St. Moritz para el jet set


St. Moritz para el jet set

St. Moritz: para el jet set (y aspirantes al club).
Cualquier adjetivo que pueda aplicarse a un personaje famoso le sienta bien a St. Moritz: brillante, caro, extravagante, refinado. Nada más alejado de la típica postal suiza con vaquitas y geranios. Si bien la arquitectura no es maravillosa, el entorno compensa todo: una cadena de lagos a los pies del Piz Bernina con sus cuatro mil metros de altura. El jet set se hospeda en Dorf, en las faldas del noreste, y quienes aspiran a ser parte de ese club exclusivo llegan hasta Bad, más económico y a la orilla del lago. St. Moritz no es para principiantes a menos que vayan de shopping o a disfrutar de los restaurantes, donde es indispensable usar corbata. Para comer bien y disfrutar la vista vaya al Muottas Maralag o al Rosegg, al filo del glaciar. Las actividades son igual de exquisitas: pernoctar en iglúes, descender el bobsled de hielo, esquiar de noche bajo la luna llena y apostar en los casinos de los hoteles Kulm y Kempinski. Para esquiar, Corviglia-Piz Nair es lo más conveniente. De Dorf parte un funicular que lo lleva a media montaña y en una góndola puede subir a la cima del Piz Nair para iniciar el descenso. Luego están Corvatasch, Diavolezza y Lagalb. Los aeropuertos más cercanos son los de Milán (200 kilómetros), Basel (298 kilómetros) y Munich (360 kilómetros). El pase de montaña es válido en cinco resorts, y para el sistema de transporte (36 dólares por día).

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