Archivos para septiembre, 2012

Puente de Deusto


Originariamente era un paso levadizo que facilitaba el tráfico naval, hoy absorbido por el puerto exterior. De ahí que sus hojas permanezcan cerradas y sólo se abran en ocasiones especiales. Esta estructura de hierro, que conecta el centro urbano con Deusto y San Ignacio, fue empezada en 1932 y reinaugurada en 1938.

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Como llegar a zanzibar


Cómo llegar y…

La mayorista Ibero-jet ofrece durante la temporada de verano vuelos directos de Madrid a Zanzíbar, unidos a una o dos semanas de estancia. El resto del año también cuenta con viajes a medida. En cuanto al alojamiento, la cadena Renthotel posee una oferta hotelera de calidad en la isla de
las especias. Por último, JumboTours organiza desde una navegación en dou a la visita de alguna reserva natural de la Tanzania continental.

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El circulo polar artico


El casquete de hielo que corona al norte del planeta Tierra, limitado por lo que en Geografía se conoce como el Círculo Polar Ártico, abarca a Groenlandia (posesión de Dinamarca), el noroeste de Canadá, el norte de Alaska (uno de los 50 estados norteamericanos), el norte de Siberia (territorio soviético) y el extremo norte de Noruega, asi como los archipiélagos del Océano Ártico. Es una zona de nieve y hielo y por tanto árida y desolada, casi perpetuamente barrida por fuertes vientos contra los cuales no existe protección natural alguna. Esa es la tierra de los esquimales. Comienza donde terminan los bosques, y en ella la temperatura se mantiene bajo el punto de congelación del agua durante el largo invierno, sobrepasándolo sólo en unos pocos grados durante un serano” que apenas dura dos meses.
Las tribus de esquimales se han concentrado principalmente en las costas de Groenlandia, en el norte del Canadá \ en Alaska, y también aunque en número mucho menor), en algunas de las islas situadas al norte del Canadá > al sur de Alaska. Unos viven bien al norte, donde existe un casco de hielo perpetuo; otros cerca de las costas rocosas; y otros en la tundra, estepa árida y desprovista de vegetación —con excepción de una especie de musgo y algunas plantas de escasa altura— debido a que el subsuelo siempre permanece congelado. En las regiones más septentrionales, sólo crece el liquen, mezcla de hongo y de alga, algunas de cuyas variedades son comestibles. En cambio, la fauna que habita estas inhóspitas regiones es bastante variada comprende a la liebre polar, al caribú o reno salvaje, al oso, al buev almizclero y a los mamíferos marinos, como la foca, la morsa y la ballena. A estas especies se suman en el verano ártico numerosas aves acuáticas que merodean por los farallones y los islotes cercanos a la costa. Esta fauna es invariable en todo el Ártico —lo cual acentúa la uniformidad que caracteriza al desolado paisaje de la región— y constituye el elemento básico en la vida de los esquimales: de su carne se alimentan, con sus pieles se visten, de sus cueros hacen los kayaks en que surcan las heladas aguas, y con sus huesos fabrican los utensilios elementales que necesitan. La más mínima alteración ecológica en la fauna ártica tendría consecuencias catastróficas para ellos, ya que no existen alternativas. Donde se hallen los animales, vivirán; donde falten, morirán irremisiblemente.

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El pueblo esquimal


Los esquimales tienen una fortaleza extraordinaria que Íes permite vivir donde na-más puede… Sólo los esquimales permanecen en el Ártico el año entero, y sólo ellos se han adaptado completamente a ese medio”. Así se expresa de la capacidad de los esquimales para adaptarse al inhóspito clima polar el explorador y escritor danés Peter Freuchen (fallecido en 1957) en su Libro de los Esquimales, hoy considerado un texto clásico sobre la vida y costumbres de este pueblo. Freuchen, quien llegó al Ártico en 1906, vivió en él por más de cincuenta años, y llegó incluso a tomar por esposa a una mujer esquimal. Por tanto, nadie como él y su compatriota Knud Rasmussen (1879-1933), quien también convivió con los esquimales durante largo tiempo, para conocer a este pueblo misterioso.
Los hielos polares parecen haber borrado la huella del pasado del pueblo esquimal, y las preguntas sobre su origen no han recibido más respuesta que el rugido del viento de las tempestades árticas. Lo único que se sabe con alguna certeza es que, en tiempos muy remotos, vivió en tierras más acogedoras, y que algún hecho cuya naturaleza exacta se desconoce lo forzó a emigrar hacia las costas del Océano Ártico. Al desarraigarse totalmente de los bosques y las tierras cultivables, los esquimales tuvieron que aprender a vivir en un medio tan hostil que no proporciona albergue natural alguno. En su nuevo habitat, la única materia prima era el hielo, y la caza el único medio no sólo de conseguir alimento, sino también pieles para a-brigarse y no perecer víctimas de temperaturas increíblemente bajas. Esa dura lucha por la supervivencia en el Ártico ha delineado las características de los esquimales, no sólo porque aprendieron a no sucumbir a la furia de los elementos, sino también porque, de ese aprendizaje, surgió una cultura muy diferente, con valores propios tanto en lo espiritual como en lo material.

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Bilbao españa


Es casi un tópico de la sociología aplicada decir que la ría ha constituido durante muchos años un foso que separaba dos clases. La margen izquierda fue el lugar donde se levantaron las fábricas y donde fue a vivir buena parte de la mano de obra inmigrante que trabajaba en ellas. Los propietarios, en cambio, se inclinaban por instalar sus domicilios en la derecha. La afición a residir junto a las fábricas, en no pocas ocasiones contaminantes, revela que los trabajadores nunca han tenido la misma sensibilidad que sus patronos ante las agresiones medioambientales. Los propietarios de las industrias preferían vivir lejos; lo cual, bien mirado, es una señal inequívoca de su talante ecologista: si hay que sacrificar el medio ambiente en aras del progreso, hágase, pero lejos de mi casa. No deja de resultar curioso que el aislamiento comience a romperse definitivamente con el declive de la industria vasca, aunque sólo en apariencia. En cuanto tocó fondo la crisis, Bilbao enterró su pasado industrial, cambió de vocación como quien cambia de camisa y se entregó a la tarea de tender puentes y más puentes para acercar las dos orillas.  Allá en 1993 se falló un concurso de proyectos para regenerar nuestro más notable frente de agua, según se dice en el argot del urbanismo nuevo. Los responsables institucionales lo explican con expresiones envueltas en el tópico, como “Bilbao estaba viviendo de espaldas a la ría y gracias a este proyecto volverá a mirarse en ella, porque la ría es la espina dorsalOcurre en todas las ciudades que experimentan una transformación de alguna enjundia. Sevilla, antes de los fastos del 92, vivía de espaldas al Guadalquivir; Barcelona ignoraba el Mediterráneo hasta los Juegos Olímpicos, y así sucesivamente.
Hoy son trece los puentes que comunican las dos márgenes. Los tiempos más modernos empezaron, hace 30 años, con la inauguración del de La Salve, en el último recodo de la ría que permitía avistar la basílica de Begoña, momento que aprovechaban los marineros para rezarle una salve a la Amatxu antes de hacerse a la mar. Después llegó el de Rontegi, y más recientemente, cuando Bilbao ha empezado a renacer de sus cenizas industriales y mercantiles para soñarun futuro posible como capital cultural y de servicios junto al Museo Guggenheim, los de Miraflores, Euskalduna, el Zubi Zuri y la pasarela, aún en construcción, del Padre Arrupe.
Los puentes de Bilbao constituyen hoy un manifiesto posmoderno, pero no todo son luces. Apenas un año después de de su inauguración, vimos grietas en el Zubi Zuri y la deformación de dos vigas de hierro en el de Euskalduna, que registraba un hundimiento de doce centímetros en un tramo de nueve metros de largo. Según explican los técnicos, fue consecuencia de haberse asentado más de lo previsto sobre unos terrenos de relleno.

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Bilbao y su turismo


Bilbao es una ciudad a la que dio sentido la ría. Ella y el puerto han sido su alma mater, su cuna, su escuela, una vía privilegiada para su comercio y el lugar insustituible para el nacimiento de la industria. A sus márgenes creció Bilbao y se hizo adulto por la senda que marcaba la Revolución Industrial. Allí se dieron cita comerciantes, armadores y marinos; allí tuvo su astillero el padre de Sabino Arana y Goiri, fundador del nacionalismo vasco; allí se manifestaba el espíritu emprendedor y aventurero que ha caracterizado históricamente a los vizcaínos. Contaba el memorialista José Orueta el caso de Jado, bilbaíno de pro que dio su nombre a una plaza del Ensanche. En la curva que hace la ría en el Arenal se encontró con un amigo avituallando su barco. “¿Adonde vas?”, preguntó Jado. “A Chile, ¿quieres venir?”. “Es que no he dicho nada en casa.” A lo que respondió el capitán: “Pues manda recado con uno de aquí”. Y el tal Jado, sin pensarlo dos veces, le dijo al recadista: “Vete a mi casa y diles que no me esperen a comer”.
Enlace mercantil con Flandes, Inglaterra, Francia y las Indias, la desembocadura del Nervión ha ejercido siempre un gran poder de sugestión. Escribió Pío Baroja: “Yo no creo que haya en la Península nada que dé una impresión de fuerza, de trabajo y de energía como esos catorce o quince kilómetros de vía fluvial”.
Nikita Jruschev, aquel señor tan campechano que aplaudía con el zapato en su pupitre de la ONU, dijo en aquella histórica ocasión: “los políticos son siempre lo mismo. Prometen construir un puente aunque no haya río”. En Bilbao sobraba ría y faltaban puentes: entre la ciudad y el mar no hubo hasta el siglo XIX otro paso que el de San Antón. El único merecedor del calificativo “emblemático” -ya que su imagen forma parte, junto a la iglesia que le da nombre, del escudo de la villa- existió antes que la ciudad misma, aunque ha sido destruido y reconstruido en cinco ocasiones.
Durante centurias, ambas riberas carecieron, pues, de contacto. Esta ausencia podría considerarse una certera metáfora sobre la falta de comunicación y de articulación interna que en no pocas ocasiones demuestra la sociedad vasca. Todo cambia en la segunda mitad del XIX, cuando a Bilbao se le queda definitivamente pequeño su emplazamiento del Casco Viejo. El salto hacia Abando obliga a construir cuatro pasos nuevos: el puente levadizo del Arenal, hecho a imagen y semejanza del de las Artes de París, con cuatro templetes; el de La Ribera; el de La Merced; y el desaparecido Giratorio o del Perro Chico, así llamado porque el peaje costaba cinco céntimos.

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Excursiones en zanzibar


Carta desde Zanzíbar. Por la proa del dou asoma un banco de arena blanca, entre aguas tranquilas de color azul zafiro. La visión en directo de esa representación fotográfica del paraíso, tan venerada en paredes de oficina y salvapantallas de ordenador, turba. Sobre todo cuando compruebas que a su alrededor no se atisba ni rastro de complejo hotelero, yates o turistas con lapulserita de “todo incluido”. “Estás solo”, te recuerda un baobab gigante que asoma sus ramas desde Kwa-le, una cercana ínsula deshabitada al sur de la isla de Zanzíbar (también llamada Unguja). Cuenta una leyenda que Dios condenó a este árbol por presuntuosoy le dio la vuelta, de manera que hoy vemos sus raíces. Pero su estremecedora belleza te convence de que en este lugar no hay castigo posible.
En la orilla del banco de arena, sorteando caracolas, estrellas de mar y trozos de coral que las corrientes arrancaron de los arrecifes, Yuma, uno de los marineros del dou, corre. Una y otra vuelta alrededor de este islote fugaz que dentro de unas horas desaparecerá baj o el océano, para volver a emerger dentro de 24 horas. Su ejercicio consiste ahora en saltar de un lado a otro del amarre del barco, que las olas aflojan y tensan marcando el ritmo.
-Tengo que entrenar porque mañana jugamos un partido clave -explica sin dejar de moverse.
Ahí mismo pensé que cada uno tiene su paraíso particular. El de Yuma, quizá, llegaría al día siguiente, si el equipo de fútbol de su aldea, Kizimkazi, ganara.
De regreso a la costa de Zanzíbar, seguí ahondando en esta idea al observar a varios grupos de chicos bailando re-ggae en la playa. Sus movimientos describían otro edén diferente a través de la música, entre cocoteros y palmeras, sin necesidad de discotecas. Y acabé de ratificar mi teoría viendo un desfile de niños con uniforme andando por las carreteras de Zanzíbar. Su propensión a la risa demuestra que no importa caminar largas distancias todos los días, desde el amanecer, cuando el destino es el paraíso del colegio. La República de Zanzíbar, que junto a Tanganika forma la República Unida de Tanzania, posee una de las tasas de alfabetización más altas de África.
Aunque hasta en los paraísos más le-j anos surge de pronto la más cercana realidad. Los amables masai de la Tanzania continental que trabajan como vigilantes de seguridad en los hoteles suelen saludar a los españoles con un alegre: -¡Hasta luego, Lucas!

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