Vacaciones de crucero
Lo más sensato de la travesía fue enterarse recién el cuarto día de que el buffet libre sigue abierto después del desayuno y el almuerzo. También fue causa del descuido que sobrevendría: un par de kilos de más al final del viaje. Será por el desborde gastronómico que cuesta horrores seguir los pasos de la bachata (ritmo de República Dominicana), que la cubana Andrea enseña a veinte mujeres y dos audaces hombres. “Romántico y sensual”, reclama la instructora. Todos escuchan atentamente, pero los cuerpos no responden.
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