o lubina confitada con aceite de almendras, pero la carta cambia cada temporada. A mediodía hay un menú ejecutivo de tres tiempos por 32 euros (con vino y café), así como dos menús de degustación de 44 y 48 euros (para comida y cena) sin bebidas, que varían semanalmente.

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La librería Altair de Buenos Aires


 La librería Altair de Buenos Aires

Mucha gente lo da por sentado: los buenos
viajes suelen empezar en una librería. Y si el objetivo es viajar y leer —o sólo leer— no hay mejor lugar que Alta’ír, en la ciudad española de Barcelona, la librería especializada en viajes de mayor prestigio en Europa.
Albert Padrol, uno de los fundadores que echó a andar el proyecto hace 25 años, cuenta que Alta’ír nació de manera nada profesional, gracias a la pasión compartida de dos amigos por los viajes y los libros, Pep Bernadas y él mismo, y al apoyo desinteresado de otras personas, algunas de ellas socias de la casa en la actualidad. Durante los primeros seis o siete años fue un hobby, un pasatiempo del que nadie pensaba vivir. Hoy, las decenas de miles de títulos que ofrece Alta’ír transportan a los lectores hasta una selva inexplorada en Borneo, el timón del barco del legendario capitán James Cook o las huellas de Thomas E. Lawrence en el desierto arábigo. En una página emprendemos la ruta de la seda con Marco Polo, para en la siguiente partir en tren rumbo a Machu Picchu. Los libros de viaje son mapas dibujados por la pluma del escritor. Pueden ser ambiciosos, como la autobiografía del explorador Henry M. Stanley, o limitados a la geografía de una sola calle en el condado inglés de Suffolk, como en Los anillos de Saturno de W’. G. Sebald.
La librería queda hoy sobre la Gran Vía, una de las dos grandes arterias de la ciudad, entre la Universidad Central de Barcelona y la Plaza Cataluña, y a cinco minutos de Las Ramblas. Está dividida en dos pisos, y es un espacio muy cálido y acogedor, con suelo rústico y muchos sillones, un lugar ideal para quien no tiene prisa ni necesidad estricta de comprar. Se topará con viajeros de todo tipo: desde el mochilero que, tirado en el piso, copia horarios de ferrocarril y direcciones de albergues,
hasta el mismísimo Robinson Crusoe repasando las coordenadas para su próxima travesía.
El material está distribuido por destino geográfico y temáticc En el primer piso se concentran España, Europa y América. Los interesados en tejidos indios, arquitectura de Bali o arte africano antiguo deberán dirigirse a la segunda sección de este piso, donde se concentran Arte, Arquitectura y Música de múltiples destinos. La planta baja tiene material sobre África y Asia, y los que vamos sin nada en mente nunca sabemos qué va a llamarnos la atención. Por qué terminamos yendo a tal o cual destino es una pregunta normal en los pasillos de Altaír que, por suerte, no exige respuesta. Es muy común compartir referencias y consejos entre sillones y estanterías, y conocer personas que acaban de regresar de un viaje a caballo por Mongo-lia o de navegar en kayak por Groenlandia.
Albert Padrol describe Altaír como un espacio de tranquilidad donde empiezan los viajes, los sueños y las vacaciones. El primer local de la librería estuvo en Raval, el casco antiguo de Barcelona. Con el traslado llegó la profe-sionalización y, pocos años después, se sumaron la revista Altaíry Orixá, una agencia de viajes independiente pero ligada a la firma.
“Creo que nuestra intención era y es proponer el viaje, en un sentido muy amplio, como herramienta para conocer el mundo. Este ambicioso planteo explica nuestro fondo editorial extenso, la forma en que lo tenemos organizado y la existencia del Forum Altaír, cuya función es Intercambiar información, compartir experiencias y conocer a los autores de títulos de viaje”. Pero ¿cómo se hace la selección del material y la difusión de los destinos en una librería de tales dimensiones? Padrol señala que los destinos “dependen de condicionantes políticos, de la existencia de transportes a buen precio, de modas disímiles como, por ejemplo, una película de éxito que transcurre en determinado país, y de circunstancias económicas, como la devaluación del peso argentino”. El gerente, Xavier Barón, cuenta que este año, por la neumonía asiática, los viajeros buscaron otros destinos como Sicilia, Cerdeña, Creta y, en América, la paradisíaca Costa Rica. Y siempre hay lugares clásicos, como la India o Estambul.
Un ingrato error es suponer que los libros de viaje son cosa del pasado. La definición de literatura de viajes se ha ido transformando. El género, que en un principio se limitaba a diarios de viaje escritos por exploradores, tradición dominada por los grandes autores británicos del siglo xix, hoy incluye todo tipo de narrativa: diarios, crónicas, ensayos, reportajes y novelas, cuyos principales exponentes son Bruce Chatwin, Jonathan Raban, James Fenton, Redmond O’Hanlon, Colín Thubron, Norman Lewis, Ryszard Kapuscinski, Bill Bryson y Paul Theroux. Y las casas editoriales españolas traducen textos clásicos y promueven a autores jóvenes. Altaír contribuye con su propia colección Península-] Altaír Viajes, que tiene títulos clásicos como En Patagonla de Bruce Chatwin, El mar y sus significados de Jonathan Raban y Noticias de Tartaria de Peter Fleming, por mencionar sólo algunos.
En el sótano encontrará un par de mesas con expertos ze a agencia Orixá, que ofrecen paquetes y sugerencias. Saben que pasar de un libro de viajes a la necesidad urgente de planear y realizar uno es —la mayor parte de las veces— cuestión de seguncc-s. Hacer la Ruta de la Seda en veintitrés días, hospedarse en casas particulares durante el recorrido del Transiberiano o comprar un camello en la feria de Pushkar son algunas de las opciones que tiene la agencia. Pero, según el gerente, la gran mayoría de los visitantes prefiere organizar los viajes a su manera.

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