La noche en Quito


 La noche en Quito

DE NOCHE
Cuando el alumbrado de las avenidas se encienda con amable sincronía y usted se disponga a salir de farra en la capital ecuatoriana, recuerde que ésta termina a las dos de la mañana.
Bar El Pobre Diablo
> Isabel La Católica El2-06 y Francisco Galavis; de lunes a miércoles de las 17 a las 24 horas, de jueves a sábados de las 17 a las 2 horas; entrada: sólo cuando hay conciertos
Alojado en una casa vieja y amplia con pisos de madera, este bar es ideal para los bohemios y amigos de la tertulia. Además de conciertos de jazz y performances, tiene música variada —desde boleros hasta nueva trova cubana— y, a veces, muestras de pintura. Suele estar lleno de habitúes que tienen entre 20 y 40 años, quienes disfrutan platos típicos de Ecuador.
Seseribó
Para los amantes de la salsa, ésta es la mejor opción: ritmos tropicales, y ecuatorianos y ecuatorianas dispuestos a bailar con quien se deje. No es un lugar frecuentado por turistas, por lo que además podrá ver a la sociedad de Quito tal cual es sin sentirse fuera de lugar. Ideal para bailar hasta que el cuerpo aguante.
> COMIDA TRADICIONAL
Avenida Michelena
Para probar comida típica vaya a la avenida Michelena, al sur de la ciudad. En menos de cuatro cuadras hallará una gran diversidad de comedores y fondas que ofrecen el sabor y la sazón propia de Quito y de todo Ecuador. La Michelena es la ruta donde el murmullo de los ciudadanos sencillos se impone y no tienen lugar la formalidad y la etiqueta. Por supuesto, pocos turistas llegan a este punto. Sin embargo, resulta el mejor lugar para probar los platos típicos como la fritada, los vasos de morocho (bebida de maíz) con empanadas de viento, el menudo, las menestras de frijol con carne, las tripas asadas, el pescado al sartén, los encebollados y el 31 (un guisado con visceras de varios animales), así como versiones criollas de comida rápida. Mientras degusta estos platos cuyo precio no supera los dos dólares, le acompañará el trinar de los músicos ambulantes con sus guitarras, a ritmos típicos como pasillos y pasacalles.
Por la Catedral
La Plaza Grande también es el puente para el caminante que busca alimento. Bajo la Catedral, en unos pequeños locales, se venden platos y golosinas. La Dulcería Colonial, por ejemplo, ofrece “sánduches” (así lo pronuncian los quiteños) de pemil, secos de chivo (platos de arroz con carne de cordero) y jugos. A la vuelta del templo, siguiendo por la calle Venezuela, también puede encontrar cafeterías donde es una regla probar los tintos (café negro), que se acompañan con humita (pastel de maíz) o un quimbolito (pastel de harina de trigo). 0 si prefiere, puede degustar un plato de mote (también de maíz) con chicharrón y ají (chile), acompañado por un vaso de chicha (refresco de maíz).
> CLIMA
“No hay cielo más caprichoso que el de Quito”, así es la capital de las aguas, dominio de san Pedro, patrón de los aguaceros. Y nadie conoce con certeza la estación reinante. En un mismo día puede llover dos veces, asomar un sol brillante y llover dos veces más. La ciudad está a más de 2 800 metros sobre el nivel del mar y no es exagerado decir que invierno y verano se confunden fácilmente. Las lluvias, en teoría, caen desde octubre hasta marzo, y el verano es de abril a septiembre. Pero lo cierto es que debe traer a mano ropa abrigada, pues hay un viento helado en las noches. Y al mediodía el sol y la lluvia, alternadamente, caen sobre las cabezas.
> TRANSPORTE
A lo largo de la capital corre un trolebús que cuenta con dos estaciones de alimentación: en el extremo norte la llamada Y, y en el sur la estación de El Recreo. Quien quiera atravesar de norte a sur la ciudad, puede embarcarse en el “trole” y transitar el Quito moderno, el viejo y la parte del sur por 25 centavos de dólar (la economía ecuatoriana está dolarizada). Este medio de transporte funciona de lunes a viernes de 6 de la mañana hasta la medianoche. Los sábados y domingos, el último convoy pasa a las 22 horas.
Además, Quito tiene la mayor población de taxis en relación con su dimensión y población. Hay más de ocho mil vehículos de este tipo las 24 horas para movilizarse sin problemas. Por seguridad conviene tomar los asociados a las cooperativas, que se distinguen por llevar un número de identificación en la puerta.
LO IMPRESCINDIBLE
El Panecillo y su Virgen
Lo primero que hay que hacer aquí es subir por una de las vías más empinadas de Quito, la vieja calle Necochea (aunque se puede subir también por otros accesos) hasta quedar justo en las faldas de la loma de El Panecillo, cuya cima alcanza los tres mil metros sobre el nivel del mar. Un camino serpentea entre casas antiguas hasta los pies de una mujer de cemento con alas, que mide 41 metros de altura. Es La Virgen de El Panecillo que mira hacia el norte y bendice la capital. Desde un mirador dispuesto a sus pies podrá contemplar una galería de tejas rojas y más allá los edificios de la ciudad moderna.

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