Archivos para febrero, 2013

La historia de Pompeya


Pompeya, Herculano, Estabia y Oplontis sólo conocieron del Vesubio su arrasador nacimiento. En realidad, las sacudidas que aquella fatídica mañana del 24 de agosto del año 79 anunciaban una de las peores tragedias del mundo antiguo procedían de la Somma, un volcán con 35.000 años de existencia. Al provocar la desaparición de las cuatro poblaciones clásicas, ponía fin a su vida y cedía el testigo al hijo que saldría de sus entrañas, el Vesubio. Este es el relato de los hechos. Como todos los veranos, una buena parte de los 20.000 habitantes de Pompeya -urbe comercial y propensa a las sensualidades dionisiacas- se ha trasladado hacia sus villas de campo para huir del calor que hace en la bahía de Ñapóles. NI las aguas del Samo, el río que rodeaba la ciudad hasta el advenimiento de la catástrofe, rebaja las temperaturas. En Miseno (ciudad del extremo septentrional de la bahía donde estaba radicada parte de la flota romana del Mediterráneo), el almirante Plinip el Viejo recibe a la una del mediodía el aviso de que una extraña nube negra se extiende por el horizonte. Su sobrino, Plinio el Joven, que se encuentra a escasa distancia de allí, en Baia, advierte la situación y observa detenidamente los acontecimientos. Las cartas que éste dirigirá luego a Tácito constituyen el vivo y fidedigno relato de la tragedia. La columna de cenizas y gases agranda su amenaza, adopta la forma de un tronco y después se metamorfosea en un vasto pino. La oscuridad se adueña del día acompañada por un atronador movimiento de tierras. Plinio el Viejo ordena a sus naves poner rumbo hacia las poblaciones al sur de la bahía. Al aproximarse a sus orillas, se desencadena la tempestad y tiene que refugiarse en Estabia, en una quebrada del golfo. Para entonces, arrecia una lluvia de cenizas y piedra pómez; las ciudades se ven invadidas por gases sulfurosos. Cae la noche y los habitantes que han decidido huir se acercan a las embarcaciones, pero es imposible partir. Plinio se refugia en una villa de Estabia y, como tantos, perece asfixiado por los gases. Quienes resisten a los efluvios venenosos, mueren sepultados bajo las nubes de cenizas ardientes, Durante tres días, la actividad es incesante. El volcán escupe en total tres kilómetros cúbicos de materiales. Pompeya, Oplontis y Estabia desaparecen del mapa. Herculano, al noroeste del Vesubio, parece escapar al castigo de la ceniza, pero una lluvia torrencial empuja desde el cráter una masa volcánica fluida. Pompeya quedó finalmente enterrada a cuatro metros de profundidad. Herculano, a 20.

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El descubridor de pompeya


El mejor alcalde de Pompeya:
En 1734, el infante Carlos, hijo menor de Felipe V de España, fue nombrado soberano de las Dos Sicillias. Cuando llegó a Napóles, el nuevo monarca compró la finca de recreo de Portici, donde habían sido recuperadas esculturas romanas. Un año después, un ingeniero militar de Zaragoza, Roque Joaquín de Alcubierre, enterado de los hallazgos, pidió su traslado para dirigir el yacimiento, que más tarde se identificaría como la antigua Herculano. Pero las dificultades para penetrar en esta antigua villa, cubierta por una densa capa de lava y los restos de dos ciudades más modernas que tomaron asiento en el mismo lugar, desviaron la atención en 1748 hacia otro foco. En principio se creyó que era Estabia, pero en 1763 el yacimiento fue identificado: se trataba de Pompeya. Alcubierre se hizo cargo de las excavaciones hasta 1780, pero Carlos siempre mostró un entusiasmo total por el proyecto arqueológico, el primero de la historia en utilizar un planteamiento sistematizador. La sensibilidad del monarca fue tal que cuando partió en 1759 hacia España para suceder a su padre, ya como Carlos III, depositó en el Museo Borbónico de Antigüedades de Herculano un preciado camafeo procedente de las excavaciones, en vez de conservarlo en su anillo. Llevado por la nostalgia de no seguir los trabajos in situ, encargó su supervisión a la persona de máxima confianza, su ministro Tanucci. Desde Madrid, el rey pedía que, mientras se vestía, le leyeran los informes semanales con los descubrimientos, a los que respondía con opiniones y órdenes. Pero la ansiedad no le dejaba tranquilo: llegó a solicitar bocetos y modelos en escayola de las esculturas de Herculano, Estabia y Pompeya, los yacimientos que financiaba.

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De paseo por las ruinas de Pompeya


La financiación ha sido el tercer talón de Aquiles de la celebérrima urbe romana. Hasta ahora, sólo la tercera parte de lo recaudado anualmente en Pompeya eran revertidos desde el Ministerio a la ciudad. Lógicamente, la precariedad incide en la seguridad del conjunto monumental. Los 140 guardias que vigilan la integridad de las ruinas no bastan para hacer frente a una afluencia de visitantes que creció un 30 por ciento entre 1994 y 1996; entre ellos, desalmados que no dudan en dejar patente su presencia en forma de graffiti o, como han captado las cámaras ocultas, en robar, piqueta en mano, un emblema familiar. La falta de presupuesto retrasa también la apertura de vías alternativas para descongestionar de público el centro de la ciudad, alrededor del foro. Aunque un nuevo recorrido por los cinco kilómetros de las murallas de la ciudad será visitable en breve, esta ampliación resulta insuficiente.
Por último, pero no menos importante, Pompeya se encuentra en el corazón de una comarca, la Campania, de suelo inestable. Los terremotos -cuando quedó enterrada. Pompeya se estaba recuperando de un movimiento sismico ocurrido en el año 62 de nuestra era- y la furia del Vesubio se han alternado en el tiempo con períodos de letargo. La explosión del volcán en el año 79 fue sólo la última de una serie de cinco erupciones que cambiaron su fisonomía. El más reciente temblor de tierra, ocurrido en el año 1980. sacudió de nuevo las cuatro ciudades enterradas por el Vesubio: Pompeya, Herculano, Estabia y Oplontis.
Las investigaciones de los cuatro países de la Unión Europea se han centrado precisamente en una de las zonas más castigadas por estos seísmos. La reconstrucción italiana de la Casa del Citarista, el estudio holandés del urbanismo de la Región I y la investigación en profundidad de españoles y británicos de dos ínsulas en esa zona demuestran que Pompeya sigue deparando sorpresas. Financiado por el Instituto del Patrimonio Histórico, dependiente del Ministerio de Cultura, el proyecto hispano comenzó a ser realidad en 1988. El objetivo ha sido el trabajo en común: -Hay que colaborar en la documentación del patrimonio con el resto de países. Pompeya es un libro para leer e interpretar y aún falta una información exhaustiva que permita la lectura correcta -declara Mostalac.
Han tenido que pasar, por tanto, 250 años para que Antonio Mostalac reedite la labor del ingeniero militar Roque Joaquín de Alcubierre -natural, como Mostalac, de Zaragoza-, que descubrió Pompeya bajo el impulso de Carlos de Borbón, primero como Carlos VII de Ñapóles y luego como Carlos III de España.
El edificio tratado por los arqueólogos españoles es conocido como I, 8. En el momento de la erupción estaba dividido en tres casas, aunque antes habían compuesto una sola vivienda, señal de que sus primeros propietarios fueron perdiendo poder adquisitivo. El conjunto, construido en el siglo II antes de Cristo, reunía en el momento de la catástrofe una caupona o establecimiento de bebidas y comidas, la Casa de la Estatuilla Indiana (que debe su nombre a una figura de marfil de Laksmi, diosa india de la fertilidad) y un hotel de dos pisos en la parte trasera.

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El deterioro de Pompeya


De Pompeya podemos saberlo todo sin tener que recorrerla por completo -afirma el director de la expedición española, Antonio Mostalac.
Hasta ahora, los conservadores se han dividido entre los partidarios de continuar abriendo nuevos yacimientos y los defensores de mantener en buen estado lo descubierto. El superintendente de Pompeya, Pier Giovanni Guzzo, se decanta claramente por la segunda opinión:
-Nosotros tenemos bastante con lo que se ha sacado a la luz hasta ahora. La urgencia está ahí. El dinero, sobre todo si es público, debe reservarse prioritariamente a la conservación.
El español Antonio Mostalac también tercia en la polémica:
-Arqueólogos y museólogos tenemos que luchar para que Pompeya sobreviva al menos otros 250 años. Debemos considerar que revelar lo sepultado acrecienta el acervo cultural, pero que también traerá consigo su futura desaparición.
El frágil equilibrio que ha obrado el milagro de la ciudad sepultada se quiebra al quedar expuesta a la intemperie. Además de la plaga turística (diariamente se reciben paquetes enviados por visitantes arrepentidos que devuelven restos robados); la polución; la arena transportada por el aire -que borra los frescos-; la lluvia -que castiga los muros-; y la vegetación -que crece con fuerza en los terrenos volcánicos- prosiguen su paulatina labor desgastante. Sólo para limpiar de hierba las pinturas son invertidos anualmente millones de euros. Y la primera fase de una restauración completa supondría un desembolso no inferior a 10.000 millones de euros, es decir, diez veces el presupuesto anual.

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El interior de Puerto Rico y su naturaleza


El llamado interior de Puerto Rico también ofrece mucho al visitante. Un salto de agua en El Yunque, montaña de 1.390 metros de altura. La zona está situada a unos 40 kilómetros de San Juan y es notable por sus copiosas lluvias (cerca de 380 mil millones de litros anuales), así como por su flora, que incluye más de 240 especies de plantas. En Quebradillas, al noroeste de la isla, se halla el Parador de Guajataca, uno de los muchos albergues turísticos establecidos por el gobierno.

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El turismo en Pompeya


Tarde o temprano, Pompeya desaparecerá. Su redescubrimiento, acaecido hace 250 años, rubricó su condena, aunque la agonía se ha acelerado en los últimos tiempos. Desde entonces, la lava del Vesubio -causa de su muerte pero también de su prodigiosa conservación-ya no protege al mayor museo de la Antigüedad contra sus dos máximos enemigos: la acción de la naturaleza a la que está expuesta y, sobre todo, el moderno y poco respetuoso turismo masivo.
Entre 2 y 2,5 millones de visitantes se pasean al año por las calles de la mítica ciudad sepultada, lo que supone la mayor afluencia de público a un solo lugar en Italia. Simplemente, los mismos pasos dados por las 6.000 personas que transitan a diario por Pompeya aceleran la erosión de mosaicos, templos o calzadas. Por ello, los últimos 50 años de su historia han estado definidos por una política de protección que ha ido reduciendo paulatinamente el área visitable. ¿Será esto suficiente? Si tal y como asegura la Superintendencia de Pompeya -el equivalente a la dirección de una institución cultural en España-, cada año se ve afectado un diez por ciento de sus vestigios, no es de extrañar que los esfuerzos vayan encaminados a acotar aún más la zona franca de paseo. De las 67 hectáreas que ocupa, 44 han sido exploradas y sólo 15 están abiertas al turismo. En 1956, quien pagaba su entrada tenía derecho a recorrer el 36 por ciento de la ciudad. Hoy, sólo es visitable un 14 por ciento. Pronto, tal y como pretende demostrar una exposición con los resultados de los últimos hallazgos, la zona pública podría quedar reducida a un perímetro testimonial. Desde 1996, varios equipos arqueológicos del Reino Unido, Holanda, Italia y España han sacado a la luz interesantes vestigios de la llamada Región I (la ciudad ha sido clasificada en nueve áreas para su estudio), un lugar poco conocido del sector meridional situado junto a la Vía de la Abundancia, la zona comercial de Pompeya. Los frutos de este trabajo serán la base de una exposición apoyada económicamente por el Programa Rafael de la Comisión Europea. Si la experiencia tiene éxito, los restos expuestos bajo techo se ampliarán a otros barrios y viviendas para sustituir, en la medida de lo posible, la visita a la propia ciudad.

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El Auyán Tepuy en Venezuela


Las nubes conforman un decorado permanente en el Auyán Tepuy, meseta de arenisca de 2.450 metros de altiitud. Según los científicos, este y otros tepuyes serían los vestigios de un antiguo continente que han resistido a la erosión.

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El foro de Pompeya


El foro, antiguo núcleo de ciudad, concentra la mayor cifra de peatones: todos los turistas que llegan a Pompeya -dos millones anuales- pasan por aquí. Esto supone una infinidad de pisadas castigando sus suelos, como lamentan los conservadores.

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Los colores de Venezuela


Contrastes cromáticos en el estado de Bolívar: arenas blanquísimas flanquean el curso del río Caroní, el afluente más importante del Orinoco. Una corriente ferruginosa se abre paso en la cumbre del Auyán Tepuy.

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La isla Gran Roque y sus arrecifes


La isla Gran Roque es el centro humano y turístico del archipielago Los Roques, declarado Parque Nacional en 1972. De sus más de 300 islotes y arrecifes de coral, sólo 40 poseen entidad suficiente como para merecer un nombre.

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