De paseo por las ruinas de Pompeya


La financiación ha sido el tercer talón de Aquiles de la celebérrima urbe romana. Hasta ahora, sólo la tercera parte de lo recaudado anualmente en Pompeya eran revertidos desde el Ministerio a la ciudad. Lógicamente, la precariedad incide en la seguridad del conjunto monumental. Los 140 guardias que vigilan la integridad de las ruinas no bastan para hacer frente a una afluencia de visitantes que creció un 30 por ciento entre 1994 y 1996; entre ellos, desalmados que no dudan en dejar patente su presencia en forma de graffiti o, como han captado las cámaras ocultas, en robar, piqueta en mano, un emblema familiar. La falta de presupuesto retrasa también la apertura de vías alternativas para descongestionar de público el centro de la ciudad, alrededor del foro. Aunque un nuevo recorrido por los cinco kilómetros de las murallas de la ciudad será visitable en breve, esta ampliación resulta insuficiente.
Por último, pero no menos importante, Pompeya se encuentra en el corazón de una comarca, la Campania, de suelo inestable. Los terremotos -cuando quedó enterrada. Pompeya se estaba recuperando de un movimiento sismico ocurrido en el año 62 de nuestra era- y la furia del Vesubio se han alternado en el tiempo con períodos de letargo. La explosión del volcán en el año 79 fue sólo la última de una serie de cinco erupciones que cambiaron su fisonomía. El más reciente temblor de tierra, ocurrido en el año 1980. sacudió de nuevo las cuatro ciudades enterradas por el Vesubio: Pompeya, Herculano, Estabia y Oplontis.
Las investigaciones de los cuatro países de la Unión Europea se han centrado precisamente en una de las zonas más castigadas por estos seísmos. La reconstrucción italiana de la Casa del Citarista, el estudio holandés del urbanismo de la Región I y la investigación en profundidad de españoles y británicos de dos ínsulas en esa zona demuestran que Pompeya sigue deparando sorpresas. Financiado por el Instituto del Patrimonio Histórico, dependiente del Ministerio de Cultura, el proyecto hispano comenzó a ser realidad en 1988. El objetivo ha sido el trabajo en común: -Hay que colaborar en la documentación del patrimonio con el resto de países. Pompeya es un libro para leer e interpretar y aún falta una información exhaustiva que permita la lectura correcta -declara Mostalac.
Han tenido que pasar, por tanto, 250 años para que Antonio Mostalac reedite la labor del ingeniero militar Roque Joaquín de Alcubierre -natural, como Mostalac, de Zaragoza-, que descubrió Pompeya bajo el impulso de Carlos de Borbón, primero como Carlos VII de Ñapóles y luego como Carlos III de España.
El edificio tratado por los arqueólogos españoles es conocido como I, 8. En el momento de la erupción estaba dividido en tres casas, aunque antes habían compuesto una sola vivienda, señal de que sus primeros propietarios fueron perdiendo poder adquisitivo. El conjunto, construido en el siglo II antes de Cristo, reunía en el momento de la catástrofe una caupona o establecimiento de bebidas y comidas, la Casa de la Estatuilla Indiana (que debe su nombre a una figura de marfil de Laksmi, diosa india de la fertilidad) y un hotel de dos pisos en la parte trasera.

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