Turismo de Salta Argentina
La sal de la fiesta.
El primer domingo de octubre, desde las comunidades de los alrededores, coyas vestidos de fiesta llegan a Iruya con las imágenes, engalanadas con flores de todos colores, de la Virgen del Rosario. Van a participar de la celebración patronal. Hombres, mujeres y niños, lugareños y turistas, fotógrafos y sacerdotes, recorren el pueblo en procesión, siguiendo los pasos ágiles de la danza de los “cachis”. La palabra, de origen aymara, significa “sal de la fiesta” o “persona disfrazada” y representa una tradición cuyos orígenes inciertos se remontan a la época precolombina. Los cachis son diez personajes movedizos y juguetones entre los que se destaca el rubio, que paradójicamente es un negro, jorobado, con antifaz y bonete, muy cómico, que representa el mal. Es quien dirige a los demás: entre ellos, los caballos y el toro representan la salud y acechan permanentemente al negro, simbolizando la lucha entre el bien y el mal. También está la familia de los cachis, compuesta por un viejo, una vieja y dos chinitas, que representan a la comunidad y bailan al compás de trompetas y bombos. Doña Alcira Alemán, una personalidad de fruya, descendiente de los primeros pobladores, cuenta en la publicación editada por la Prelatura de Humahuaca que en 1884 un misionero quemó los disfraces de los cachis frente a la iglesia, enfurecido por el carácter pagano de la danza.
En 1892 se retomó la tradición, renovada y adaptada al culto cristiano, y desde entonces los cachis forman parte de la adoración de la Virgen del Rosario, patrona del departamento. Por la noche, los disfrazados vuelven a la plaza y, alentados por las carcajadas de todos los niños de Iruya, lanzan al cielo fuegos artificiales y globos de papel incandescentes que se elevan como una plegaria. Se pide que el bien venza al mal, que no falten los pastos para los animales, que la vida sea un poco menos dura.
