Archivos para septiembre, 2011

Turismo en sidney


Estoy sentado debajo de un toldo que distrae al sol en el Australian Hotel, en un bar como de la era eduardiana, estilo outback (desierto de Australia) cerca del Muelle Circular (Circular Quay) de Sídney enfrentando un feroz dilema: si ordeno el canguro, ¿podré seguir mi vida sin remordimientos? Déjame explicarte. Crecí en Canadá y pasé mi infancia viendo Skippy el Canguro, una serie de televisión australiana sobre un antípoda tipo Lassie de patas largas que siempre rebotaba para rescatar a bebés en problemas o pilotos desafortunados cuyos paracaídas se habían atorado en los árboles.
Sólo dos días en Sídney y mi amiga Heather, una periodista amante de la comida, que trabaja para una red de televisión pública, deja caer la bomba. Los australianos, me dice, de hecho comen canguros. También comen emúes, larvas y cocodrilos. La comida del outback se conoce como “bush tuc-ker” (comida típica del desierto) y los steaks de canguro, especialmente magros y jugosos, son deliciosos marinados en salsa de tamarindo y asados al carbón. Vine al Australian Hotel por su extenso menú de comida local, pero si me como a Skippy quizá no sea capaz de volver a mirarme en el espejo. Recuerdo que he cruzado el Pacífico por una misión: estoy buscando el sabor de Sídney, ese momento en que la cultura y el paisaje engranan y de pronto te das cuenta lo que pone el “ahf’ en el punto del planeta que has venido a visitar desde muy lejos. Para mí, este tipo de cosas tiende a suceder sobre un platillo de algo desconocido y delicioso. Sé que cuando ese sabor llegue, si sucede, lo reconoceré inmediatamente. Pero mejor que no sea a través de un cangurito. Parte del problema es que además pasé la tarde en el zoológico de Taronga, observando a extraordinarios dingos, ornitorrincos escurridizos y koalas de cara redonda. Pasé una media hora idílica entre los wallabys (crías de canguros) y emúes. El zoológico te permite pasear libremente en un área cercada que tiene a todo el reparto no humano de Skippy. Los canguros saltaban, metían el hocico en su marsupio y se acurrucaban en la sombra. Parecían terriblemente buenos y totalmente no comestibles.
Así, mientras escucho a la familia en la mesa de junto dudar entre ordenar el canguro o el emú, finalmente tomo una decisión. Olvídate de Skippy: comeré cocodrilo de agua salada. En el zoológico vi a estas acechantes bestias dentro de los estanques, con las fauces apenas asomándose sobre el agua. Pueden llegar a medir hasta seis metros y se estima que en Australia han atacado al menos a 60 personas en los últimos 35 años. Así que comer cocodrilo es como una especie de venganza kármica. El mesero me trae algo así como una pizza pequeña con el trozo de cocodrilo encima, la corteza está rellena de una crema de coco y encima lleva hierbas tailandesas y un trozo de limón. La carne, de corte delgado, ligeramente carbonizada en las orillas, parece como una rueda de queso mozzarella derretido.

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Ciudades grandes del mundo


Crecí en Montreal, una ciudad que moldeó mi vida y mi visión del mundo, y que me habla como ningún otro lugar lo hace. Las metrópolis hacen eso. Son el latido del planeta, el motor del comercio, el campo fértil para la imaginación. Emprende un viaje y lo más probable es que empiece o termine en una ciudad, o pase a través de una. Por donde lo quieras ver, ahora vivimos en el Siglo de la Metrópoli, en donde nuestros centros urbanos dominan el cómo vivimos (y viajamos) como nunca antes en la historia.
En los últimos 20 años la población urbana en los países en desarrollo se ha disparado a tres millones de personas por semana. Más de la mitad de la población mundial vive en ciudades y en las últimas tres décadas, el número de habitantes urbanos se ha duplicado a 3.3 billones. Para el 2030, dos tercios del mundo vivirán en ciudades (70 por ciento de los habitantes de Norteamérica, Europa y Latinoamérica ya viven en ciudades). Los motores de este crecimiento meteórico se encuentran del otro lado del mar. India tiene 40 ciudades con más de un millón de habitantes, algunas ciudades chinas están creciendo a una tasa del 10 por ciento anual y se espera que la población urbana de África se duplique en 2050. Dentro de seis años, Nueva York ya no estará dentro de las cinco ciudades más grandes del mundo, que muy probablemente serán: Tokio, Dacca, Mumbái, Sao Paulo y Delhi.
Una gran ciudad no se define por su tamaño. Tenney Minnesota, con sólo cinco habitantes, entra dentro de la clasificación técnica de ciudad. La ciudad más grande del mundo, Tokio, tiene una población de 35 millones, la misma que todo Canadá. No, una gran ciudad es aquella que emana urbanidad, eso intangible que se deriva de su propio ADN: ¿cómo es?, ¿dónde está?, la manera en la que nos sorprende y nos hace vibrar, lo que produce, el día a día y el cómo se engancha con el resto del mundo, y la expresión de su gente, lo que toman de su ciudad y lo que le dan a cambio. Claro, es la gente la esencia del alma y del espíritu de una ciudad. En las siguientes páginas, te presentamos cuatro ciudades que amamos y que sin lugar a dudas emanan urbanidad. Cada una fue elegida porque expresa, sin menospreciar sus demás cualidades, un rasgo fuerte que también es clave para su personalidad: Sídney por su comida, Londres porque es una urbe sublime para recorrerla a pie, Shanghai por su obsesión con las compras y Montreal porque simplemente sabe cómo ser maravillosa.

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Mercado del puerto


Mercado del puerto.
Ahora que si de comer se trata, no dejes de visitar el Mercado del Puerto, un complejo gastronómico especializado en el asado uruguayo, ubicado al extremo poniente de la Ciudad Vieja, en la rambla 25 de agosto. Este mercado ofrece las mejores carnes de la capital, y pese a su apariencia turística, es uno de los lugares preferidos de los montevideanos para pasar las fiestas de fin de año. Al entrar puedes observar varios locales que exhiben enormes cortes, pregunta por la especialidad del lugar, cada uno tiene la propia, pero en general el churrasco, el asado de tira y la pulpa son lo mejor. Si logras deshacerte de prejuicios, tómate un medio y medio, es la bebida típica y consiste en media copa de champagne y media de vino blanco. Pero no te preocupes, nadie lo sabrá, al fin y al cabo es el único lugar en donde lo sirven. Ah, pero ten cuidado, porque después de beber un par de medio y medio, sumado a medio kilo de carne, no estarás en tus cabales.

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Ciudad vieja montevideo uruguay


Ciudad Vieja.

Si te paras en la Plaza de la Independencia, justo debajo del caballo de Artigas, hacia el frente podrás ver el Palacio Salvo, ubicado en la calle 18 de julio y edificado en 1928 que se ha convertido en la construcción más representativa de Montevideo. Al sur de la plaza, en un inmueble de 1826 está albergado el Teatro Solís, sede de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de Montevideo donde se presentan obras de teatro, óperas, recitales de danza, conciertos de música clásica y popular, además de una amplia oferta cultural. Hacia la parte trasera de la escultura ecuestre podrás contemplar la Puerta de la Ciudadela, último vestigio de la muralla que siglos atrás protegiera a la ciudad de posibles invasiones, y que es la entrada simbólica a la Ciudad Vieja, barrio otrora deslucido por el paso de los años que hoy renace como centro de las actividades culturales y nocturnas. Bares, boliches y restaurantes se disputan el espacio con librerías, galerías y tiendas especializadas. Su paseo principal es diariamente recorrido por turistas y locales mate en mano y termo bajo el brazo mientras van a almorzar o caminando hacia sus casas después del trabajo; esta actividad es muy peculiar de los montevideanos quienes beben mate todo el día y en cualquier lugar.
El paseo por la Ciudad Vieja por sí mismo es toda una experiencia, pero además hay lugares que no debes perderte como: el mercado de los sábados, donde encontrarás artesanías, antigüedades y arte local; las vinerías como Esencia Uruguay, donde podrás adquirir bombones y bocaditos de chocolate, algunos tan especiales como el chocolate relleno de tanat diseñado especialmente para la tienda, prueba el delicioso dulce de leche y sorpréndete con la variedad de vinos locales; el lugar es atendido por su dueña, Estrella Baña quien podrá recomendarte una buena botella de entre las 300 etiquetas que maneja (prueba un buen tanat, uva que Uruguay ha adoptado y que es parte imprescindible de la gastronomía local).
En esta misma zona, recorre las librerías como Más puro verso, ubicada en un hermoso edificio de principios del siglo XX donde, además de libros, en las noches se presentan actividades culturales en vivo: lecturas de poesía, conciertos de tango y jazz, entre otros. Si buscas recuerdos para los amigos y la familia, en frente de la librería hay una sucursal de Manos del Uruguay, tienda de artesanías y tejidos locales administrada como cooperativa, todos los objetos y productos en venta están firmados por su creador y dicen el lugar donde fueron confeccionados.

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Montevideo uruguay


El otro Rio de la Plata.

Siempre que se habla de Río
de la Plata, automáticamente pensamos en   Buenos Aires, sin pensar que al sudeste del otro lado del río, se encuen-tra Montevideo, capital de  Uruguay. En línea recta estas ciudades están separadas por unos 200 kilómetros y si bien están hermanadas geográfica y culturalmente, encierran diferencias sustanciales. Al contrario de la exuberancia de la capital Argentina, Montevideo es más bien recatada y discreta, una metrópoli con poco menos de un millón y medio de habitantes que encierra una experiencia grata.
De rostro amable, aunque algo taciturno, Montevideo no deja de recordar a cada paso personajes como Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti o Alfredo Zitarrosa, quienes hasta hace pocos años caminaron y se mezclaron entre su gente, bares y restaurantes, sus bolichi-tos desprolijos y sus ramblas interminables. Entrañable y nostálgica, la ciudad parece siempre tener algo de antiguo, no por nada, uno de sus lugares emblemáticos es la Ciudad Vieja, que se encuentra en el poniente de la capital. Empieza tu recorrido en este barrio. La capital uruguaya tiene un encanto cultural que pasa casi inadvertido ante el resto de América Latina; sin embargo, Uruguay es el país de esta región con el nivel de alfabetización más alto, con la distribución de ingreso más equitativa y con el índice de libertad de prensa más elevado de Sudamérica.

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La pororoca


ROMPEOLAS
• En tiempos de luna llena, una ola gigante en la región del Amazonas, se desplaza río arriba. El nombre de esta legendaria ola gigante es Pororoca. Muchos surfistas de todo el mundo vienen hasta esta selva tropical del Amazonas sólo para domarla.
• En el idioma de los indígenas, Pororoca significa “un ruido estruendoso y destructivo”, y nace de la fuerza bruta proveniente del Amazonas y sus afluentes que se adentran más de 6o kilómetros adentro del Océano Atlántico. Cuando entra la marea, se encuentra con la resistencia de los ríos aún cuando están en mar abierto. La unión de las fuerzas del río y del mar dan como resultado olas que alcanzan hasta cuatro metros de altura y 30 kms. por hora.

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Lençoes maranhenses


UN PASEO POR LAS DUNAS
A lo lejos parece un espejismo o quizás un montaje fílmico en medio de la nada. No son oasis del desierto de Sahara ni embalses artificiales, sino lagunas de agua dulce insertadas en uno de los lugares más bellos del litoral brasileño: el Parque Nacional Dos Lencóis Maranhenses, que ocupa un área de 1550 kilómetros cuadrados de playas, manglares, dunas y lagos. Los lencóis son dunas gigantes de arena que cubren extensiones infinitas, su blancura contrasta con el verdor de sus lagos y oasis que refrescan la aridez de este desierto único en el mundo.
Comienza tu recorrido en la ciudad de Barreirinhas, ubicada en la rivera del río Preguicas (a tres horas en autobús desde Sao Luís). En el pasado fue habitado por indios, luego transformado en hacienda para convertirse en lo que es hoy: un enclave turístico desde donde se dirigen las principales excursiones a los Lencóis.

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Maranháo


MARANHÁO.
Continúa tu viaje rumbo a Maranháo, el segundo estado más grande del noreste brasileño después de Bahía. Aquí encontrarás una amplia diversidad de ecosistemas debido a su clima. Hay algunas zonas semiáridas y otras tropical-húmedas en la Ubajara oriental. En sus poco más de 329 mil kilómetros cuadrados (casi del tamaño de Paraguay) viven comunidades conocidas como térras de preto, es decir tierra de negros, aquí reside el mayor porcentaje de descendientes africanos en Brasil. Durante mucho tiempo los portugueses mostraron poco interés por esta región hasta que en 1612 los franceses llegaron y construyeron un fuerte en Sao Luís, que más tarde se convirtió en la capital del estado. Esta urbe está situada en una isla, unida al continente por un puente que pasa sobre el Estrecho de Los Mosquitos, en el margen occidental de la bahía de San Marcos. Hoy Sao Luís mezcla la modernidad con el sabor colonial, así que guarda cierto parecido con Lisboa.
La ciudad, que fuera un importante centro económico durante el imperio portugués, hoy es un puerto marítimo y fluvial que ha fusionado las culturas africana, portuguesa e indígena. Sobran los piropos para ella también conocida como la Perla del Atlántico, la Isla del Amor, la Jamaica brasileña o la Atenas de Brasil. Son impresionantes sus más de 3500 edificios coloniales construidos entre los siglos XVII y XVIII. Su infraestructura es impactante. Te puedes hospedar en Pousada Portas da Amazonia, en el centro, o cerca de la Playa de Calhau en el Hotel L’ Authentique Cristal. No dejes de visitar el Palacio dos Leóes, fortaleza construida por los franceses en 1612 hoy sede del Palacio de Gobierno. Detrás de este inmueble está la Praca Dom Pedro II, donde se ubica la Catedral de Sé, construida por los jesuítas en 1726 bajo los cánones del barroco. En Sao Luís visita el Museu de Artes Visuais, el Museu Histórico e Artístico do Estado de Maranháo y la Cafua das Mercés & Museu do Negro, este último ubicado en el antiguo mercado de esclavos.
La influencia africana es apabullante en todo el noreste de Brasil a través de su música y danza como el Candomblé. Al caer el sol distintos grupos de música salen a las calles en el centro histórico y comienza la fiesta, las plazas y bares se llenan de gente donde los artesanos venden sus llamativas pulseras de burití.
Explora los alrededores de Sao Luís. Visita la isla de Alcántara, donde está un pueblo colonial considerado una joya arquitectónica por sus construcciones de los siglos XVII y XVIII.

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Noreste brasileño


El alma del noreste brasileño.

Las ciudades de esta región albergan un sinfín de sitios históricos, catedrales, fortalezas, plazas y coloridas casonas de tejados rojos, que son un vistazo a la tradición; pero igualmente atractivos son los escenarios naturales donde podras realizar recorridos en largas caminatas, en 4×4, bicicleta de montaña, kayak, surf y viajes de buceo explorando los parques nacionales de Ubajara y Dos Lencóis Maranhenses, así como una variedad infinita de atractivos ubicados en la costa que abarca los estados de Ceará, Piauí y Maranhao.
CEARÁ
La región costera del estado de Ceará se extiende a lo largo de 600 kilómetros de exóticas playas y pequeños poblados, donde la vida ha cambiado poco. Sus habitantes viven día a día conservando su folclor y sus tradiciones artesanales y culinarias (aún cocinan sus antiguas recetas y duermen en hamacas). La mayoría de la población son pescadores que siguen navegando en las tradicionales jangadas luciendo sus velas multicolores.
El puerto comercial principal es Fortaleza, ciudad de origen holandés. Los holandeses tuvieron el control del fuerte hasta 1654, año en el que los portugueses reclamaron el sitio. La vida del poblado se desarrolló en torno a la Fortaleza De Nuestra Señora de la Asunción. En este poblado colorido podrás hospedarte en hoteles cinco estrellas, disfrutar de sus cálidas playas Iracema, Meireles, Cumbuco e Iparana, refrescarte en los numerosos restaurantes y bares de playa o bien descubrir los secretos del Centro Histórico: su Catedral, el Mercado Central y sus museos como el de Arte y Cultura Popular, el Museo Histórico y Antropológico de Ceará. Lo que no te puedes perder es la visita al Centro Dragáo do Mar de Arte y Cultura, donde podrás disfrutar de exposiciones fotográficas, obras de teatro, concienos, espectáculos infantiles, cine y mucho más. Dragáo do Mar era el nombre de la embarcación que transportaba esclavos a finales del siglo XIX y que se convirtió en el símbolo de la resistencia popular cearense en contra de la esclavitud.
Si buscas aventura, recorrer la Serra de Baturité donde está el Pico Alto (1115 metros), el punto más alto del estado, o bien el espectacular Parque Nacional de Ubajara donde admirarás formaciones calcáreas caprichosas, cuevas y cascadas impresionantes que se abren paso en la espesura de la jungla.

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Rottnest


PEDALEANDO POR ROTTNEST.
Tiempo total: 5 horas (2 días) A media hora de viaje en transbordador saliendo de Fremantle, esta es la versión muy particular de Perth de una isla griega, con aguas color turquesa y playas inmaculadas. Los exploradores holandeses confundieron a las cuocas locales con ratas gigantes, y le dieron el nombre a la isla en 1696, que significa “nido de ratas”. De hecho, las cuocas son marsupiales pequeños, parecidas al uala-bí, que no se encuentran en ningún otro lugar de Australia.
En “Rotto”, como la llama la gente del lugar, no circulan automóviles y está rodeada por arrecifes de coral llenos de peces tropicales. Así que renta una bicicleta, empaca el bronceador con filtro solar, y recorre la isla para descubrir tu arrecife y tu propia playa privada. Little Parakeet Bay y Basin son lugares extraordinarios para bucear con esnórquel. Rottnest Bakery es el lugar idóneo para que pruebes el pastel de carne que comen los australianos tradicionales (pide salsa de tomate) o una barra, un pastelito local relleno de mermelada y crema (www.rottnestisland.com).

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