Comprar en shanghai


Fan y yo empezamos con cosas pequeñas, negociando uno de los relojes que muestra a Mao Zedong saludando con la mano. El primer comerciante a quien nos aproximamos propuso un precio de 150 yuanes (22 dólares). Fan chasqueó la lengua en señal de desaprobación y contraofertó 20 yuanes (tres dólares), que el vendedor consideró una broma. No hubo trato, así que continuamos el recorrido; su precio aún demasiado alto bajaba con cada paso que dábamos.
“Bueno, ahora sabemos que 20 es muy poco”, Fan susurró. “Si no, no habría dejado que nos fuéramos”. Unos pasos más adelante, ofrecimos 25 yuanes con firmeza por un reloj del mismo estilo en otro puesto. De nuevo nos dejaron ir. Lo logramos en el tercero, donde tuvimos éxito con una inflexible oferta de 30 yuanes, la compungida propietaria se quejó de que era “muy, muy barato”.
¿El reloj realmente fue barato? Probablemente no. Es iluso pensar que uno pueda ganarle en el regateo a estos profesionales. Pero el precio final fue satisfactorio para ambas partes, que es justo lo que se pretende.
Fan y yo hicimos compras el resto de la tarde sin hallar el regalo perfecto para Elizabeth. No era del todo inesperado, sabiendo lo quisquillosa que es mi amada esposa. Pero en un mercado de materiales de hilado suave llamado South Bund, un laberinto de tres pisos de puestos de telas y tejidos al sur de la Ciudad Antigua, negociamos una pashmina color granate para mi hija (cinco dólares). Y ordené varias copias de una camisa de lino de Perry Ellis que me encanta y que traje conmigo para este propósito (27 dólares por dos, que estuvieron listas en cinco días).
Después -en Wang Bao, el restaurante que sirve cangrejo en la ciudad desde hace 264 años- Fan me explicó algunas de las sutilezas generacionales del mundo de las compras en Shanghai. “Sólo los más jóvenes compran por placer”, señaló, mientras le hincábamos el diente a unos salobres ravioles de hueva de cangrejo. Durante la Revolución Cultural, Fan era una adolescente a quien enviaron a trabajar a una remota granja agrícola; así que nunca le picó el gusanillo de las compras. Pero su hijo de veintitantos, que aspira obtener una maestría en administración de empresas de una facultad norteamericana, tiene una perspectiva diferente. “El ve toda la nueva riqueza que ahora hay en China y quiere ser parte de ella”.
Desde luego que al igual que la riqueza de Shanghai ha aumentado, también lo han hecho la cantidad de lugares para gastarla. Sí, los mercados tradicionales sobreviven. Aún puedes ir a la Ciudad Antigua y comprar teteras en el bazar Yuyuan Gardens o gusanos vivos (para alimentar a tus peces de colores) en el mercado de aves, peces e insectos. Y la “milla dorada” de East Nanjing Road, una de las áreas comerciales y turísticas más importantes que aún es un animado emporio comercial para las perlas, la seda, los utensilios y platos de recuerdo (58 dólares por seis pares de palillos de madera de teca con punta de plata, en la tienda Yunhong Chopsticks). Pero las opciones para las compras de mejor calidad -no sólo las marcas internacionales, sino también arte y ropa única en su generóse han multiplicado de manera asombrosa.
Por ejemplo, Taikang Road es un laberinto de casas tradicionales shikumen y de pequeñas fábricas convertidas en boutiques, estudios de diseñadores y cafeterías. Preciándose de su excentricidad (como esta mujer con minifalda que lleva a un conejo blanco en una jaula de color rosa encendido) este distrito, en evolución constante, recuerda el olor tanto de café expreso como de diesel.
Uno de los lugares de compras mejor ponderado es Xintiandi, una especie de álter ego de categoría de Taikang Road. Dos cuadras en este lugar -una flanqueada por casas tipo shikumen restauradas y la otra con moderna arquitectura de líneas elegantes-albergan negocios que son la contraparte de los de Shanghai Tang (la marca de lujo china) y restaurantes exclusivos como el T8 y Paulaner Brauhaus. La gente parece orgullo-sa de este ejercicio en aséptico desarrollo urbano tipo Disneylandia -excepto, se supone, por los que no tienen suficiente dinero para cruzar las puertas custodiadas por los guardias de manera discreta-; pero mi consejo es tomar una copa aquí y seguir circulando.

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